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Mariana Ortiz de Zevallos: «Desconectar para conectar»

Mi opinión

La generación de sus padres tomó por asalto el Cusco, entonces la capital de todos los sueños, para intentar construir un modelo de vida enemistado con el cemento y el tosco aliento de nuestras ciudades. Una vida después, o sea nada, esos niños y niñas que veía corriendo por los campos y verdes del Valle Sagrado ahora son los protagonistas de otras historias, más ricas que las nuestras, seguramente, en ese y en otros ombligos del mundo. Mariana Ortiz de Zevallos, viajera, deportista siempre, graduada en turismo por la Universidad Ruiz de Montoya, guia outdoor, vive de lo que bebió siendo una cría, del campo y de sus arrebatos, del aire libre y de los tantos infinitos que acompañan a los que nacieron cobijados por las estrellas y los caminos interminables.


¿Te preguntaste alguna vez por qué te gusta una cosa y no otra?

Yo atribuyo esos gustos a las experiencias que uno vive.

Actualmente es una necesidad en nuestra sociedad el crear historias imaginativas para generar motivación, ya que los bienes y servicios pierden demanda rápidamente, a causa de la monotonía y el aburrimiento. Los seres humanos cambiamos con las experiencias. Por eso creo que es necesario vivir lo que uno tanto ansía e imagina despierto.

Algo que marcó mi vida fue haber vivido una infancia llena experiencias de viajes. Pero no de viajes en avión a Miami para hacer shopping y tomar sol, como lo hacían algunas de mis amigas. Los míos fueron viajes en donde había que estar horas de horas en un auto, viendo por la ventana como iban cambiando los pisos ecológicos, parando en pueblos remotos en donde solo vendían caldo de gallina y Coca-Cola y llegando a lugares paradisiacos para acampar.

Mi familia viaja así desde que tengo uso de razón. Soy hija de un padre apasionado en conservar el bosque amazónico y en preservar las culturas locales de este rico país.  Al comienzo no entendía por qué tenía que vivir estas experiencias, pero con el tiempo me fui dando cuenta de lo valioso de ellas.

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A los 12 años hicimos un viaje memorable. Fuimos 4 familias al Parque Nacional Manu y logramos entrar con un permiso especial a la estación biológica Cocha Cashu. A esa edad, la sensación de estar en una zona virgen, en donde solo hay biólogos investigando es difícil de olvidar. De pronto la Amazonía tomaba sentido ya que constantemente había una explicación de los expertos.  ¿Por qué algunas plantas tienen espinas?  o ¿Por qué hay aves que producen cantos y otras no? ¿Te lo preguntaste alguna vez?

Esa es, de alguna manera, la base de mi formación, que hoy en día se ha transformado en un estilo de vida: ir en busca de lugares remotos y desconectarme, apelar a lo diferente para tratar de romper con la cotidianidad y buscar la novedad de hacer algo distinto, algo no conocido o experimentado antes.

En parte por ello empecé a competir en mountain bike enduro y downhill, dos de las modalidades más duras en ciclismo; ya que se dan sobre bajadas pronunciadas con obstáculos naturales y saltos. ¿Qué mujer hace ese deporte en el Perú? Pues somos pocas.

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También he vivido momentos donde he sentido una cierta pérdida de identidad nacional; algo así como una desconexión con nuestra patria, felizmente temporal. A raíz de ese desánimo, opté por hacer viajes de estancias prolongadas en otros países. El destino me llevó a vivir casi un año en Canadá, luego un año en España y posteriormente otros tres en Chile. Estos viajes hicieron que me dé cuenta de lo que produce estar fuera de la zona de confort y me sirvieron para propiciar el crecimiento personal en vez de arraigarme a las posesiones personales. Es inevitable comparar o ver diferencias y parecidos entre uno mismo y la cultura del destino elegido. Es así como uno trata y llega a conocerse, a través del “otro”.

¿Por qué desconectar para conectar?

A nivel inconsciente hay algo que me impulsa a desplazarme a lugares remotos en busca de naturaleza, es el querer olvidar que somos mortales, lo cual asusta. A pesar de la sensación de fin, estos escapes son perfectos para suavizar el concepto de la muerte.

¿Cómo vivir en constante cambio? Pues a través de la Homeostasis. Amo esa palabra; representa el equilibrio dinámico, la capacidad de un individuo en mantener la armonía y el bienestar en la vida a través del movimiento.

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