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El Apu Verónica con Explora / Cusco

Mi opinión

Un recorrido por las faldas del nevado Verónica, alguna vez llamado apu Wakaywillque por los gentiles que habitaron estos valles, macizo de 5682 metros al que se puede acceder desde el conocido abra Málaga, en el mágico departamento del Cusco.


Brunella y Charlie encontraron en el camino a Ichu, un perro pastor de alpacas que se sumó a la expedición de puro entusiasta. Lo adoptaron de inmediato y no sé cómo lograron que nos acompañara durante las cinco horas que duró nuestro recorrido por las faldas del nevado Verónica, el apu Wakaywillque de los gentiles que se empina hasta los 5682 metros en las proximidades del abra Málaga, en el mágico departamento del Cusco.

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Ichu fue la estrella del trek que nos habían sugerido los guías del Explora Valle Sagrado, la novedosa propuesta de expediciones y viajes nómades que inauguró funciones en julio del año pasado en el Valle Sagrado de los Incas. Sesenta minutos fue lo que nos tomó llegar hasta el lugar donde  estuvimos a punto de tocar las nieves eternas del Verónica. Moisés Vergara, guía profesional y magnífico compañero de aventuras, se encargó de hacer el pago a la tierra, la ofrenda que desde hace siglos realizan los caminantes para agradecer a la Pachamama por permitirles andar por sus pagos.

De allí, rozando las nubes, nos lanzamos en descenso por una quebrada que nos fue llevando, de a poquitos, al bosque de queuñas de Thastayoc, una sorprendente asociación de árboles nativos que sobreviven en estas alturas inverosímiles, permitiendo, maravillas de la naturaleza andina, la adaptación de un pajarillo, el Royal cinclodes, que se ha convertido en el atractivo principal-objeto de culto para los birdwatchers que llegan hasta estos parajes de la Cordillera del Vilcanota con el único propósito de registrar su insólita presencia.

En el bosque que cuidan los comuneros de Thastayoc, en una terraza a manera de mirador natural nos detuvimos para observar los picos de la cordillera y sus nieves que fueron eternas y que ahora retroceden al ritmo con que avanza el Cambio Climático. Horrible.

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La felicidad suele ser efímera pero en las alturas de los Andes, eso lo saben nuestros guías, las rachas de buen tiempo y mejores vibras son continuas. De la frustración pasamos a la degustación de un picnic de calidad superlativa, preparado por los chefs gourmets del Explora Valle Sagrado que conocen muy bien los secretos de la quinua, el aguaymanto y las demás exquisiteces de los campos de la vasta serranía peruana.

El ichu –el pasto de la altiplanicie, no el perro- y la yareta son los habitantes más comunes de este techo del mundo. También las nubes de algodón, el cielo azul y las doradas nieves de las montañas de la cordillera del Vilcanota

En el Explora Valle Sagrado

Las emociones que nos toca vivir esta mañana se las debemos a un explorador de 72 años que hace más de veinte tuvo la audacia de crear en Torres del Paine, Patagonia chilena, un hotel para aventureros interesados en viajar por las tierras más inhóspitas de Sudamérica de otra manera, sin perturbar ambientes naturales y la vida de la gente que los habita. Pedro Ibáñez Santa María, empresario y hombre de mundo, descubrió que viajar por áreas remotas para explorar a profundidad escenarios  puros, fidedignos, sin renunciar al lujo de lo esencial era posible.  Y entonces creó un concepto que ha repetido en Rapa Nui, Isla de Pascua; en el oasis de San Pedro de Atacama y ahora último en la localidad de Urquillos, en el cusqueñísimo Valle Sagrado.

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Para Ibáñez y el resto de su equipo, el arte de viajar requiere una relación con el tiempo diferente. Con el tiempo y con las falsas comodidades que nos ha impuesto la vida moderna. Por eso es que sus hoteles se parecen más a un campo base  que a un clásico cinco estrellas. De verdad, el hotel que acaban de inaugurar a un lado del río Urubamba, a pesar de sus cincuenta habitaciones, sus salones para descansar y su espléndido comedor, es un vivac donde exploradores y guías de campo ultiman detalles, mapas desplegados sobre una mesa y pizarrón a la mano, antes de salir caminar  -o a pedalear o a cabalgar- por rutas que se diseñaron milimétricamente, sin descuidar absolutamente nada.

El arte de viajar, así denominan a esta filosofía que encandila a creyentes del mundo entero,

Explorar para vivir

Moisés Vergara, andahuaylino, es un profesor de excursionismo. Por él nos enteramos que las apachetas, esos “cerritos” de piedra que se encuentran a cada paso, las vienen levantando desde hace siglos los viajantes de todos los linajes para reverenciar  a las montañas. Y que en los Andes los cerros, sobre todo  los más empinados como el Verónica o los que se ubican en las proximidades de un lugar único, son sagrados, santos, apus. Y que las queuñas o polylepis de Thastayoc permiten que las laderas no se vengan abajo después de las lluvias y que el agua, tan útil  para los hombres del campo como para los urbanitas, no se pierda innecesariamente. Y que solo quedan sobre la faz de la tierra 240 Royal cinclodes. Y que el quechua que habla con propiedad lo aprendió de niño mientras corría tras las ovejas de la abuelita materna en su tierra natal…

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Hablando y hablando, riéndonos como viejos camaradas  de las audacias de Ichu, nuestro compañero de andanzas, terco perseguidor de alpacas, dejamos atrás el bosque de queuñas para cruzar una pampa que nos fue llevando al final de la jornada donde otros Explora nos esperaban con la mesa bien servida, las cervezas más heladas del hemisferio sur y las felicitaciones del caso. Habíamos cumplido la meta: ascender hasta los 4440 m.sn.m. para bajar hasta los tres mil y pico viendo praderas de ichu, yaretales, bosques de Polylepis y bofedales. Todo un récord para quienes vivimos en el llano atrapados en el mundanal ruido y las esperas inútiles.

Recuperados de tanta felicidad, regresamos a nuestro campo base, un hotel al lado de los cultivos de maíz de la localidad de Urquillos, un pedacito de cielo cusqueño donde alguna vez vivió el prócer Mateo Pumacahua, enemigo de Túpac Amaru en 1780 y ferviente patriota durante los últimos años de su vida.

Fin de fiesta

El hotel Explora Valle Sagrado fue inaugurado en julio pasado, desde entonces la señorial y muy apacible villa de Urquillos es un hervidero de exploradores dispuestos  a recorrer las más de 20 rutas que se exponen en la pizarra del lobby de la notable construcción que ha sabido respetar la andenería que la rodea. En el primer día todos fuimos obligados a caminar la ruta de la campiña de Racchi, un trek de aclimatación que sirvió para que cada uno definiera sus intenciones. Al día siguiente nos tocó el Verónica, la caminata que nos regalaron Moisés y el buen Ichu, luego cada quien fue tomando sin chistar su destino: la caminata por las Cinco Lagunas en las alturas de Lamay; la ruta en bicicleta entre Moray y Maras; el ascenso por el Incañan que Rolly Valdivia y Brunella Vásquez hicieron para tocar con las manos el hielo de los apus; el paseo por las huertas de Yucay; la marcha hacia Machu Picchu; el desafío extremo de pedalear entre Taray y Urquillos, 32 kilómetros al lado del río sagrado de los Incas y muchísimo más.

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Explora fue fundada en Chile en 1993, desde entonces posee y opera hoteles en siete destinos remotos, 1300 kilómetros de rutas para recorrer caminando, pedaleando o a caballo, más de 100 exploraciones inéditas, al gusto del viajero. Pedro Ibañéz lo dijo premonitoriamente al iniciar su peripecia empresarial: “La lejanía de Chile es algo que debemos explotar”. Tuvo razón, la lejanía de Chile, Argentina, Perú y Bolivia resulta una ventaja si es que queremos apuntar a un mercado compuesto por viajeros y exploradores dispuestos a dejarlo todo con tal de vivir experiencias únicas, inauditas, liberadoras como las que nos tocó vivir a nosotros en este pedacito del mundo donde brilla fuerte el Inti y lo apus nos esperan con los brazos, que son sus caminos, bien  abiertos.

El trek al apu Verónica y a los bosques de queuñas de Thastayoc es sin duda uno de mis lugares favoritos del Cusco de todos los tiempos y recorrerlo con los amigos de Explora Valle Sagrado resulta un lujo, un regalo de los dioses.

Enero de 2017

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