Cuerpos pintados en el bosque de Madre de Dios. Apoteosis harakbut en la Reserva Comunal Amarakaeri

Wili Reaño – Proyecto Entre Cuencas 2018. Especial para Mongabay Latam

Mi opinión

Les dejo por aquí la versión completa del reportaje que escribí sobre los harakbut de la Reserva Comunal Amarakaeri.

Pese a lo complicado de la tarea emprendida por las comunidades nativas comprometidas en la propuesta de las reservas comunales establecidas por el Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas me ilusiona la posibilidad de que sean las propias poblaciones locales las que deciden y gestionan los territorios bajo su tutela. Y que el Sernanp esté de su lado, vigilante, solidario, para lo que sea necesario.

Tanto las comunidades nativas como el Estado y por cierto, la sociedad civil, esa entelequia que a muchos disgusta, debemos agotar esfuerzos para crear modelos de gestión que puedan parar la hecatombe ambiental que está destruyéndolo todo. Y hacerlo ya, de una vez, no hay más tiempo que perder.

La casa es de madera y hojas de palma y se levanta a duras penas en una lejana orilla del río Eori, el cauce fluvial más importante de Madre de Dios, el departamento amazónico que alguna vez fue considerado la capital de la Biodiversidad del Perú.

Sentado sobre un banco, distraído en reparar sus aparejos de pesca, se encuentra Sontone, Héctor Suëyö Irangua, un anciano harakbut que hasta los veinte años vivió en total aislamiento del mundo occidental en los bosques de las proximidades de las cabeceras de los ríos del piedemonte andino-amazónico

Sontone quizás tenga ochenta años de edad, o tal vez noventa, él no lo sabe con certeza. Hace sesenta años, a la cabeza de un grupo de jóvenes de su clan, Sontone abandonó pacíficamente el bosque para vivir en la misión de los sacerdotes dominicos de San Miguel de Shintuya, en la provincia del Manu, una “reducción” indígena donde fueron a parar los últimos harakbut en dejar el aislamiento que habían elegido para huir de la violencia y el genocidio que supuso el ingreso de los caucheros a sus territorios ancestrales.

Sontone sonríe. En su chabola de Boca Inambari pasa los días elaborando arcos y flechas ceremoniales que los dirigentes de su comunidad utilizan para transmitir el conocimiento del pueblo harakbut a los niños y jóvenes.

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Héctor y Antonio Sueyo tuvieron un breve encuentro con el Papa Francisco cuando éste visitó Puerto Maldonado para conocer la situación real de los pueblos indígenas amazónicos. Foto Revista Viajeros y Agencia Andinca. Foto principal: Green House Tambopata.
Héctor y Antonio Sueyo tuvieron un breve encuentro con el Papa Francisco cuando éste visitó Puerto Maldonado para conocer la situación real de los pueblos indígenas amazónicos. Foto Revista Viajeros y Agencia Andinca. Foto principal: Green House Tambopata.

“Los harakbut confiamos en la sabiduría de nuestros mayores, lo ha comentado la maestra bilingüe de Puerto Luz Jesica Patiachi, en la cuenca del río Karene, una de las ocho comunidades nativas harakbut encargadas de co-administrar con el Estado peruano la Reserva Comunal Amarakaeri, son los ancianos, muchos de ellos nacidos en libertad, fuera del contacto con el Perú oficial, los que nos han referido la historia y el sufrimiento de nuestro pueblo”.

En enero pasado, durante el encuentro que tuvieron los pueblos indígenas con el papa Francisco en Puerto Maldonado, Yesica fue la encargada de hablar en nombre de las comunidades amazónicas.

Su voz clara resonó en el auditorio colmado de nativos: “Francisco, dijo ese día, los nativos de la Amazonía peruana somos los supervivientes de muchas crueldades e injusticias. Nuestros hermanos indígenas sufren por las explotaciones de nuestros recursos naturales”.

“Los cortadores de árboles, los buscadores de oro, los que abren trochas para abrir caminos de cemento, prosiguió, envenenan nuestros ríos para convertirlos en aguas negras de la muerte”

Cuerpos pintados en el bosque

El río Eori es el río Madre de Dios de la actualidad. El Karene es el Colorado. Los harakbut contemporáneos se distribuyen a lo largo de un vasto territorio que se extiende entre el río Inambari y el Madre de Dios. Según datos del Ministerio de Cultura su población actual es de 5,928 individuos. [1].

Es el segundo grupo indígena más numeroso de un departamento que a pesar de estar habitado por diez pueblos indígenas amazónicos, tiene como lenguas originarias más habladas, paradójicamente, al aymara y al quechua, los idiomas que trajeron los migrantes que llegaron atraídos por el boom de la extracción de sus recursos naturales.

Un harakbut, el sociólogo Héctor Sueyo, el hijo primogénito de Sontone, es el responsable de las políticas que el Ministerio de Cultura desarrolla en el departamento de Madre de Dios. Ex jefe de las reservas comunales Amarakaeri y El Sira, en la selva central, Sueyo es autor de un libro que recoge vívidamente el relato de los años que su padre vivió en aislamiento.

Para el funcionario público “los harakbut han sabido mantener sus costumbres y tradiciones a pesar de los cambios culturales que se han dado en la región y en el país y a la pérdida por mucho tiempo de una parte de su territorio”.

“Hemos resistido, no pudieron derrotarnos, comenta. Ahora nos hemos propuesto rescatar nuestra cultura y gestionar el territorio que recuperamos”.

Para los harakbut la ilusión tiene un nombre: Reserva Comunal Amarakaeri. “Allí se encuentra todo lo que somos, allí están enterrados nuestros abuelos, nuestros tatarabuelos, allí está nuestra fuerza espiritual”, concluye el sociólogo  harakbut.

La Reserva Comunal Amarakaeri se encuentra ubicada, al igual que otras 15 áreas naturales protegidas, dentro del corredor internacional de conservación Vilcabamba Amboró, uno de los lugares biológicamente más diversos del planeta cuya extensión alcanza 30 millones de hectáreas. Foto Eca Amarakaeri.
La Reserva Comunal Amarakaeri se encuentra ubicada, al igual que otras 15 áreas naturales protegidas, dentro del corredor internacional de conservación Vilcabamba Amboró, uno de los lugares biológicamente más diversos del planeta cuya extensión alcanza 30 millones de hectáreas. Foto Eca Amarakaeri.

Pueblo de hábiles horticultores, de cazadores notables y pescadores en los cuerpos de agua de las montañas boscosas del departamento de Madre de Dios y zonas periféricas del Cusco, la cultura harakbut puede ser considerada, lo ha afirmado el antropólogo Thomas Moore como “una de las expresiones culturales más independientes del mundo, debido a su aislamiento hasta años muy recientes y la permanencia viva de la experiencia tradicional en la memoria de la población contemporánea” [2].

El recuerdo imperecedero del modo cómo vivieron sus antepasados, en armonía siempre con el bosque, una entidad espiritual para los harakbut, inspiró la lucha de sus dirigentes quienes participaron en 1982 en la fundación de la Federación Nativa del Río Madre de Dios y Afluentes – FENAMAD y, posteriormente,  en el proceso que culminó con el establecimiento, en el año 2002, de la Reserva Comunal Amarakaeri (RCA), un Área Natural Protegida por el Estado  creada precisamente con el objetivo de proteger las nacientes de los ríos Madre de Dios y Colorado y mantener “la calidad y cantidad de sus aguas y el equilibrio ecológico”.

La Reserva Comunal Amarakaeri se ubica en los distritos de Madre de Dios, Fitzcarrald, Manu y Huepetuhe. Hasta allí llegamos para conocer el modelo de gestión que vienen implementado las organizaciones indígenas harakbut, yine y machiguenga en el área bajo su responsabilidad.

Cerca de dos mil indígenas habitan las 10 comunidades nativas beneficiarias del auspicioso modelo de gestión que se está desarrollando en la Reserva Comunal Amarakaeri. Foto Eca Amarakaeri.
Cerca de dos mil indígenas habitan las 10 comunidades nativas beneficiarias del auspicioso modelo de gestión que se está desarrollando en la Reserva Comunal Amarakaeri. Foto Eca Amarakaeri.

Invasores en el paraíso

El territorio ancestral de los siete sub grupos harakbut que han registrado los estudiosos de los pueblos indígenas de Madre de Dios (amarakaeris, wachipaeris, tayoris entre otros) ha sido desde siempre una región intensamente disputada.

A la penetración de los ejércitos incaicos, que fue repelida por los guerreros harakbut cuyas pinturas corporales a base de tintes de huito y achiote deslumbraron a los invasores, se sumó tiempo después la llegada de los misioneros católicos y posteriormente el desarrollo de una economía basada en la producción de coca, caña de azúcar y otros insumos agrícolas impulsada por colonos y hacendados de origen andino.

En el siglo XX la irrupción de legiones de buscadores de gomas, pieles, maderas, oro y otras fortunas, terminó de definir el modo de ocupación que ha tenido históricamente el territorio harakbut.

Obviamente, fue el boom del caucho, que en la región de la Amazonía del sur está ligada al accionar del tristemente célebre Carlos Fermín Fitzcarrald, la época más dramática para la población de este grupo indígena. Según el estudioso Andrew Gray más del 90 por ciento de la población harakbut habría muerto durante la época del caucho. [3]

Para Jaime Corisepa, ex presidente de la FENAMAD, el territorio de su pueblo ha continuado siendo objeto, en las últimas décadas, de una sistemática y descontrolada ocupación humana que solo ha favorecido la extracción ilimitada de los recursos naturales y la destrucción del ambiente.

 “Los impactos de esta manera ajena de vincularse con la tierra, nos comentó, son notorios. La minería aurífera, la tala ilegal, la caza furtiva, la pesca descontrolada y en los últimos años el otorgamiento por parte del Estado de concesiones para minería y petróleo han debilitado la organización indígena y han puesto en peligro la salud de nuestro territorio”.

A lo anterior habría que sumarle el peligro que supone la construcción de carreteras que no cuentan el aval de los ministerios de Cultura y Ambiente (carretera Nuevo Edén – Shipetiari) o pretenden ser construidas a pesar del peligro ecológico que suponen (carretera Kosñipata-Quince Mil).

Reservas comunales y futuro

De allí que el establecimiento de la Reserva Comunal Amarakaeri sea un hecho determinante en la historia de los harakbut de Madre de Dios.

La Reserva Comunal Amarakaeri se encuentra ubicada, al igual que otras 15 áreas naturales protegidas, dentro del corredor internacional de conservación Vilcabamba Amboró, uno de los lugares biológicamente más diversos del planeta cuya extensión alcanza 30 millones de hectáreas. Foto WWF Perú.
La Reserva Comunal Amarakaeri se encuentra ubicada, al igual que otras 15 áreas naturales protegidas, dentro del corredor internacional de conservación Vilcabamba Amboró, uno de los lugares biológicamente más diversos del planeta cuya extensión alcanza 30 millones de hectáreas. Foto WWF Perú.

Las Reservas Comunales se han convertido, por el carácter que tienen, en una de las esperanzas más sentidas del movimiento indígena amazónico del Perú.

“Las áreas protegidas de esta categoría establecida por el Servicio Nacional de Áreas Protegidas por el Estado –SERNANP, nos lo comentó el antropólogo Esteban Morales, asesor técnico de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Amazonía Peruana – AIDESEP, constituyen una figura inédita que favorece la gestión mancomunada entre el Estado y las poblaciones beneficiarias, en este caso las comunidades indígenas, de los territorios bajo protección”.

La primera en crearse fue la Reserva Comunal Yanesha (1988), luego se establecieron las reservas comunales de El Sira, Amarakaeri, Asháninka, Machiguenga, Purús y en los últimos años las reservas de Tuntanain (Amazonas), Chayu Nain (Amazonas), Airopai (Loreto) y Huimeki (Loreto).

Para que el modelo funcione las comunidades indígenas están obligadas a crear un ente técnico que se constituye en el Ejecutor del Contrato de Administración que el Estado autoriza, firma y se compromete a hacer viable.

ECA en la jerga local.

En el caso de la Reserva Comunal Amarakaeri diez comunidades – ocho de ellas harakbut, una yine y otra machiguenga-  conforman el ECA Amarakaeri: 402,335.62 hectáreas bajo protección que sumadas a los territorios indígenas de las comunidades nativas que participan del modelo suman más de 500,000 hectáreas manejadas, co-gestionadas, por los pueblos indígenas.

“Se trata de un esquema, continua Morales, novedoso y alentador. Los fondos para conservación que llegan a las áreas protegidas categorizadas como reservas comunales van a ser utilizados respondiendo a los objetivos de los planes maestros de cada área y, sobre todo, en estricto respeto de los Planes de Vida que las comunidades construyeron desde sus bases”.

Para los harakbut, la vida se inició después de un incendio que estuvo a punto de acabar con los bosques, cuando la humanidad entera se vio precisada a subirse a las ramas del árbol anamei, una deidad vegetal nacida del vientre de una mujer que alojó a hombres y animales para comenzar todo de nuevo. Pintura del artista harakbut Wili Corisepa.
Para los harakbut, la vida se inició después de un incendio que estuvo a punto de acabar con los bosques, cuando la humanidad entera se vio precisada a subirse a las ramas del árbol anamei, una deidad vegetal nacida del vientre de una mujer que alojó a hombres y animales para comenzar todo de nuevo. Pintura del artista harakbut Wili Corisepa.

En otras palabras: transparencia y fiscalización. Nada de manejos particulares ni gastos en burocracias exageradas.

Lo mismo opinó el abogado Carlos Soria, experto en legislación ambiental y en temas indígenas. Para el estudioso consultado, las reservas comunales han empezado a derribar los vallados que el sistema de conservación formal (“sistema de conversación” lo llama sin vacilaciones) había levantado en el Perú para manejar los proyectos en los territorios indígenas: “El establishment ambiental peruano ha estado en contra de las reservas comunales, ese es un hecho, no le son convenientes.  El establishment quiere que los indígenas y las poblaciones locales no asuman el reto que les corresponde”.

“Las reservas comunales no favorecen a los que están acostumbrados a actuar como si fueran hacendados. En el mundo de la conservación peruano no se ha dado la reforma agraria, en el mundo de la conservación tenemos a esta gente acostumbrada a no atender las opiniones de las poblaciones locales, sobre todo si estas son indígenas”, concluyó.

O como lo dijo la combativa dirigente asháninka Ruth Buendía, a quien consultamos para este reportaje. “Las ONG vienen con un sistema que a la larga es excluyente con respecto a los pueblos indígenas; seguro que se acercan a nosotros con la mejor voluntad, pero al final terminan manejando las cosas, los proyectos, a su antojo. Las organizaciones indígenas nos hemos fortaleciendo para manejar nosotros mismos nuestro destino”.

Red Indígena Amazónica en Amarakaeri

Advertidos los países adherentes a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) de la gravedad del problema suscitado por la emisión a escala global de los llamados Gases de Efecto Invernadero (GEI), fueron tomando una serie de acuerdos internacionales con el propósito de disminuir su emisión descontrolada.

Una de esas resoluciones, tal vez la más conocida en los países con grandes extensiones de bosques tropicales, fue la creación del llamado mecanismo de compensación Reducción de Emisiones de Gases de Efecto Invernadero causadas por Deforestación y Degradación de bosques, la conservación de reservas de carbono, la gestión sostenible de los bosques y el aumento de las reservas forestales. REDD por sus siglas en español.

La iniciativa REDD, luego REDD+, fue en un principio muy bien recibida por la comunidad internacional y en su momento causó grandes expectativas. Sin embargo, las críticas a la eficacia de sus modelos compensatorios y lo enrevesado de sus aportes reales no tardaron en llegar. Para los pueblos indígenas, presentes en las cumbres climáticas por lo menos desde el 2008, el mecanismo desconocía flagrantemente su contribución milenaria a la protección de los bosques tropicales y por ende a la reducción de los GEI.

Cada vez son mayores los consensos científicos que consideran los que los pueblos originarios de la Amazonía constituyen fronteras vivientes para controlar la deforestación y que sus prácticas de supervivencia son compatibles con la conservación de la naturaleza.  

A pesar de tamañas evidencias, los saberes tradicionales de las comunidades indígenas no se estaban tomando en cuenta.

“Queremos desarrollo, pero desarrollo equitativo, amigable con el medio ambiente: queremos buena educación, buena atención en salud, territorios bien titulados, vigilados, bosques conservados”, Ruth Buendía, lideresa asháninka, dirigente nacional de AIDESEP. Foto SPDA.
“Queremos desarrollo, pero desarrollo equitativo, amigable con el medio ambiente: queremos buena educación, buena atención en salud, territorios bien titulados, vigilados, bosques conservados”, Ruth Buendía, lideresa asháninka, dirigente nacional de AIDESEP. Foto SPDA.

“En las llamadas Conferencias de las Partes (COP)  de Lima, después en la de París, luego en la de Marruecos y ahora en la de Boon, Alemania se ha ido entendiendo que los pueblos indígenas pueden asumir la conservación de sus territorios. Un ejemplo, el modelo de gestión que se está implementando en la Reserva Comunal Amarakaeri”.

Hemos llegado a las oficinas del Ejecutor del Contrato de Administración de la RCA y estamos en compañía del antropólogo Juan Pablo Alva y de los líderes harakbut Jaime Corisepa y Luis Tayori, estos últimos hijos también de indígenas contactados por occidente en fecha más o menos reciente.

“Para el movimiento indígena, comenta con resolución Jaime Corisepa, los proyectos REDD no eran respetuosos de nuestros derechos como pueblos originarios. Se hablaba entonces solamente de carbono y nada más”. FENAMAD, la organización indígena más importante de Madre de Dios y AIDESEP propusieron entonces ampliar el concepto de REDD para que los estados y la comunidad internacional reconocieran los numerosos servicios ecosistémicos que se producen en los territorios indígenas y se valore su contribución a la adaptación y mitigación del cambio climático.

Gracias a la insistencia de organismos internacionales como la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza – UICN  y la lucha de los pueblos de la región agrupados en la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica  – COICA se ha echado a andar el modelo Red Indígena Amazónica, un esquema que incorpora de manera equitativa y culturalmente adecuada, los territorios y el saber tradicional de los pueblos indígenas a las iniciativas nacionales REDD.

En la reserva comunal que co-administran con el SERNANP  y en acuerdo con AIDESEP  y el estado peruano, diez comunidades indígenas han empezado a trabajar el primer proyecto RIA en el Perú.

Lucho Tayori es más elocuente todavía: “Ha costado mucho que los estados y la comunidad internacional reconozcan las capacidades de los pueblos indígenas. Para los que manejan el tema ambiental el discurso seguía siendo el mismo”.

En la Reserva Comunal Amarakaeri

La Reserva Comunal Amarakaeri es un área natural protegida con una biodiversidad sorprendente. Debido a su ubicación geográfica -la reserva se encuentra entre los 300 y 2700 msnm- posee una alta diversidad de flora y fauna típica de selva alta, uno de los ecosistemas más ricos del planeta. En el Plan Maestro de la Reserva Comunal Amarakaeri aprobado por el SERNANP se menciona que en el interior de la reserva se han registrado 54 especies de mamíferos grandes, 469 especies de aves, 58 especies de reptiles, 95 especies de anfibios y 865 especies de insectos.

“Es un espacio inalterado, en muy buen estado de conservación donde abundan las aves y los animales propios del bosque nuboso”, nos había mencionado Héctor Sueyo. Para comprobarlo buscamos a Asvín Flórez, funcionario del Servicio Nacional de Áreas Protegidas por el Estado –SERNANP y jefe de la Reserva Comunal Amarakaeri. Para Flórez la reserva comunal es el gran dispensario de agua dulce de esta parte de la cuenca amazónica.

La Reserva Comunal Amarakaeri, debido a la ubicación geográfica, cuenta con una alta diversidad de flora y fauna típica de selva alta. Foto Green House Tambopata.
La Reserva Comunal Amarakaeri, debido a la ubicación geográfica, cuenta con una alta diversidad de flora y fauna típica de selva alta. Foto Green House Tambopata.

Todas las aguas que corren por sus manantiales y riadas van a parar al río Madre de Dios, nos refirió, el gran caudal hídrico del departamento de Madre de Dios y de la Cuenca Amazónica Boliviana. La ciudad de Puerto Maldonado y muchas más dependen de los servicios hídricos que produce la reserva comunal.

Flórez es un convencido de los beneficios y posibilidades del modelo. “El 98.2 por ciento del área protegida está siendo conservada de manera eficiente gracias al trabajo coordinado entre el ECA y el SERNANP”.  El esquema funciona acota, la vigilancia comunal se ha intensificado y la presencia del Estado y la sociedad –para este caso, las comunidades indígenas- impiden la agresión de los madereros ilegales y otros invasores.

“Queremos demostrar en Amarakaeri, continua Corisepa, que el bosque tiene un valor inmenso y que bien utilizado puede permitir el desarrollo de las comunidades locales”.

Para el conocido dirigente harakbut los fondos que ha empezado a captar el ECA Amarakaeri por evitar la deforestación en el territorio que administran están siendo utilizados por las comunidades en el fortalecimiento de las iniciativas económicas que remplazan las que por equivocación o necesidad estaban realizando en las zonas de amortiguamiento.

Los harakbut manejaron al menos tres tipos de bosques: bosque de montaña, bosque de colina y bosque de llanuras amazónicas. Los tres paisajes se encuentran en la RCA. Foto Green House Tambopata.
Los harakbut manejaron al menos tres tipos de bosques: bosque de montaña, bosque de colina y bosque de llanuras amazónicas. Los tres paisajes se encuentran en la RCA. Foto Green House Tambopata.

Cuatro comunidades harakbut (Masenawa, Boca Isiriwe, Puerto Azul y Diamante) se están dedicando, gracias a la nueva gestión, a la cosecha y producción de castañas, un producto amigable con el bosque e históricamente vinculado a la economía de la población de Madre de Dios.

En las demás comunidades de la reserva, la producción de plátanos, un cultivo que hace muchos años se volvió “endógeno” en la Amazonía peruana y los proyectos en artesanía, agroforestería, turismo étnico y de naturaleza, plantas medicinales y cultivos nativos empiezan a hacerse fuertes al calor del nuevo modelo.

En todos los casos se trata de iniciativas que fortalecen los Planes de Vida de las comunidades, una herramienta de planificación construida por los pobladores locales basada en la libre determinación y el respeto a los derechos colectivos.

A través de este instrumento que permite la vida plena de los pueblos indígenas, nos habían comentado en las oficinas de AIDESEP en Lima, y el debido saneamiento de los títulos de propiedad de las comunidades nativas es posible recibir las compensaciones o incentivos que el modelo prevé por conservar el bosque y detener la deforestación.

Debido a lo novedoso y potente de la propuesta, el mecanismo Red Indígena Amazónica propuesto por AIDESEP fue sido incorporado en el 2016 a la Estrategia Nacional de Bosques y Cambio Climático que impulsa el Estado peruano. “Cuarenta millones de hectáreas en territorios indígenas podrían ser manejados en este esquema de los 80 millones que todavía nos quedan”, es el cálculo que nos dio el antropólogo Morales del equipo técnico de AIDESEP.

El tiempo no nos ha ganado

Sontone mira el río, el Eori de su infancia, el Madre de Dios actual, con cierta nostalgia. Los tiempos han cambiado, la quebrada Abukwe, el territorio donde vivió parte de su larga vida en total aislamiento con respecto al mundo de los foráneos, es una ilusión que se desvanece con el paso de los días.

A través del DS 007-2016-MINAM de la Estrategia Nacional de Bosques y Cambio Climático del Perú se incluye explícitamente la propuesta RIA y sus principales ejes vertebrales.
A través del DS 007-2016-MINAM de la Estrategia Nacional de Bosques y Cambio Climático del Perú se incluye explícitamente la propuesta RIA y sus principales ejes vertebrales.

“Mi padre se siente preso, lo refirió Héctor Sueyo, a veces me dice que va a tomar sus flechas y sus cordeles y va a volver al territorio de sus ancestros”.

Como afirma Andrew Graw, el estudioso inglés que vivió varios años con los harakbut de San José de Karene –una de las comunidades co-administradoras de Amarakaeri- entender desde nuestra cultura el universo de los pueblos indígenas de la Amazonía en general es tarea complicada, por no decir imposible. Desde que los harakbut empezaron a despertar el interés de los misioneros que los contactaron, solo hemos sido capaces de “atrapar ocasionalmente resplandores de su mundo”.

“Los harakbut, me lo dijo Héctor Sueyo en su despacho del ministerio de Cultura, hemos sabido guardar nuestras forma de vida tradicional.  Mantenemos las costumbres que nos trasmitieron nuestros padres, muchos de ellos contactados cuando eran jóvenes. En la comunidad nativa podemos tener las cosas de la modernidad, la música, la televisión, la bulla, todo eso, pero en verano, cuando hacemos campamentos de cacería y pesca por varios días y semanas, en ese lapso de tiempo, en las noches, juntamos a los menores para contarles nuestras historias, nuestra cultura. El tiempo no nos ha ganado.”

“Hasta ahora el modelo de cogestión es exitoso, por lo menos en Amarakaeri las cosas están caminando bien”, lo sinteriza de manera muy elocuente  Asvín Flórez, del SERNANP.

Fermín Chimatani, harakbut, y presidente de la Asociación Nacional de Ejecutores de Contratos de Administración as Reservas Comunales de la Amazonía Peruana-ANECAP, en un libro publicado recientemente por el SERNANP, ha dicho con sinceridad: “Hemos necesitado entender nuevas dinámicas y desarrollar conocimientos técnicos, académicos y científicos externos, para articular mejor nuestros intereses con una propuesta técnica y política, así como coordinar con el Estado y otros actores”.

Acciones que por cierto están revolucionando el sistema de protección en el Perú. “La tensión en Amarakaeri ya no es entre conservación y extractivismo, lo comentó Juan Pablo Alva, del ECA – Amarakaeri, aquí estamos luchando para que se respete la visión que tienen los pueblos indígenas para el beneficio de los estados de la cuenca amazónica”.

“¿Qué hemos aprendido?, repite mi pregunta Segundo Laureano, yine de la comunidad nativa Diamante y presidente del Consejo Harakmbut, Yine y Machiguenga – COHARYIMA. Hemos aprendido a escuchar a las comunidades y estanos trabajando decididamente para que el modelo pueda ser replicado en áreas del sistema nacional de otras categorías. Nos gustaría articular el modelo que estamos sacando adelante en la Reserva Comunal Amarakaeri en el Parque Nacional Manu”.

A nosotros nos interesa, toman la posta Tayori y Corisepa,  “que el gobierno regional asuma sus responsabilidades y apoye el proceso. Si los gobiernos locales y el gobierno regional se suman a la iniciativa habrá bosque y vida plena para las comunidades para siempre”.

Y los ancianos harakbut, Sontone, y los demás abuelos que siguen viviendo en las comunidades nativas, podrán regresar a la tierra que un día los vio partir.

  • En el Perú 10 Áreas Naturales Protegidas categorizadas como Reservas Comunales son co-administradas por el Estado y los pueblos indígenas.
  • Desde el año 2012 se viene implementando un proyecto de Red Indígena Amazónica en la Reserva Comunal Amarakaeri, en Madre de Dios,
  • El 2016 el Estado peruano incluyo el modelo RIA en la Estrategia Nacional de Bosques y Cambio Climático,
  • El 98.2 % de la Reserva Comunal Amarakaeri está siendo conservada de manera eficiente gracias al trabajo coordinado entre el SERNANP y las comunidades aledañas.

 

[1] Madre de Dios. Cartilla informativa sobre los pueblos indígenas u originarios. Ministerio de Cultura http://bdpi.cultura.gob.pe

[2] Moore, Thomas. La etnografía tradicional Arakmbut y la minería en aurífera. En “Los pueblos indígenas de Madre de Dios”. IWGIA, 2003

[3] Los Arakmbut. Mitología, espiritualidad e historia. IWGIA, 2002

31/7/2018