Daniel Winitzky, el hombre que navegó el Candamo con Melo, Mañuco y Mishaja

Wili Reaño para Solo para Viajeros. Fotos de Pavel Martiarena

Mi opinión

Quinientas personas abarrotaron el sábado 26 el auditorio al aire libre que los organizadores del evento improvisaron en la Plaza Grau de Puerto Maldonado, para obsevar –canchita, refresco de aguajina y sánguches a discreción- la proyección de “Candamo, la última selva sin hombres”, el documental de 156 minutos de duración que Daniel Winitzky ayudó a convertir, hace 20  años, en el principal producto de exportación de un departamento peruano  -Madre de Dios- que sigue confiando en la riqueza de sus bosques.

Veinte años de una película que cambió el chip que los peruanos teníamos hasta entonces de la exultante Amazonía.

Se cumplieron veinte años de la proyección TV nacional del documental “Candamo, la última selva sin hombres”.

Veinte años de un film cuyos protagonistas, Esmelin León, Manuel Dejaviso y Agustín Mishaja, más conocidos como Melo, Mañuco y Mishaja, pobladores ese ejas de la Comunidad Nativa de Infierno, transformaron en el más logrado retrato del habitante de las selvas de la Reserva Nacional Tambopata y el Parque Nacional Bahuaja-Sonene, el mágico Candamo.

La invitación al evento fue espontánea. Por radio y redes sociales los organizadores de la fiesta popular, el Gobierno Regional de Madre de Dios, la Municipalidad Provincial de Tambopata, la Marina de Guerra del Perú, el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas (SERNANP), la Federación Nativa del Río Madre de Dios y Afluentes (FENAMAD), Wasai Ecolodge y el colectivo ciudadano Generación Madre de Dios, convocaron a los maldonadenses de todas la edades para la proyección en “pantalla gigante” de la película y homenajear a los tres héroes de esta historia:  Melo, Mañuco y Mishaja,

El recientemente electo gobernador de Madre de Dios Dr. Luis Hidalgo Okimura saludó a los actores del filme resaltando la importancia de la película y el compromiso del Gobierno Regional de Madre de Dios de velar por la intangibilidad de unos bosques que gracias a los tres ese ejas del Tambopata-Candamo y al genio creativo de Winitzky permanecen en pie, generando ingresos a la comunidad de Infierno y harto desarrollo regional.

El escenario estuvo muy bien elegido: el regio malecón sobre el río Madre de Dios, a un lado del puente Billinghurst. Foto Pavel Martiarena.

En Lima, gozando de un anonimato cincelado a base de un inusual perfil bajo entre nuestros creadores y una admirable tirria a las redes sociales, encontramos a Daniel Winitzky, el entonces jovencísimo realizador audiovisual que después de cuatro años de navegar por los ríos de la región –la leyenda urbano-rural comenta que fueron 16 viajes- lanzó a los cuatro vientos el documental más icónico del cine y la TV del Perú.

Aquí un retazo de nuestra conversación.

Se cumplen veinte años del documental del Candamo y hace unos días se celebraron los primeros treinta de la puesta en marcha del Proyecto Guacamayo y la fundación del Tambopata Research Center, dos sucesos importantes para la conservación de los bosques de la cuenca del río Candamo y la posterior creación de la Reserva Nacional Tambopata y el Parque Nacional Bahuaja-Sonene.

Quisiera reflexionar contigo sobre estos acontecimientos. En 1999 –en realidad en enero de 1998 cuando se emite el primer capítulo de tu trabajo- muy pocas personas conocían los bosques de esa región. El Candamo, el Tambopata eran desconocidos para los peruanos ¿Cómo conociste la zona y te involucraste con su conservación?

Bueno, mi primera visita a Puerto Maldonado fue en 1979, siendo adolescente. La pista del aeropuerto era de ripio y solo la Plaza de Armas estaba pavimentada. Casi no había carros. Con un par de amigos alquilamos una embarcación y surcamos en peque-peque el río Tambopata.

No creo que hayamos llegado más allá de Infierno, pero para mí fue una gran expedición. Luego vino la larga noche de Sendero y no regresé al Tambopata sino hasta el año 1993.

Me imagino que debió ser todo un reto para un documentalista peruano producir un documental de las características de “Candamo, la última…”. Eran otros tiempos, los costos de producción más onerosos que ahora y también la logística a cubrir. ¿Cómo lograste superar todos esos obstáculos?

Estaba soltero, no tenía hijos, ni grandes gastos y la economía del país estaba creciendo. Iba filmando conforme conseguía dinero para alquilar equipos y pagar a la gente. Usé todos mis ahorros. Más tarde conseguí el apoyo de una empresa sueca [Scandinature Films] que financió la post-producción.

¿Cómo conociste a Melo, Mañuco y Mishaja? ¿Pensaste desde un primer momento que ellos podían ser los propios narradores de la historia?

Por Augusto Mulánovich, el fundador del Mariposario Tambopata en Puerto Maldonado. Él fue el que me recomendó a Agustín Mishaja como guía en 1993 para explorar el río Las Piedras y el Alto Tambopata.

Agustín me pidió dos hombres para asistirlo, yo le pedí que él mismo los eligiera y trajo a su primo Mañuco y a su amigo Melo.

Comencé a visitar el Candamo regularmente para ver fauna silvestre, no llevaba cámaras ni pensaba en filmar.  Cuando se autorizó la exploración de hidrocarburos en el Lote 78, recién surgió la idea y, en mi opinión, la necesidad de dar a conocer el valle y lo que estaba en riesgo.

El primer año solo filmamos fauna y no pensábamos más que en animales. Luego, con cinco latas de película que habían sobrado, filmamos unos planos medios de Melo, Mishaja y Mañuco contando historias junto al fuego.

Todos nos sorprendimos de la naturalidad con que se comportaban ante cámaras. No tenían nervios. Actuaban de sí mismos como profesionales. Y creaban comedia casi de la nada. Darles protagonismo fue una decisión sencilla.

He conocido en estos últimos años a Melo y a Mishaja. Realmente se trata de dos hombres con mucho humor, llenos de historias, ¿cómo los recuerdas? ¿alguna anécdota en particular?

Te cuento una que se me ha quedado grabada. Un canal de TV invitó a los tres a sus estudios en Lima para una entrevista. Mientras esperábamos en el lobby del canal, pasó cerca de nosotros don Humberto Martínez Morosini.

Era el hombre más famoso del país: leía las noticias todas las noches, transmitía los partidos de las eliminatorias y los mundiales de fútbol, daba los resultados de las elecciones. Era una gran celebridad. Don Humberto se acercó y preguntó:

–          “Perdón, caballeros… ¿ustedes son los tres nativos del documental?”

Los tres asintieron y don Humberto les dijo con mucho sentimiento algo así como:

–          “¡Los felicito! ¡Déjenme estrechar sus manos! Ustedes nos han dado una extraordinaria lección de vida. Nos han abierto los ojos sobre una realidad maravillosa que escapaba a nuestro conocimiento y que está aquí en nuestro país. Nos han enseñado a apreciar más lo nuestro y lo han hecho con valentía, sabiduría y buen humor. Por eso, en nombre de la televisión peruana, les agradezco su esfuerzo, les extiendo una cálida felicitación y les digo: ¡sigan adelante! ”

–          Gracias, gracias… -dijeron los tres.

Apenas don Humberto se hubo alejado, Mañuco le preguntó a Mishaja:

–          Oye, ¿quién es el gordo?

–          No sé, quién será.

(Risas) ¿Los sigues viendo? (más risas)

Sí. Los veo en promedio una vez al año.

Bien merecido cariño popular y recordación permanente. Melo, Mañuco y Mishaja saludan junto al Gobernador Regional de Madre de Dios.

Se ha hablado mucho del papel que ha jugado la película en la protección del área. En el 2007 se intentó cercenar parte del Bahuaja-Sonene y la oposición de la sociedad civil fue inmediata. La gente recordaba a Melo, Mañuco y Mishaja con inusitado cariño y al final fue la popularidad del film lo que detuvo esos propósitos, ¿puede el cine, el periodismo ambiental, contribuir a salvar los paisajes y la biodiversidad que nos quedan?

Sí, y creo que el rol más importante lo tiene el periodismo ambiental. Hay el doble desafío de, primero, construir contenidos relevantes y, segundo, lograr publicarlos.

La gente en Puerto Maldonado pide una segunda parte del Candamo. ¿Es posible soñar con una nueva versión de la película?

No de Candamo, pero sí de la biodiversidad de la selva sur. El desafío ambiental de esta época es impedir la construcción de carreteras en la selva, en Purús, por ejemplo. Sería una barbaridad. Me gustaría hacer algo al respecto.

Nos encontramos hace unos meses en las selvas del Kosñipata, cerca del Manu, ¿qué proyectos en cartera? ¿volveremos a gozar los peruanos del talento y calidad de tus propuestas?

Talento y calidad, no sé. Pero he comenzado a trabajar de nuevo, he grabado fauna rara todo el año con la ayuda de muchos biólogos y espero en dos o tres años tener algo que presentar a la gente.

Finalmente, Daniel, ¿cómo has sentido este recordatoria a la película? Al homenajear a los tres ese ejas de esta historia, los habitantes de Puerto Maldonado están agradeciendo también a quien dirigió la película…

El homenaje fue a Melo, Mañuco y Mishaja y por su intermedio, a todos los nativos de la Amazonía.

Fin de la proyección.

El público, espontáneo y emocionado, aplaude como se debe, de pie, a los cuatro intrépidos de esta historia : Melo, Mañuco, Mishaja y Daniel.

 

Pavel Martiarena y Katya Mallea, del colectivo Generación Madre de Dios, flanqueando a los protagonistas. Las fotos de esta nota son de Pavel.
Foto Pavel Martiarena.
Foto Pavel Martiarena.
Foto Pavel Martiarena.
Pavel Martiarena y Daniel Winitzky, retratistas de la Amazonía de hoy.