Gatos en el pajonal

Mi opinión

La ruta depara sorpresas, no me queda ninguna duda. Hace unos días, bajando de la cordillera de Raura, en la sierra de Lima, me tropecé con un gato del pajonal, Leopardus colocolo, hecho trizas, mejor dicho, muerto a un lado de la carretera que serpentea desde Churín para tomar por asalto el espléndido valle del río Huaura.

Pobre animalito, el gato del pajonal  o gato  del desierto es una de las dos especies de gato silvestre que habita nuestro país. La oscuridad de la noche sumado a la luminosidad de los faros de un vehículo a buena velocidad le había jugado una mala pasada.

Detuve mi andar, no podía ser de otra manera, para observar su belleza y recia estampa. Aún muerto, el gato de esta pequeña historia irradiaba poderío, magnificencia. Se trataba de un macho adulto de buena contextura y dientes poderosos. Una fiera adaptada para sobrevivir en los extremos que empieza a perder poblaciones debido al cambio de uso del suelo para fines agrícolas y el aumento de las áreas urbanas en los espacios donde se mueve.

El gato del pajonal es un oportunista que puede vivir en los descampados y valles de la costa, en la sierra y en las zonas más altas de la cordillera. Se ha reportado su presencia en alturas cercanas a los 5000 metros. Según su distribución este felino puede tener hábitos diurnos o nocturnos; en cualquiera de los casos su alimentación es bastante variada: mamíferos pequeños, roedores, aves e insectos.

El de mi relato, sospecho, bajaba de los áridos cerros que conforman las estribaciones andinas que se desplazan hacia la costa para ir por las aves que pernoctan en el bosque ribereño que crece a los bordes del río cuando lo encontró la muerte.

Apenas instalado en Lima logré comunicarme con la bióloga cusqueña Dina Farfán, estudiosa de la otra especie de gato silvestre del Perú, Leopardus jacobita u osqollo, el también poderoso, bellísimo y muy amenazado gato andino. Ella fue la que me confirmó el hallazgo: “Qué pena, pobrecito. Gracias por contactarme, voy a ponerlo en mi base de datos, era un lindo ejemplar de gato del pajonal”.

Leopardus jacobita, el gatito que estudia Dina en tierras de la comunidad campesina de Chillca, en las faldas del macizo del Ausangate, Cusco, se encuentra en la categoría “en peligro” de la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) a nivel global y en nuestro país en el Apéndice 1 de CITES. Se sospecha que la población de gato andino para todo nuestro territorio no debe superar los 2500 individuos.

La bióloga Farfán, directora de la ONG Asociación para la Conservación y Estudio de Montañas Andinas Amazónicas – ACEMAA, que lo sigue y persigue con afán científico, me contó alguna vez que los osqollos de la provincia de Pitumarca son escurridizos en extremo y que sus heces y los restos de su alimentación -el gato andino es un consumidor voraz de vizcachas- representan las evidencias más notables de su presencia en la zona; sin embargo, hace unos años, un descuidado turista vio un minino vagando en un pedregal en las cercanías de la promocionada Montaña de Colores, le hizo click a su cámara y cuando distribuyó en redes su “hallazgo” fotográfico los estudiosos de la especie, Dina Farfán incluida, saltaron en un pie: tenían el retrato del Leopardus colocolo más apuesto del planeta. Suerte la del turista Parker Lewis, vaya nombrecito.

El osqollo de Parker Lewis, suertudo.

Buen viaje… pónganle mucha atención a lo que van viendo desde la ventana del vehículo que los traslada por el Perú. Y si pueden muevan la cola, mientras lo hacen, como el perro peruano sin pelo del libro de viajes que alguna vez escribió Rafo León.

Foto: Leopardus colocolo en el norte de Perú. | Fuente: Mongabay Latam | Fotógrafo: Cindy Hurtado y Álvaro García Olaechea.