Irma Franke: cuatro décadas destinadas al estudio de las aves en Perú

Yvette Sierra para Mongabay

Mi opinión

Sigo desde hace muchos años el trabajo de Irma Franke; sin duda alguna, la matriarca de la ornitología de nuestro país. Formada en la Universidad Nacional de San Marcos donde llegó a ejercer la jefatura del Departamento de Ornitología de su prestigioso Museo de Historia Natural y compañera de viajes y pesquisas científicas de expertos de la talla de John P. O’Neill, la Dra. Franke ha venido publicando en su muy útil blog Aves, Ecología y Medio Ambiente retazos muy interesantes de la historia de las aves del Perú y de los estudiosos que se han dedicado a su promoción y cuidado.

Se me vienen a la memoria sus enjundiosos perfiles de Santiago de Cárdenas, el pajarero limeño que intentó en el siglo XVIII emular a Ícaro y los que en su momento les dedicara a Robert Cushman Murphy, William Vogt, José Antonio de Lavalle, distinguidos estudiosos de la biología y el comportamiento de las aves marinas y, por supuesto, sus textos sobre Marie Koepcke, la autora del célebre guía de campo “Las de Aves del Departamento de Lima”, la biblia de todos los pajareros cholos.

La Dra. Franke acaba de ser distinguida por un grupo de colegas suyos con un galardón que cualquier amante de la ciencia quisiera recibir: una especie nueva hallada por un equipo en el que participó lleva su nombre, Scytalopus frankeae. De ese y de otros temas se refiere en la entrevista que les dejo que acaba de ser publicada en Mongabay. Y que por cierto hace merecido honor a su protagonista.

Irma Franke: cuatro décadas destinadas al estudio de las aves en Perú
Por Yvette Sierra para Mongabay

Cuando Irma Franke estaba en secundaria le encantaban las fotografías de los viajes que veía en las revistas de National Geographic que recibía su padre. Así descubrió el mundo de la biología para después dedicarse a recorrer los bosques de Perú y estudiar a las aves.

En 1985 formó parte de una expedición organizada por la universidad de Louisiana, de Estados Unidos, en la que se halló una nueva especie de ave a la que recientemente la llamaron Scytalopus frankeae, como un homenaje a la trayectoria de la ornitóloga peruana.

Irma Franke ha recorrido los bosques peruanos para estudiar a las aves. Foto: Facebook Irma Franke.
Irma Franke ha recorrido los bosques peruanos para estudiar a las aves. Foto: Facebook Irma Franke.

Franke recorrió en más de una ocasión los Bosques de Zárate al igual que décadas antes lo hiciera la ornitóloga María Koepcke y su esposo, tras descubrir estos bosques en el año 1952. No fue la única coincidencia con la experta alemana que murió en 1971 en un accidente aéreo, sino que Franke también se convirtió en jefa del departamento de Ornitología del Museo de Historia Natural de la Universidad San Marcos, una década después que Koepcke.

En esta conversación con Mongabay Latam habla de sus expediciones, de sus hallazgos, de los difíciles momentos que les tocó vivir a los investigadores de campo durante la época del conflicto armado interno y de su blog, que se ha convertido en un referente de la historia de la ornitología en Perú.

¿Cómo nace su interés por dedicarse a la ciencia?

Cuando estaba en el colegio no sabía que existía la carrera de biología, pero me gustaban muchísimo los animales. Recuerdo que mi papá recibía la revista National Geographic y yo veía las fotos de las expediciones y en los créditos decía ‘biologist’. Entonces le decía a mi papá: ‘quiero ser biologist’. Así ingresé a biología a la Universidad San Marcos, en el segundo intento, y luego de asistir como alumna libre a los cursos de carrera, pues en esa época existía la escuela de estudios especiales. Luego de ingresar me fui dos años a Suiza, con mi abuela, para estudiar idiomas.

¿Cuándo regresó al Perú continuó con su carrera?

Regresé en el año 1969 a San Marcos. En Suiza había estudiado alemán, inglés y francés.

Pitajo de Ceja Blanca habita en las vertientes occidentales de Perú. Foto: Irma Franke.
Pitajo de Ceja Blanca habita en las vertientes occidentales de Perú. Foto: Irma Franke.

Usted empezó a recorrer el Perú en los años 80…

En realidad, empecé en 1977 con un trabajo serio de campo. Siempre me había gustado hacer viajes, pero con interés científico los inicié en el 77.

Leí en su blog que en esa época no se hacían muchos trabajos de campo y menos las mujeres…

Las mujeres ni siquiera eran profesionales. En mi familia todas eran amas de casa. Que yo quisiera ser profesional ya era raro en mi familia. En cierta forma me sentía como la oveja negra. Era la única que quería estudiar, no solo porque quería ser económicamente independiente, sino porque me gustaba la profesión. Cuando entré a San Marcos, nadie hacia trabajo de campo en zoología. Había algunos botánicos que salían. Los profesores de zoología eran mayores y habían hecho trabajo de campo en su juventud y las mujeres solo salían a campo cuando hacían viajes como estudiantes. Pero salidas de campo para investigar algo específico, las mujeres no participaban y los hombres de zoología muy poco. En los primeros años yo hacía, sobre todo, prácticas de laboratorio. Recién al terminar la universidad empecé con mis viajes de campo.

¿Cómo empieza sus viajes?

En ciencias biológicas de San Marcos había más gente dedicada al laboratorio que aquellos que salían al campo a buscar muestras. Esa fue una tradición de los años sesenta, setenta hasta los ochenta. Nosotros empezamos a salir al bosque de Zárate, lo cual era inusual.

Irma Franke con John O’Neill cerca al Abra Portachuela durante la expedición de la Universidad de Louisiana de 1985 - Foto Tristan Davis.
Irma Franke con John O’Neill cerca al Abra Portachuela durante la expedición de la Universidad de Louisiana de 1985 – Foto Tristan Davis.

Entonces así empiezan sus expediciones…

Sí. En el lado occidental de la Cordillera de los Andes hemos tenido cuatro etapas. La primera fue dedicarme a los bosques de Zárate, eso fue a principios de los años 80. Después vino la curiosidad de comparar estos bosquecitos con los que están en las vertientes occidentales y que habían sido estudiados un poco por los esposos Koepcke. Así llegamos en 1987 a los bosques de las vertientes occidentales. Ahí tuve la oportunidad de hacer mi doctorado. Pero en 1988 tuvimos que suspender las expediciones debido al terrorismo. Era demasiado riesgoso. A cualquier lugar que se viajaba había el peligro de encontrarnos con terroristas. La sensación era cada vez más fuerte y el riesgo más grande.

¿Qué lugares dejó de recorrer debido al terrorismo?

Los bosques de Chiñama, en Lambayeque, la última vez que llegamos gritaban que nosotros éramos terroristas. En el pueblo rodearon la camioneta. La gente tenía temor. Nosotros contábamos con documentos, pero estaban recelosos, no había el recibimiento amable que tuvimos antes. En esos años cada vez era más difícil. Recuerdo que, en otra oportunidad, estábamos en un bosque de Áncash en una choza de un pastor que estaba vacía y nos instalamos ahí. Habíamos colectado aves que estábamos disecando y, de pronto, levanto la vista y me encuentro con un hombre que tenía un machete dirigido hacia nosotros. Nos dimos un susto. Empecé a conversar con él y cuando estuvimos tranquilos me dijo que era el dueño del terreno y pensaba que éramos terroristas. Lo mismo pensamos nosotros. En 1988 decidimos dejar de salir a campo.

De vuelta a los Bosques de Zárate

¿Cuándo retoma las expediciones?

A inicios de los años 90 regresamos a los Bosques de Zárate. El riesgo era bajísimo, en el 91 comenzamos en Zárate y en el 92 se capturó a Abimael Guzmán y se redujo el terrorismo. Entonces, otra vez volvimos a los bosques de la vertiente oriental. En un proyecto con una bióloga y un ornitólogo hemos viajado a varios bosques entre Lima y Piura, desde 1994 hasta 1997. La última expedición que hice fue a Piura en 1997.

El matorralero de vientre rojizo (Atlapetes nationi) de los Bosques de Zárate. Foto: Fernando Angulo.
El matorralero de vientre rojizo (Atlapetes nationi) de los Bosques de Zárate. Foto: Fernando Angulo.

¿Cuándo decidió trabajar con aves?

Mi interés inicial fue por la ecología. Cuando empecé a estudiar los Bosques de Zárate lo hice en términos generales, porque aquí no había quién aconsejara o guiara en otra especialidad. Todos eran investigadores que identificaban y describían especies, no había nadie que te guiara en los aspectos ecológicos. Ya cuando me afiancé en el museo comencé a trabajar con aves y me gustó, fue así que me dediqué a las aves. Eso fue en el año 1980. Primero había pensado dedicarme a la botánica porque era más accesible. Lo primero que estudiamos en los Bosques de Zarate fueron las plantas, pero después ya me dediqué a las aves.

Recientemente le pusieron su nombre a una especie que fue descubierta durante una expedición en 1985, en la que usted participó, ¿ha descubierto otras especies?

Especies nuevas de aves en Perú no había muchas y casi todas estaban en la selva. Nosotros no viajábamos para buscar nuevas especies. Describí una especie en colaboración con el Dr. Niels, pero en los bosques occidentales casi no había especies nuevas. Lo que encontramos fueron cosas que no se sabía de las aves, mucha información nueva. Por ejemplo, encontrábamos especies que no sabíamos que llegaban hasta las vertientes occidentales.

¿Qué más ha descubierto sobre las especies que ha investigado?

He analizado aspectos de distribución en las vertientes occidentales. También tipos de ensamblajes de especies que viven juntas y las relaciones que tienen. Pero lo principal fueron los estudios de distribución, algo que no se hacía mucho.

¿Qué han significado para usted las expediciones?

Muchas experiencias. Por un lado, se conocía muy poco de esos bosques y con nuestras publicaciones se empezó a conocer más. No había especies nuevas como en la selva, pero si especies que no se sabía que existían en el lado occidental de los Andes, se creía que solo habitaban en el otro lado, el oriental. O no se sabía que estaban en el Perú. Hay una serie de trabajos que se hicieron sobre la ecología de estos bosques, con énfasis en aves.

Bosque de Wiñapajatun en la vertiente occidental de la Cordillera Negra. Foto: Irma Franke.
Bosque de Wiñapajatun en la vertiente occidental de la Cordillera Negra. Foto: Irma Franke.

¿Cómo eran esos viajes?

En la época que era jefa del departamento de ornitología del Museo de Historia Natural de San Marcos había varios grupos que trabajaban muy fuerte y viajaban cada año. Uno de ellos era el de la Universidad de Louisiana, que salía a buscar nuevas especies. Colectaban 1000 a 1500 ejemplares que se llevaban a Estados Unidos. En esa época fue que me invitaron a esa expedición donde se encontró la nueva especie que lleva mi nombre. Pero no era un viaje de estudio, sino para buscar especies nuevas. Ellos pensaban que las especies se podían encontrar en las zonas altas de los cerros, en lugares que quedaron separados de la selva. Todos los años financiaban expediciones con un montón de equipo. Las primeras veces que vinieron encontraron varias especies y por eso se dedicaron a buscar más. Niels Kaare Krabbe ha encontrado 18 especies nuevas.

Usted ha dicho que había bosques de los que se sabía muy poco. ¿Cuáles eran estos?

Los esposos Koepcke hicieron un estudio de ese tipo de bosques y fueron a cinco o seis bosquecitos. En fotografías aéreas había 300 parchecitos de bosque en la vertiente occidental y nosotros fuimos siguiendo las coordenadas de estas fotos aéreas. Nunca nadie ha regresado a esos bosques y no se sabe cómo están desde los años ochenta. Cuando subimos había poca vegetación, pero en esas laderas había bosquecitos que eran refugio de animales. La existencia de esa vegetación compleja es importante para la preservación del suelo de las laderas y otras funciones ambientales importantes como la captación de agua, para que no se presenten huaicos, así como lugares de refugio de fauna. Fuimos para sumar información a la obtenida por los Koepcke y después nadie ha regresado.

¿Que le gusta de las aves?

Las aves son un grupo agradable de estudiar, son animales que tienen muchos detalles y uno los puede observar. A diferencia de los mamíferos silvestres que los ves con cámaras trampa, las aves se pueden ver con binoculares. Se ve su comportamiento que es interesante. Además, es agradable trabajar con ellas porque son bonitas y cantan muy bonito.

El pitajo de Piura (Ochthoeca piurae). Foto: Juan José Chalco Luna.
El pitajo de Piura (Ochthoeca piurae). Foto: Juan José Chalco Luna.

¿De todos los lugares que ha visitado a cuál ha regresado siempre?

Al que siempre he regresado ha sido a los Bosques de Zárate. No son fáciles de mirar. Hay un par que están cercanos a la carretera, se llegaba con camioneta y se caminaba un poco para llegar al campamento. Pero la mayoría están más lejos. Había que llegar al pueblo para dejar la camioneta y caminar entre tres a ocho horas. Cuando hice el estudio del año 1990, en la segunda etapa, después del terrorismo, ya tenía dos hijas, la mayor de 9 y la menor de 4 años, entonces las llevaba conmigo y las he hecho caminar ocho horas. Contando a los chicos que formaban parte del grupo de investigación, éramos algo de 10 personas más mis dos hijitas. Ellas caminaban duro y acampábamos. No son sitios fáciles de llegar, los Bosques de Zárate son un reto.

Una mirada a nuestros tiempos

Ahora que se ha decretado la cuarentena en casi todo el planeta muchos animales están llegando a lugares donde antes no se habían visto, como lo que ha sucedido en la Costa Verde de Lima donde ahora hay una gran cantidad de aves. ¿Qué está pasando?

Las aves marinas son muy oportunistas, es el grupo grande que se ha fotografiado. Son especies migratorias que están en camino al norte y buscan la playa más libre. Llenan playas que están libres, pero son oportunidades. Para que haya un cambio sería con especies no oportunistas y eso se ve a largo plazo. No solo porque un espacio está vacío, como en este caso las playas, sino porque necesitas otras condiciones. Esos cambios de hace pocos días son variaciones de especies que tienen movimientos rápidos. Para las de movimientos duraderos tendría que darse en situaciones de más largo plazo. No es que el ambiente este mejor, si no se quedaban en Agua Dulce lo hubieran hecho en otra playa, porque esas aves van y vienen todos los años, es un viaje obligatorio. Es demasiado optimista pensar que habrá cambios importantes, son pocos días. Ahora, la menor cantidad de emisiones a la atmósfera sí se manifiesta, pero en poco tiempo no se ven resultados.

¿Es difícil ser científica en el Perú?

Digamos que no es fácil, no hay apoyo para la ciencia, hay que poner mucho esfuerzo para hacer algo.

Aves marinas en el litoral de Perú. Foto: Irma Franke.
Aves marinas en el litoral de Perú. Foto: Irma Franke.

¿Considera que no se presta atención suficiente al conocimiento científico?

A nivel mundial hay países que tienen más apoyo por investigación. En países como el nuestro falta conocer un montón, está retrasada porque no tiene apoyo y lo que se avanza es porque hay investigadores que lo hacen de manera independiente.

¿Usted cree que los políticos toman en cuenta los estudios científicos para sus decisiones?

Creo que deberían, pero lo hacen muy poco. Nosotros tratamos de proporcionar información para que sea usada con fines prácticos, porque generar conocimientos toma tiempo. En países como el nuestro, generar información es difícil y no hay apoyo. Además, no se valora lo que se hace aquí. Yo estoy haciendo la historia de la ornitología porque me ha sorprendido todo lo que se había hecho en Perú en los últimos tiempos y no nos hemos dado cuenta. En esta investigación encontré científicos que no eran conocidos por los estudiantes, porque no valoramos lo que hacemos aquí, sino que pensamos que todo viene del extranjero.

¿Está escribiendo la historia de la ornitología en su blog?

En el 2011 hubo un congreso de ornitología en Cusco y me pidieron que haga un homenaje a la doctora María Koepcke, porque se cumplían 30 años de su fallecimiento. Sabía algunas cosas de ella porque yo ocupaba el mismo cargo que ella tuvo años atrás, era la jefa de Ornitología en el Museo de Historia Natural de la Universidad San Marcos. Tenía alguna información sobre ella, pero sobre su vida personal no sabía mucho. Sabía que Koepcke enseñó en San Marcos, pero ¿qué enseñó?, ¿qué hizo? Para reunir información entrevisté a mucha gente de la universidad, profesores que habían trabajado con ella y a sus estudiantes. Al hacerlo descubrí nombres de científicos que jamás había escuchado y comencé a publicar pequeñas biografías en mi blog. Ahora tengo un montón de artículos de la historia de la ornitología y espero que en algún momento se conviertan en un libro.

Scytalopus frankeae, el ave descubierta hace 40 años durante la expedición de Irma Franke con la universidad de Louisiana. Foto: Foto: Nicolas W. Mamani-Cabana.
Scytalopus frankeae, el ave descubierta hace 40 años durante la expedición de Irma Franke con la universidad de Louisiana. Foto: Foto: Nicolas W. Mamani-Cabana.

¿Son muchos los ornitólogos en Perú?

Hay bastantes. Estuvo la doctora Koepcke en los años 70. En los años 80 surgieron halconeros y ahora hay muchos dedicados a las aves. Están los guías de observadores de aves y quienes hacen evaluaciones de aves para estudios de impacto ambiental, además de gente que investiga en las universidades.

¿Para usted cuál ha sido la experiencia o el momento más inolvidable en sus expediciones?

No creo que haya uno, pero el primer día de salida al campo, el primer amanecer, cuando se escucha a las aves. Yo siempre me levantaba tempranito a grabar aves. Ese momento es una delicia, tiene algo especial.