MUSEO DE PLANTAS SAGRADAS DEL CUSCO

Es una pena que Alejandro Camino haya tenido que cerrar el Museo de Plantas Sagradas, Mágicas y Medicinales del Cusco. Cada vez que pasaba por la vieja ciudad tomaba el camino al local de la calle Santa Teresa para recorrer sus salones y llenarme de entusiasmos. El propio Sapo me acaba de referir que se vio obligado a cerrar por las continuas alzas en el precio del alquiler que debía pagar. Y que buscó y buscó infructuosamente otras opciones pero que todas no bajaban de los 8 mil o 10 mil dólares mensuales.

Los negocios en Cusco, me lo dice con comprensible afectación, giran hoy en día en torno a los bares, discotecas, restaurantes y hoteles bien puestos y anchas espaldas financieras. “Mas que una capital del patrimonio y la cultura, Cusco se ha convertido en la capital de la juerga”, concluye.

Sé que la magnífica colección que atesoró Alejandro estará a buen recaudo mientras dure el obligado receso; esperando al lado de su dueño una nueva oportunidad para ponerse al servicio de la cultura y el futuro de este país biodiverso y tan rico culturalmente hablando. Apelo a la buena voluntad de los que puedan leer esto: no es justo que sueños como los del Sapo Camino se volaticen por falta de apoyo económico y minguna participación del Estado. Un país que no valora su herencia cultural condena a sus habitates a ser meros convidados de piedra en la escena contemporánea. No lo digo yo, lo dijo hace decenas de años el Amauta José Carlos Mariátegui.

Toda mi solidaridad Alejandro. Fundo Ayarpongo, valle del río Huaura, sierra de Lima.