Varun Swamy: “Sin grandes árboles el bosque no nos sirve”

Catherine Contreras para El Comercio

Mi opinión

“El 99 por ciento de las semillas que nacen cerca del árbol semillero no sobreviven”, comenta Kurt Holle en un ilustrativo artículo sobre la biodiversidad de la Reserva Nacional Tambopata publicado en la revista Viajeros hace algunos años. “Los árboles necesitan de los guacamayos, monos y sajinos para que lleven las semillitas lejos de mamá, así de sencillo. Estos “transportadores” comen la fruta y defecan, semilla incluida, unas horas después, lejos, muy lejos del árbol semillero”.

Esa verdad tan elemental pareciera no estar al alcance de la mente y el proceder de una sociedad –sí, la nuestra- que pareciera a acabar con todos los bosques del planeta.

Hace días que vengo reflexionando con ustedes sobre este problema, sobre esta desgracia. En este portal y también en nuestras redes sociales hemos subido fotos y testimonios sobre las amenazas que se ciernen sobre los árboles de gran talla, gigantes, que habitan los bosques que nos quedan. Nos hemos referido a los baobabs africanos, a las secuoyas de Norteamérica, a los shihuahuacos de nuestra Amazonía, colosos sacrificados en aras de un ideal de progreso que se impone por todas partes.

Los árboles gigantes, grandazos, me lo refirió hace mucho José Álvarez, biólogo amazónico, dependen de los animales de gran tamaño y movilidad que habitan los bosques y los ríos, como los ronsocos, los maquisapas, los tapires o los delfines de río, para el transporte de sus semillas. Como dice Holle, “la voracidad de las criaturas del bosque que se alimentan de ellas y los hongos que las afectan severamente” es tan tremenda que es imposible que la propagación de las especies arbóreas se perennice al lado de los árboles que la generan.

Necesitan de un “transportista” que haga bien la parte que le toca en el negocio de los bosques amazónicos. Si ellos, los bosques son incapaces de renovarse.

Por Kurt me enteré del trabajo de Varum Swamy, por entonces un estudiante de Phd del Centro de Estudios Ambientales de la Universidad de Duke que ya ostentaba el apropiado apelativo de “cazador de semillas”. Swamy, quien llegó al Perú por primera vez en el 2003 según cuenta la nota aparecida en El Comercio que les estoy dejando, ha seguido vinculado a la Reserva Nacional Tambopata y ahondando en sus pesquisas científicas. Qué bueno, los bosques “defaunados” no sirven, son muertos vivientes, espectros de lo que alguna vez fue un ecosistema vivo, capaz de sostener grandes poblaciones de seres vivos.

Entender sus dinámicas y los ciclos reproductivos de sus árboles más notables nos permite elaborar planes de contingencia y las adecuadas políticas de conservación que se necesitan para prever un mejor futuro para todos.

Llegó por primera vez al Perú en 2003. Tras migrar a EE.UU. y estudiar ecología en el Connecticut College, Varun Swamy (India, 1979) focalizó su tesis de doctorado en Duke University (Carolina del Norte) en un tema que lo unió a la Amazonía y que sigue siendo hoy el corazón de su trabajo: estudiar el rol de animales como el maquisapa o mono araña, considerados agentes dispersores de semillas y de cuya interacción con las plantas surge el equilibrio de los bosques tropicales.

Conocida como Hipótesis de Janzen-Connell (por los científicos Daniel Janzen y Joseph Connell, que la propusieron a inicios de los 70), las investigaciones de Swamy –quien primero tras idas y venidas al Perú decidió echar raíces en Madre de Dios- comprueban esta teoría, cuya importancia hoy difunde en congresos multidisciplinarios, como el que hace unos días organizó Mater Iniciativa en Tambopata.

Llevas 15 años estudiando la selva de Madre de Dios. ¿Se cumple la Hipótesis de Janzen-Connell en nuestro bosque tropical?

Se cumple muy bien. La evidencia es muy clara. Mi tesis coincidió con un período en que varios otros ecólogos hacían pruebas en bosques tropicales de todo mundo, porque hasta entonces recuerdo que no había sido del todo aceptada la hipótesis. Había otros puntos de vista.

¿Cuáles eran?

Hablaban de chance y que factores abióticos eran más importantes. Básicamente, no se aceptaba que las acciones de los animales podrían ser tan poderosas en la composición de una organización espacial tan estable: que un mono, simplemente por su tipo de dieta, por su forma de moverse y luego defecar, puede contribuir a mantener la composición e identidad del bosque.

¿Y eso pasa en Tambopata? ¿Qué has identificado en esta reserva?

Hemos concluido que dos grupos de animales grandes son muy importantes, aparte del universo de organismos menudos (insectos y otros). Un grupo son los frugívoros, cuya dieta es prácticamente frutos así que dependen de los árboles para su alimentación; a cambio ellos les brindan el servicio de dispersión de sus semillas. Los más importantes son los monos grandes, como la maquisapa o mono araña, pero también algunas aves grandes como la pava del monte; también murciélagos, roedores y un montón de aves pequeñas. El otro son vertebrados grandes terrestres, como la huangana, que es un chancho de monte nativo. La naturaleza no podría inventar una mejor combinación de aspiradora, taladora y distribuidora de semillas; ellos previenen la alta densidad de semillas o plántulas y la dominancia de unas pocas especies de plantas.

¿Cuán importante es el equilibrio y que una especie no sea dominante en un bosque tropical?

El bosque tropical es una máquina muy compleja. Por las interacciones de sus componentes [plantas y fauna] la máquina es estable y por generaciones ha seguido siendo el mismo tipo de bosque. Cualquier perturbación puede malograr ese balance delicado y resultar en consecuencias impredecibles.

¿Qué metodología usas en tus investigaciones? 

Nuestro método es sencillo: colectamos los mismos tipos de datos en distintas etapas de regeneración en bosques que tienen su flora y fauna intactas y en bosques defaunados, donde faltan sus vertebrados nativos grandes porque están siendo cazados por su carne. Esto puede darse por comunidades nativas que lo han hecho por generaciones y siguen usando arco y flecha (cuyo impacto no es tan alto), o por comunidades de la sierra, personas que usan escopeta sin pensar en un manejo sostenible. Los monos grandes no pueden reproducirse tan rápido: una maquisapa tiene una sola cría casi cada dos años, son muy vulnerables a desaparecer.

¿Ante esto realizan alguna campaña de educación a las poblaciones locales?

Sí, tenemos un programa de educación ambiental. Ya tenemos tres años de manera consistente: visitamos colegios en Puerto Maldonado, damos presentaciones a los niños en sus aulas y después los llevamos al campo. Uno de esos sitios es Field Station de ITA (Inkaterra Asociación). Queremos resaltar conceptos importantes enfocados en cómo conservar y manejar los recursos naturales de nuestros bosques de Madre de Dios de una forma sostenible. Resaltamos mucho el concepto de servicios ecológicos y ecosistémicos, con el énfasis de que nuestro beneficio y bienestar dependen del funcionamiento óptimo del bosque. Todos nos perjudicamos si el bosque no está funcionando bien o si se está extinguiendo.

A muchos (en Lima, por ejemplo) este discurso puede sonar lejano. ¿Cuál es la relación entre un bosque tropical y el resto del país?

Del país y del mundo, incluso. Primero: la biodiversidad es la materia prima para las plantas y animales domesticados que siempre han beneficiado a la humanidad con plantas medicinales, frutos cultivados que vienen de especies silvestres (y animales también), incluso para la construcción, porque siguen siendo fuente de madera si está manejado de una manera sostenible. Segundo, que es una forma de amortiguamiento contra los efectos del cambio climático, porque la selva amazónica es uno de los pulmones más grandes e importantes del planeta; los billones de árboles que forman la selva capturan dióxido de carbono y sueltan oxígeno, así que están cumpliendo una función muy importante para mantener el equilibrio de la atmósfera, a pesar de que los niveles de dióxido han aumentado tanto (así que tienen una función muy crítica). Y tercero, la precipitación: los bosques son literalmente las fuentes que devuelven agua a la atmósfera para las lluvias. Por todo esto debemos pensar en nuestros bosques a pesar de que no estamos viviendo en allí o cerca de ellos.

¿Cómo ecologista, cómo ves el futuro? ¿Eres positivo?

Quisiera ser un optimista realista. No olvidar o ignorar que las amenazas siguen o están aumentando en Madre de Dios, especialmente lo de minería ilegal y la destrucción, la tala que convierte bosques en pastizales para ganadería… todas son amenazas reales y urgentes. Pero al mismo tiempo, viendo el lado positivo, seguimos con áreas naturales protegidas grandes, concesiones de conservaciones privadas o de distintas formas colaborativas están aumentando, así que en un futuro, tal vez no tan lejano, esas áreas tendrán que regenerarse y regresar a ser bosques, porque eso ha sucedido en el pasado: los mayas deforestaron mucha área que ha vuelto hoy a ser bosques. No podemos ser pesimistas completos, tenemos que seguir haciendo lo que podemos. Mi trabajo es mayormente científico pero muy dirigido a ayudar esfuerzos de conservación y manejo sostenible. Esa sería mi contribución, y hay otras varias disciplinas, desde abogados hasta periodistas, que tienen otras funciones.

A lo largo de tus estudios has acuñado un término especial, ¿cuéntame de ello?

Está asociado al término “megafauna carismática”, que si no me equivoco fue creado por WWF como parte de su campaña para enfocar la atención en animales grandes y bonitos, como el tigre o el elefante, como una forma de protegerlos y conservar el ecosistema en el que viven. Yo me he prestado esto y lo he modificado para representar a los árboles de un bosque amazónico primario, que son muy carismáticos para mí, son majestuosos y son la base del ecosistema, nada puede existir sin esta base. Los refiero “megaflora carismática”.

¿Qué especies son estas?

En general las que forman el estrato emergente del bosque. Existe un dosel uniforme que llega a tener 40 a 45 metros, pero estos árboles superan esa altura y llegan a tener hasta 60 o 65 metros. Generalmente tienen una forma de paraguas y cuando uno viaja por el río llaman la atención. Una de las especies más emblemáticas de la selva amazónica es la lupuna, que puede tener hasta 100 árboles de tamaño regular debajo de su copa. El otro que me parece sumamente importante es el shihuahuaco, una especie que tiene varias funciones ecológicas muy importantes: es el árbol preferido por aves muy emblemáticas de la región, como el águila arpía (cuyos nidos son enormes y necesitan una copa grande) y los guacamayos, que anidan en huecos formados cuando una rama se rompe. Caminando por el bosque puedes ver sus bases, las aletas de su raíz, su tronco, pero muchas veces su copa no es visible desde abajo.

¿También pertenecerían a esta categoría los ficus extranguladores?

En un bosque primario los también llamados matapalos son un elemento bastante dominante, pueden llegar hasta 45 o 50 metros, pero también hay otras especies, como el azúcar huayo. También existe el concepto que en inglés se llama “keystone plant resources”. Son especies tan importantes que en su ausencia el ecosistema se quiebra, porque producen frutos durante una temporada en que a nivel de la comunidad de árboles hay poca frutificación, así que los animales frugívoros están desesperados por falta de alimentación y dependen de pocas especies que hay en ese momento. Así que tienen una importancia mayor en el bosque. Otras especies pueden disminuir, pero estas no.

¿Y cómo está su situación ahorita?

Los matapalos están más o menos bien, porque su madera no está en demanda. La especie que está muy amenazada por alta demanda de su madera es el shihuahuaco: está siendo depredado fuera de áreas protegidas y no es sostenible; tiene mucha demanda en el mercado chino y en Estados Unidos, porque es una madera extremadamente dura. 

¿Cuánto tiempo le toma crecer sobre los 45 metros a un shihuahuaco?
Hasta un par de siglos, diría yo. 

¿La tala ilegal corta 200 años de vida?

Así es. Hay especies que pueden manejarse mejor para la tala, porque tienen buena regeneración: tienen árboles en el dosel pero también bastantes plantones esperando crecer en la sombra. Por ejemplo, especies como la chimicua, pero árboles como el shihuahuaco son muy difíciles de manejar de manera sostenible.