Tomado de Infobae
Cada vez que un evento extremo como El Niño o una ola de calor marina golpea nuestras costas, la noticia suele centrarse en las pérdidas: aves y lobos marinos que abandonan sus colonias, peces que cambian de distribución, mortandades de organismos y pesquerías afectadas. Sin embargo, detrás de estas crisis existe una pregunta fundamental: ¿qué permite que los ecosistemas marinos se recuperen después de un disturbio tan severo?
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Una parte importante de la respuesta está en las reservas marinas y en las áreas donde la extracción de recursos está restringida o prohibida. Estos espacios funcionan como verdaderos “fondos de ahorro”, capaces de mantener poblaciones saludables y resilientes que pueden contribuir a la recuperación de ecosistemas después de eventos climáticos extremos. Cuando una población de peces o invertebrados está sometida a una intensa presión pesquera durante muchos años, los individuos grandes y más longevos suelen desaparecer primero. Esto tiene consecuencias que van mucho más allá de la reducción del número de animales. Los individuos de mayor tamaño suelen producir más huevos y larvas, y muchas veces generan descendencia de mejor calidad y con mayores probabilidades de sobrevivir. En una reserva marina, donde estos organismos pueden crecer y reproducirse sin perturbaciones, se conserva ese potencial reproductivo que resulta esencial para la recuperación de las poblaciones tras una crisis ambiental.
Diversos estudios alrededor del mundo han demostrado que —bajo condiciones climáticas normales— áreas protegidas sin pesca albergan peces más grandes, más abundantes y con una capacidad reproductiva superior a la de zonas explotadas. Después de una ola de calor marina o de un evento de El Niño, estas poblaciones pueden actuar como fuentes de larvas y juveniles que recolonizan áreas afectadas. En otras palabras, las reservas no solo protegen a las especies dentro de sus límites; también pueden beneficiar a ecosistemas vecinos y contribuir a la sostenibilidad de las pesquerías.
Este principio también aplica a numerosos invertebrados marinos. Erizos, moluscos, langostas y otros organismos bentónicos cumplen funciones ecológicas esenciales en los fondos marinos. Cuando sus poblaciones se mantienen saludables dentro de áreas protegidas, aumentan las probabilidades de que los ecosistemas recuperen su estructura y funcionamiento después de perturbaciones climáticas. La presencia de poblaciones reproductoras robustas puede acelerar la recolonización de hábitats degradados y favorecer la estabilidad ecológica a largo plazo. Pero la recuperación marina no depende únicamente de una especie. Los ecosistemas son redes complejas de interacciones. Un depredador superior influye sobre las poblaciones de sus presas; los herbívoros controlan el crecimiento de algas; los invertebrados modifican la estructura del fondo marino. Cuando estas relaciones ecológicas permanecen intactas, los ecosistemas suelen responder mejor frente a cambios ambientales abruptos.
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Las aves marinas ofrecen un ejemplo particularmente ilustrativo. Especies como los pelícanos, piqueros, cormoranes o el pingüino de Humboldt dependen de la disponibilidad de peces pequeños para alimentar a sus crías. Durante eventos de El Niño, el calentamiento del océano puede reducir la productividad marina y desplazar los cardúmenes a mayores profundidades o distancias. Como consecuencia, muchas aves disminuyen su reproducción o incluso abandonan sus intentos de crianza. Sin embargo, cuando existen áreas donde las poblaciones de peces se mantienen saludables y la estructura ecológica del ecosistema permanece relativamente intacta, las probabilidades de recuperación aumentan. La protección de hábitats clave para peces puede contribuir indirectamente a la conservación de aves marinas y otros depredadores superiores. De esta manera, las reservas marinas ayudan a sostener no solo especies individuales, sino también las conexiones ecológicas que hacen posible el funcionamiento del ecosistema.
La importancia de estas áreas protegidas adquiere una nueva dimensión en el contexto del cambio climático. Los científicos proyectan que las olas de calor marinas serán cada vez más frecuentes, intensas y prolongadas durante las próximas décadas. Aunque las reservas marinas no pueden evitar el calentamiento del océano, sí pueden reducir otras presiones humanas, aumentando la capacidad de resistencia y recuperación de las especies.
Leído en SPV: «Terrible, de los 3500 pingüinos que habitaban la punta, según la info que menciona la Dra. Susana Cárdenas en la entrevista que le acaba de dar a Ladera Sur, en un momento no quedó ninguno, desaparecieron. Fue tan grave el suceso que la propia directora del programa de conservación Punta San Juan de la Universidad Cayetano Heredia se vio precisada a pedir noticias de su presencia en otras playas a través de las redes sociales. “El impacto del virus, combinado con el fenómeno de El Niño que comenzó en marzo de 2023, comenta la científica en la entrevista que les dejo, fue devastador. El cambio en la temperatura del agua y la relajación de los vientos afectaron la disponibilidad de alimento, lo que provocó que las aves y los pingüinos abandonaran la zona en busca de comida. De las 200.000 aves que habitaban Punta San Juan, solo regresaron algunos cientos, y los pingüinos de Humboldt no lograron reproducirse en 2023”. 7/10/2024
