Mi opinión
Me referí hace unos días, tanto en mi columna Notas de campo que publico regularmente en esta plataforma como en el microprograma HAZTUPARTE de mi canal en YouTube, a los miles de empleos directos e indirectos que el turismo de aventura -en su versión montañas y montañistas- está generando en nuestras cordilleras, principalmente. Y cómo, la masificación del turismo de este tipo, que no suele respetar normatividades ni lógicas, lejos de apuntalar al sector, lo pone en severo riesgo, amenazando su sostenibilidad en los espacios que utiliza y en el tiempo. He recibido muchos comentarios al respecto que no han hecho otra cosa que convencerme de lo oportuno que resulta el debate público y la reflexión. Apuntalo las ideas que mencioné con la conocida historia de las Cholitas Escaladoras de Bolivia, el colectivo de mujeres aimaras -y por supuesto, mujeres coraje- que, dejando de lado las convenciones y el secular machismo, ha logrado consolidar un emprendimiento -un negocio- que tiene a sus integrantes, todas ataviadas con polleras y aguayos, como guías de alta montaña en su país. Ellas son ejemplo de lo que afirmo: el turismo de aventura ha hecho lo que ninguna otra actividad económica ha podido hacer en las alturas cordilleranas; vale decir, generar ingresos dinerarios para las familias campesinas y pastoras… y en especial, para las mujeres. Les dejo este texto que he recogido de un interesante blog boliviano dirigido por Patricia Caguana. La historia de Teodora “Dora” Magueño, su hija Lita Gonzáles y sus vecinas de Chucura, en la provincia de Murillo, en el departamento de La Paz, doña Lidia Huayllas, Elena Quispe, Cecilia Llusco y las demás cholitas escaladoras es inspiradora y, felizmente, frecuente detrás del buen uso cultural y deportivo de las montañas andinas. No podemos permitir que el uso irresponsable y masivo de los territorios andinos -y ancestrales- por parte del turismo al peso, masivo, irreflexivo destruya una oportunidad de oro para sus pobladores.
Por Patricia Caguana, tomado de www.sermujeryvivirparacontarlo.com
Hay un tipo de emprendimiento que no se estudia en ningún MBA. No empieza con un plan de negocios ni con capital semilla. Empieza con una pregunta muy simple: ¿por qué ellos sí y nosotras no?
Eso fue exactamente lo que se preguntaron un grupo de mujeres aimaras en las faldas de la Cordillera de los Andes, en Bolivia.
Llevaban años trabajando en las montañas. Como cocineras en los campamentos de alta montaña. Como porteadoras, cargando entre 20 y 25 kilogramos de equipaje de turistas y alpinistas internacionales. Subían partes de las montañas. Veían a los guía -todos hombres- llegar a la cima. Y cuando bajaban, alegres o frustrados, siempre con esa energía particular de quien acaba de hacer algo grande, ellas se preguntaban qué se sentía allá arriba.
Leído en SPV: «En este portal las miramos y admiramos por lo que son: deportistas a carta cabal, mujeres endemoniadamente bravas que han hecho de su pasión por las montañas y la vida al aire libre una herramienta poderosa contra la marginación social y a favor de su cultura ancestral. Las queremos y les damos la más calurosa bienvenida»quien e. 26/10/2024
Leer más en Las Cholitas Escaladoras, una historia de amor por las montañas y resistencia cultural
En 2015 decidieron averiguarlo.
Cómo empieza un negocio que nadie esperaba
El primer ascenso no fue fácil. No tenían entrenamiento formal en técnicas de escalada. No tenían el equipaje adecuado. Y tenían algo que los guías masculinos de la zona consideraban un obstáculo: sus polleras, las faldas tradicionales de la vestimenta aymara, y sus sombreros de bombín.
‘¡Qué van a poder con las polleras que llevan!’, les dijeron.
En 2015, diez de ellas escalaron el Huayna Potosí, 6.088 metros sobre el nivel del mar, con su vestimenta tradicional completa. Y no como símbolo de protesta. Como declaración de identidad: estas somos, así subimos, y llegamos igual.
Ese primer ascenso cambió todo. No solo para ellas, también para el mercado turístico de alta montaña en Bolivia.
La capitalización del conocimiento propio
Lo que más me interesa de la historia de las Cholitas Escaladoras no es el récord. Es la inteligencia de negocio detrás de la decisión.
Estas mujeres ya tenían el conocimiento. Conocían las montañas mejor que nadie habían pasado años trabajando en ellas, entendiendo el clima, los rutas, los riesgos, las condiciones de cada temporada. Lo que no tenían era la posición de quien lidera la expedición.
Cuando decidieron escalar, no estaban aprendiendo algo nuevo. Estaban reclamando el valor de lo que ya sabían.
Más en Lichi Vásquez, ausangateruna, ama las montañas…
Hoy el grupo, conocido formalmente como Cholitas Escaladoras de Bolivia Warmis, ofrece expediciones guiadas por mujeres aimaras en vestimenta tradicional. Han escalado el Aconcagua, en Argentina, 6.961 metros. El Ojos del Salado, en Chile, 6.864 metros, el volcán más alto del mundo. Han participado en festivales internacionales de alpinismo en Polonia. Han recibido el Premio Guardianas de la Tradición. Y están preparando el ascenso al Everest.

El negocio que nació de lo que ya sabían
Teodora Magueño, una de las fundadoras, lo explicó con una claridad que me impactó: ‘Yo empecé como cocinera de alta montaña. Veía a los turistas llegar alegres o frustrados de la cima y quería saber qué se sentía allá arriba. Entre nosotras hablábamos porque no sabíamos qué hacían allá arriba, esa curiosidad teníamos.’
Esa curiosidad y la decisión de actuar sobre ella es exactamente lo que convierte el conocimiento acumulado en un negocio diferente.
Más información en Reflexiones sueltas sobre nuestras montañas y montañistas…
Más info en Hijas de la Montaña, la expedición peruana a los Himalayas realizada solo por mujeres

Lo que hicieron las Cholitas no fue inventar algo nuevo. Fue reconocer que el conocimiento que tenían del territorio, del clima, de las rutas, de las condiciones tenía un valor que no estaban cobrando. Y decidieron cobrarlo.
Con pollera. Con sombrero de bombín. A más de seis mil metros sobre el nivel del mar.
Lo que esto dice sobre construir desde lo que ya tienes
Hay una conversación que se da mucho en emprendimientos sobre la necesidad de tener recursos, conexiones, formación formal. Y es verdad que esas cosas ayudan.

Pero la historia de las Cholitas dice algo que vale la pena escuchar: a veces el activo más valioso que tienes ya está ahí. Ya lo conoces. Ya sabes usarlo. Lo que falta no es el recurso es la decisión de ponerlo en el centro, de reclamar su valor y de presentarlo en tus términos, no en los que el mercado espera.
Las Cholitas Escaladoras no llegaron a la cima porque alguien les abrió la puerta. Llegaron porque decidieron que la montaña también era suya.
No inventaron algo nuevo. Reconocieron que el conocimiento que tenían del territorio, del clima, de las rutas tenía un valor que no estaban cobrando. Y decidieron cobrarlo.
Lo que más me gusta de esta historia es que las Cholitas no empezaron desde cero. Empezaron desde la experiencia. Desde conocimiento acumulado. Desde años observando algo que ya entendían mejor que nadie.
