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Ucayali: murales convierten a la comunidad Shipibo-Konibo de San Francisco en museo al aire libre

Mi opinión

Buenísimo, ya saben ustedes el gusto que tenemos en esta plataforma por la muralización de los espacios públicos, una costumbre que ha convertido a ciudades como Valparaíso, Filadelfia, Sao Paulo y Medellín, por citar solo algunas de nuestro continente, en inmensas y gratuitas galerías de arte al aire libre. En esas localidades las paredes se han vuelto lienzos interminables, dazibaos públicos donde se reconstruye la historia de sus habitantes y se expresan sus inquietudes. Claro, siempre como parte de un proceso colectivo, participativo y concertado producto del diálogo entre artistas, gestores culturales y la propia población.

Por aquí y en nuestras redes hemos dado cuenta del trabajo creativo de muralistas muy activas y capas como Psy Conscious -Andrea Vigil-, Sandra Gervacio y Koa Prato, a las tres las seguimos y festejamos su talento.

Saludamos la intervención artística, la muralización, que se ha llevado a cabo en la comunidad nativa San Francisco, en la laguna de Yarinacocha, Pucallpa, bastión del arte Shipibo Konibo y también del turismo étnico. El Festival Jatibi Jimibo reunió a artistas de diferentes partes del Perú con el objetivo de plasmar, a través del arte mural, la historia, la cosmovisión y la identidad del pueblo Shipibo-Konibo, leo en una nota que ha distribuido Radio TV shipibo digital.

En total, prosigue el informe periodístico, cerca de 20 murales fueron plasmados en distintos espacios de la comunidad, convirtiendo sus calles y fachadas en una especie de museo cultural al aire libre, “cuyos diseños no solo permiten a los visitantes apreciar el arte del pueblo Shipibo Konibo, sino también acercarse a la memoria colectiva y comprender la manera en que sus habitantes interpretan su territorio, su espiritualidad, sus tradiciones y su relación con la naturaleza”. Maravilloso, felicitaciones.


Tomado de Agencia Andina ©️ Editora Perú

Líneas, colores y símbolos de la cultura Shipibo-Konibo cambiaron el rostro de la comunidad nativa San Francisco, ubicada en el distrito de Yarinacocha, región Ucayali. Cerca de 20 murales fueron pintados en fachadas y otros espacios como parte del Festival Jatibi Jimibo, convirtiendo las calles de la comunidad en un recorrido cultural al aire libre.

La iniciativa reunió a artistas procedentes de diferentes partes del Perú, quienes trabajaron junto con los pobladores para trasladar a las paredes historias vinculadas con la vida de la comunidad. Las obras representan conocimientos ancestrales, personajes de su historia, el trabajo de las artesanas y diferentes elementos que forman parte de la identidad Shipibo-Konibo.

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Los murales no fueron concebidos únicamente como elementos decorativos. Cada obra guarda un significado relacionado con la memoria colectiva de San Francisco y muestra distintas formas de entender el territorio, la espiritualidad, las tradiciones y la relación que sus habitantes mantienen con el bosque y la naturaleza.

Leído en SPV «Parece poco, pero es un montón. Vivir en un ambiente agradable, embellecido por el esfuerzo y la inventiva propios, no solamente genera autoestima, individual y colectiva, sino que resulta también un shock revitalizador y una llamada a  la esperanza. Hemos sido testigos de procesos de resignificación urbana en muchos lugares del país, uno de ellos, tal vez el más notable, es el de Antioquia, en el valle del río Lurín. Otros  se han ido dando en Racchi, en el Cusco; en Moyobamba y en Lamas, en San Martín; también en el Callao antiguo y cruzando nuestras fronteras en Quito y en Medellín, esta última una ciudad ganada por la violencia de las pandillas y el sicariato que se ha convertido en la actualidad una villa poblada por vecinos reconciliados que están apostando por el turismo y un mejor vivir», 22/12/2024

El Festival Jatibi Jimibo utilizó así el arte urbano como una herramienta para transmitir conocimientos que durante generaciones han formado parte de la comunidad. Las paredes se transformaron en espacios donde niños y jóvenes pueden acercarse visualmente a historias y expresiones culturales heredadas de sus mayores.

Tras culminar el festival, los 20 murales permanecen distribuidos en San Francisco y pueden ser recorridos por quienes visiten la comunidad. Sus calles y fachadas muestran ahora parte de la memoria del pueblo Shipibo-Konibo a través de imágenes que permanecerán como testimonio de su historia, sus conocimientos y su identidad cultural.

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«Embellecer las paredes de las ciudades  que habitamos con tanto descuido con arte y con la participación de los pobladores es una iniciativa que desde aquí siempre hemos saludado», eso pensamos en SPV.

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