Mi opinión
Vuelvo a las notas que dan cuenta de los grandes viajes de la gente de a pie, sencilla y galante… como los Lecaros Cox, de Santiago, Cristian e Isabel, una pareja que desde hace 20 años recorre en familia los parques nacionales y áreas protegidas de Chile con el único y exclusivo propósito de gozar de sus bellezas y llenar de aire puro sus pulmones. Maestros. Inspiradores. Chile tiene, lo cuentan en el relato que les dejo que sobre ellos ha publicado Ladera Sur, 46 parques nacionales y 46 reservas nacionales, en cada uno de ellos han puesto sus pies estos viajeros comunes y corrientes. En nuestro país, entre parques nacionales, reservas nacionales, santuarios históricos y algunos estatus de conservación más, son 78 las áreas naturales protegidas de carácter nacional por gozar: lo digo porque debo haber recorrido 41 de ellos y con Gabriel Herrera, mi socio en Viajeros, anhelamos visitar el resto en los próximos años para convertirnos en los primeros periodistas peruanos en haberlos visitado todos. Ojalá lo logremos, sería un lindo sueño cumplido y una dosis de vitalidad inmensa para seguir recorriendo los caminos infinitos de nuestro país-orbe. Linda semana, #OtroMundoesPosible.
Tomado de Ladera Sur / Chile
Durante cerca de dos décadas, el viaje favorito de la familia Lecaros nunca fue un destino de playa ni unas vacaciones para descansar. Para Cristian, el padre, cada verano significaba subirse a un auto junto a su esposa y seis hijos, largas horas de carreteras, mapas de papel y la promesa de descubrir un nuevo rincón de Chile. El objetivo era siempre el mismo: llegar a un parque nacional o a un área protegida, aunque para lograrlo hubiera que atravesar imprevistos, muchos kilómetros y rutas desconocidas. Sin embargo, la emoción de seguir aventurándose para explorar más lugares es un sentimiento que se mantiene hasta la actualidad.
De esta forma, durante 20 años, Cristian, junto a su señora Isabel Cox y sus seis hijos, recorrieron los rincones más escondidos y sorprendentes de norte a sur. Aquí, junto a su hija Paula, ayudan a reconstruir la historia.
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Un camino que deja una herencia
El comienzo de un nuevo siglo significó un cambio en los viajes solitarios de Cristian, quien ya llevaba conociendo los paisajes chilenos desde hace treinta años. Se podría decir que una visita a la Reserva Nacional Las Chinchillas junto a uno de sus hijos fue lo que cambió todo. “Cuando llegué, como no conocía ese parque, encontré muy lindo el letrero, y ahí me surgió la idea de decir: ¿Y cuántos parques habrán? ¿dónde estarán?”, recuerda Cristian.

Es así como, después de este viaje, descubrió diversas zonas de Chile, las que él describe como muy bonitas y sorprendentes. Por lo mismo, cada vez su motivación por los viajes comenzó a aumentar considerablemente.
“Me quedé con ese bichito. Con esa idea, esa pregunta. Después, por trabajo fui a ver una propiedad, y en la oficina del propietario tenía unos jeep con unas cajas arriba, como cinco en total, todos con caja blanca. Y yo le digo: Oye, ¿y qué son esas cajas y dónde están? Y me dice: “Estamos en el altiplano de Copiapó”. Y todas esas cajas eran unas carpas que se llaman maggiolina. Él me dice que las encargó directamente y le digo: Yo quiero una”, explica Cristian.
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De esta forma, fue donde su esposa Isabel con el nuevo regalo para las aventuras familiares. Decidieron ir al sur. Era el año 2000 y el primer destino en el mapa fue encaminarse hacia el Parque Nacional Nahuelbuta, un tesoro de especies nativas en plena Región de La Araucanía. Su inicio, de alguna forma, estuvo marcado por la magia de las sagradas araucarias.

“Íbamos todos en un Jeep Cherokee. Entonces no era muy cómodo, y tampoco había tantas exigencias como para que cada uno tuviera su cinturón. Llegamos a Huerquehue y quedamos maravillados con las vistas: uno camina un poquito y hay unas piedras desde donde se ve toda la cordillera. Y dijimos: “Mira, qué lindo”. Aparte de la foto, qué lindos son los paisajes. Y como nosotros íbamos todo el mes de enero, llegamos ahí y nos encontramos con la flora, la fauna, los pájaros. Y seguimos rumbo, y dijimos: ¿Por qué no seguimos más al sur?”, relata Cristian.
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El recorrido los marcó tanto que, con el paso de los años, lo que parecía una costumbre familiar terminó transformándose en un proyecto de vida. Los primeros 10 años fueron, se podría decir, el peak de la aventura. En ese entonces, Chile tenía una treintena de parques nacionales y, en total, cerca de 100 áreas protegidas. Hacia el sur, llegaron hasta Chaitén y, en el norte, pasaron por los antiguos parques Pan de Azúcar o Nevado Tres Cruces.


“Fuimos creando la colección que, para nosotros, se constituyó como un patrimonio familiar a través de la historia. La Paulita, por ejemplo, tenía 2 años, y el mayor tenía 10 años. Con mi señora dormíamos siempre con un niño en la maggiolina, siempre dormíamos los tres, y los demás en dos o tres carpas. Fuimos adquiriendo mucha experiencia para ir cargando el auto, haciendo la comida, porque es complicado, es muy sacrificado, sobre todo con niños. A veces nos tocaban lluvias, a veces nieve, en el sur estaba todo congelado, pero seguíamos, y eso nos fascinaba”, añade.


Por ello, armaron un libro en su memoria cargado de experiencias compartidas. En él se recuerdan largas horas en carretera, la organización familiar y la música que no faltaba en el auto. Un repertorio que se repetía en sus cassettes y, quizás más adelante, CDs. Es que, en un auto cargado, lleno de niños, sin música no se sobrevivía.
«Después, en vez del Jeep que teníamos, compré una Suburban, y ahí cabíamos ocho, cómodamente sentados. La equipaba con buena música. Al final, la música fue una parte muy importante de nuestros viajes, porque hacía que todo el trayecto se viviera de otra manera y nos acompañara durante el camino», menciona Cristian.

Para Paula, su hija, quien partió las aventuras a sus cinco años, las melodías de músicos como Cat Stevens ahora evocan recuerdos que la llevan directamente a acampar. “Yo creo que la mayoría de las veces viajamos acampando. A veces podíamos invitar a algún amigo, y a veces no. Al final, como decía mi papá, como partió en el año 2000, yo tenía 5 años y por 10 años, fuimos creciendo y así íbamos yendo a estos parques”, cuenta Paula.

Por ello, más que un viaje, cada visita marcó profundamente su niñez y su forma de relacionarse con la naturaleza hasta el día de hoy: «A mí me encanta viajar, lo sigo haciendo. De la infancia, me gustó mucho porque me uní mucho a mi familia. Al final, teníamos que pasar 10 horas arriba del auto. También me uní a la naturaleza y además de conocer Chile, eso me hizo ser una persona muy activa. Hoy en día, con mi pololo, llega un fin de semana y decimos: “¿A dónde nos vamos de camping?”. Y no pensamos en ir a una cabaña, sino de camping, en invierno o en verano”, dice Paula, agradeciendo ese impulso que la llevó a querer y amar su país.

“De repente le pido a mi papá la carpa de techo, que la sigue teniendo. Además, tenemos todo un equipo de camping, entonces es cómodo. Dependiendo del lugar, llevamos colchón, sábanas y todo lo necesario. Es algo que me gusta mucho», añade.

Al igual que su padre, continúa buscando espacios naturales para explorar, pero incorporando nuevos intereses y una mirada propia, vinculada a la fotografía y al registro de los lugares que visita. Eso lo registra en su proyecto “Ruta y Lente”.


“Estamos recorriendo, haciendo lo mismo que mi papá, de repente los dos, de repente vamos con él. Nuestros papás también son amigos, así que vamos todos. Es un proyecto que también queremos seguir haciendo de aquí en adelante”, relata Paula.

Un legado que continúa
Chile cuenta con 46 parques nacionales y 46 reservas nacionales. La familia Lecaros conoce gran parte de ellas. Cristian asegura que el mayor patrimonio que dejaron estos viajes son los recuerdos, los cuales quedaron registrados en fotografías que son un verdadero archivo visual que adorna grandes paredes de su oficina y casa en la playa. “Cuando uno llega, siempre está presente. En la casa de la playa está toda esa historia familiar, y uno las ve y recuerda», valora Cristian.

Paula comparte la apreciación de su padre y considera que haber recorrido gran parte del territorio chileno constituye uno de los mayores regalos que recibió. En ello también pudo ver, por ejemplo, el avance de ciertas cosas de los parques, como infraestructura: “Antes, cuando nos sacábamos la foto en el parque y después íbamos a recorrer, era como que seguías un camino que tú mismo ibas armando, que no estaba muy señalizado. Ahora, no sé si hay una organización que hace todos estos carteles, pero ha quedado muy bien eso”, dice, destacando la labor de los guardaparques, sobre todo en lugares más concurridos como Torres del Paine.

Por otro lado, hay parques nacionales a los que han regresado en varias oportunidades y que hoy ocupan un lugar especial en sus recuerdos más preciados. Por ejemplo, el Parque Nacional Conguillío, al cual regresaron para un aniversario en un viaje a Pucón. Para Cristian, regresar a ese parque fue una forma de revivir las experiencias que marcaron a la familia durante tantos años, mientras que Paula destaca que, aunque ese viaje ocurrió hace alrededor de siete años, la tradición de recorrer Chile continúa vigente. De hecho, el año pasado volvieron a viajar juntos, esta vez hasta la Isla Grande de Chiloé.
«Como decía mi papá antes, cuando tengo la oportunidad de ir a otro país, fuera de Chile, siento que nada se compara con todo lo que hemos conocido de Chile. Además, como decía mi papá, nos llevaba no solamente a los lugares típicos, sino también por estos caminos alternativos, donde íbamos descubriendo sitios que la mayoría no conoce. Entonces, esos lugares también son muy interesantes», concluye Paula.
Al reflexionar sobre el significado de haber recorrido Chile durante todos estos años, Cristian no duda en definir esta experiencia como uno de los mayores privilegios que ha tenido junto a su familia. Para él, conocer el país desde la naturaleza, lejos de los destinos tradicionales, representa mucho más que una forma de viajar.

«Darse el gusto de haber recorrido todo Chile como familia y poder decir que conocemos algo más que la media nos llena de alegría, el poder decir que conocemos nuestro país. Por lejos, es uno de los lugares más lindos que tiene esta tierra. Y nosotros estamos acá. Es difícil porque el país es largo y angosto: hay que recorrer 2.000 km, y de vuelta. Eso si uno lo hace desde Santiago, hemos recorrido miles de kilómetros, estamos muy contentos de haberlo hecho», enfatiza Cristian.
Sin embargo, la historia familiar está lejos de terminar. Cristian asegura que el objetivo sigue siendo el mismo: continuar explorando aquellos lugares que quedan pendientes, pero esta vez con la experiencia adquirida después de viajar por más de medio siglo:

«Eso es lo que a mí, en lo personal, me motiva. Yo, cuando me casé, le dije a mi señora antes de salir fuera de Chile, que conozcamos este país. Yo ya algo conocía, pero resulta que uno siempre vuelve a sus orígenes; yo quisiera volver 40 años atrás, cuando también hacía camping, pero no en familia. Entonces, ahora, me gustaría volver a hacer lo mismo que hace 25 años, pero con los nietos, mostrarles el país a las futuras generaciones nuestras».
De esta forma, ya tienen la lista de los parques que faltan por conocer. En su planificación, está la mítica Carretera Austral. Aún sin fecha, buscan recorrer todos los parques de la zona. Esta vez, con una experiencia compartida y recuerdos que los han vuelto a motivar para adentrarse a las áreas protegidas de Chile.

La crónica completa 20 años recorriendo Chile: la historia de una familia unida por el amor a la naturaleza y áreas protegidas del país apareció publicada en Ladera Sur.
