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Betty Dodson: La mayoría de las mujeres le temen al sexo

Mi opinión

Encontré esta mañana en Bogotá esta interesante entrevista a la sexóloga Betty Dodson, a quien por cierto no había escuchado ni en pelea de perros, que espero haya empezado a circular en la pacata Lima, la ciudad que tiene a la promocionada Alessandra Rampolla y a Mónica Cabrejos como formadoras de opinión en temas vinculados al sexo y sus complejidades. Ah, también a un doctor de apellido Angulo que últimamente aparece en cuanto programa de espectáculo vomita la caja boba. Dichosos los tiempos donde reinaba el Dr. Marco Aurelio Denegri para hablarnos de coitus interruptus y felaciones.

La sexóloga Dodson tiene 85 años y sigue en vigencia. Como profesional y como ser humano. Su consultorio profesional, sus talleres (prácticos) para mujeres con disfunción orgásmica y sus adminículos que favorecen la masturbación femenina son muy requeridos en los Estados Unidos y Europa.

Me suelo alegrar cuando las personas de edad avanzada –que eufemismo tan palurdo- se resisten a aceptar el mandato social que les exige renunciar a los placeres de la carne y sus tantas variantes y continúan visas sexuales plenas, ejemplares. Vargas Llosa y la Tigresa del Oriente incluidos.

Lean la entrevista del colombiano Diego Alarcón aparecida en El Tiempo de Bogotá y promociónenla el resto del día. Nos vemos mañana en Lima.


Betty Dodson pasa el verano en su apartamento de la avenida Madison, en Nueva York. Aunque es época de vacaciones y está próxima a cumplir 86 años, no descansa. Además de atender los talleres que ella misma diseñó para que las mujeres encuentren la intrincada ruta hacia la masturbación perfecta, debe preparar la charla ‘Expresión sexual y placer’, que dictará en Islandia el otoño próximo, cuando será una de las estrellas de la conferencia de la Asociación Nórdica de Sexología Clínica. Allí hablará del tema que más ha estudiado y que la ha convertido en una gurú: el orgasmo femenino. (Lea también: Los mitos de los señores sobre sexo)

Una vez más, explicará que los orgasmos representan pequeñas y placenteras dosis de libertad para las mujeres, que las reconcilian consigo mismas, que de a poco las alejan de sus inseguridades y que las desprenden de ese paradigma “obsoleto” que resigna el clímax propio al de sus parejas masculinas. Según un estudio realizado en el 2013 por sexólogos de la Universidad de Kansas, el 68 por ciento de las mujeres encuestadas había fingido alcanzar la cúspide al tener sexo con sus parejas, fundamentalmente para conservar a su amante. En la misma investigación, solo el 37 por ciento de las mujeres aseguraron que los orgasmos eran recurrentes en sus vidas.

Ese apartamento del Lower East Side es el lugar donde ‘la Dodson’ –como la llaman con cariño– les ha dado una mano con sus talleres a miles de mujeres y donde permanecen guardados secretos e historias personales, traumas y liberaciones. Con más de 40 años de experiencia, es una feminista consumada y parte de su lucha ha consistido en quitarles a las mujeres el miedo al sexo: “la mayoría de las mujeres le temen al sexo por miedo a quedar embarazadas sin quererlo o por miedo a ir más allá de la satisfacción de los hombres. Eso tiene que cambiar y un buen comienzo es la masturbación”, le dice Betty Dodson a El TIEMPO.

Ahora, a mes y medio de su cumpleaños, confiesa que considera desafortunado no haber tenido un registro detallado de sus clientes en todos estos años. Hace apenas unos días atendió a dos hermanas que viajaron desde Ucrania y se le vienen a la mente otros países muy alejados de Manhattan desde los que muchas mujeres han emprendido rumbo para encontrar eso que saben que existe pero que no han podido sentir o no han sentido de manera suficiente: “Tailandia, Australia, Japón…”.

Un taller con final feliz

En el apartamento de Betty Dodson abundan los consoladores, los vibradores y el lubricante. Las mujeres asisten en pequeños grupos –13 como máximo– a uno, o varios si desean, de los seis talleres que la gurú imparte al año y cuyo precio varía entre 1.200 y 1.000 dólares, dependiendo del modo de pago. Estos cursos se toman toda la tarde de un sábado y del domingo siguiente. Sin embargo, si lo prefieren, pueden pagar 1.500 dólares por una sesión privada de acuerdo con la disponibilidad en la agenda de la experta, a quien ella dedicará toda la tarde del día asignado.

La escritora Jenny Block asistió a una de las sesiones grupales, como parte de la investigación de su libro sobre el orgasmo femenino Oh Wow! y en su experiencia relata cómo la Dodson entró a la sala desnuda, les habló de la filosofía del sexo, enseñó ejercicios de respiración, las puso frente al espejo sentadas y con las piernas abiertas, las invitó a mirarse e incluso les sugirió darle un nombre a esa zona suya que no solían ver ni tan cerca ni tan de frente. Les explicó cómo debían tocarse en círculos, cómo estimular el clítoris y cómo identificar los momentos claves para pasar a un vibrador o un consolador. (Además: Cómo jalan los senos…)

“Quizá fue uno de los momentos más importantes de mi vida –escribió Block para The Huffington Post–. Como en otros muchos momentos durante el taller, tenía un sentimiento tribal y ancestral, como si nos hubiéramos reunidas para recibir la sabiduría de una hermana mayor (…). Se sentó al lado mío y empezó a mover el juguete hacia adentro y afuera de mí (…) Puso su puño contra mi perineo y me miró a los ojos (…) Me paró cuando iba a arquear la espalda y bloquear la energía de un orgasmo, como soy propensa a hacer. Y luego, ocurrió. Betty se quedó conmigo todo el rato, y yo colapsé después de no sé cuántos pequeños orgasmos que acabaron en un gran final de los finales”.

A Betty Dodson no solo la buscan mujeres que jamás han tenido un orgasmo, sino también otras que dejaron de sentirlos y otras a las que les cuesta mucho alcanzarlo con sus parejas, o con sus dedos, o con un vibrador y quisieran lograrlo. Sus clientes suelen decir que luce sensacional para tener 85 años y ella bromea respondiendo que el secreto de su juventud se resume en un buen lubricante y en su gusto personal por el ajo. Los años han pasado mientras ella fue despacio definiendo el camino que quería seguir: llegó a Nueva York –es originaria de Wichita, Kansas– con la ambición de ser artista en los años 50 con una obra enfocada en el “autodescubrimiento sexual” y de hecho fue la primera mujer en tener una muestra de arte erótico en la galería Wickersham. Se casó en 1959 con Federico Dodson Stern, un publicista con quien duró seis años, lo suficiente para tomar la decisión de enfocarse en estudiar la sexualidad y de descubrir la propia. El sexo se convirtió en su área principal desde que se graduó en el Instituto para el Estudio Avanzado de la Sexualidad Humana, y el arte fue quedando atrás como ese primer paso que les abrió la puerta a nuevos descubrimientos, a nuevas sensaciones y sí, a nuevos orgasmos.

El trabajo de Betty Dodson la ha llevado a hablar sin ambages sobre sexo, a decir sin rubor y públicamente palabras que quizá escandalicen a otra gente de su edad, como cuando en una entrevista con la revista Nerve utilizó la palabra ‘tirar’ 17 veces en 45 minutos. Desde que comenzó a trabajar en su campo, en especial desde que en 1987 publicó su primer libro Sex for One: The Joy of Selfloving (Sexo para uno: la alegría del autoamor) se convirtió en una voz respetada en el campo de la autonomía sexual de las mujeres, que surgía de la estela marcada por la revolución femenina. Por eso se llama a sí misma “revolucionaria” y se enorgullece del método que creó con sus talleres desde los años 70, en los que, aparte del componente práctico, dedica un buen tiempo a la conversación con su cliente y a explorar las taras que impiden que el volcán estalle libremente.

A los 85 años tampoco tiene reparo en decir provocadoramente que es heterosexual, bisexual y lesbiana –“deberíamos definirnos como ‘sexuales’ y ya está”– y en describir la ruta que la condujo a su estatus de autoridad en orgasmos. Ha contado públicamente que tras su matrimonio participó en orgías, que en sus 40 vivió la época en la que se iba de fiesta en fiesta buscando a alguien para tener sexo y que entre sus 50 y sus 60 la menopausia la llevó a enfocarse en las mujeres. En sus 70 tuvo la mejor etapa sexual de su vida con un joven llamado Eric, de veintitantos, con quien mantuvo una relación que se acabó cuando entendió que él no podía resignar su vida a una “abuelita” y como dijo, en broma, durante una entrevista con el diario británico The Guardian: “Si no dejas que los jóvenes se vayan, corres el riesgo de verte como Hugh Hefner (el fundador de Playboy)”.

A la Dodson le parece mejor que una mujer diga que está con “ella misma” a que está “soltera” y que siempre, aunque sea en soledad, la vida es mejor si los orgasmos la acompañan. Los años –sugiere– le han enseñado que el amor romántico es como una droga o un mal en el que el sexo en pareja tiende a desaparecer luego de, en su punto más alto, “llevar a tomar malas decisiones”. En contra de la monogamia no tiene mejor argumento que este: “La mitad de los matrimonios en Estados Unidos terminan en divorcio. Estamos jugando a la monogamia en serie…”.

En su caso, el sexo ha sido su vida, su trabajo y su sustento. Desde el 2006 se asoció con la abogada Carlin Ross, quien luego de entrevistarla le ofreció formalizar todo su conocimiento en una empresa (dodsonandross.com), desde la que se promocionan los talleres y se comercializan productos como la Betty’s vaginal barbell, una barra metálica con esferas en cada extremo especialmente diseñada por la maestra para la autocomplacencia femenina. También, en la página, pueden encontrarse enlaces con tiendas online de juguetes sexuales. Hoy el favorito de Betty Dodson y el que ella recomienda es el Magic Wand Rechargeable, o sea, ‘La varita mágica recargable”.

Palabras de la maestra

Hay sexólogas que dicen que después del sexo la mujer, por lo general, busca afecto, ¿cuál es su opinión?

Decir eso es asumir que después de la relación sexual una mujer ha experimentado un orgasmo y esto rara vez sucede. Él eyacula y ella finge el orgasmo con el fin de mantenerlo feliz. (Lea también: Matapasiones de catre/ Sexo con Esther)

Es una creencia común que los hombres piensan más en el sexo que las mujeres. ¿Eso es cierto?

Mientras que los hombres pueden tener una “necesidad” más urgente de aliviar el apetito sexual, hay demasiado en juego para las mujeres con la posibilidad de un embarazo no deseado. Esta es la gran diferencia entre mujeres y hombres cuando se trata de sexo.

¿Hay alguna diferencia entre las razas (blancos, latinos, negros, orientales, etc.) y la capacidad sexual?

Creo que las capacidades sexuales se basan principalmente en la educación y la experiencia sexual en lugar de la raza. Gracias a los talleres he conocido buenas, malas e indiferentes experiencias sexuales en todas las razas.

¿Podría decirse que usted llega a tener sexo con sus pacientes? ¿Cómo describir ese contacto?

Mi práctica de entrenamiento sexual es lo suficientemente íntima como para ser vista como “sexual”, toco a mis clientes durante nuestro examen genital. Además, demuestro diferentes estilos de penetración vaginal utilizando juguetes sexuales. Siempre abrazo a cada mujer cuando se va. Es todo muy profesional, atento y considerado. Además, es fundamental como terapia la conversación tradicional en los talleres, en los que conversamos sobre el pasado y las esperanzas futuras.

12/7/2015

 

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