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Cees Nooteboom, escritor: “Soy parte de un mundo que está desapareciendo”

Mi opinión

Cees Nooteboom, el más osado de los viajeros holandeses vivos, cumplió noventa años en julio pasado. Formidable, Nooteboom es, como Jane Goodall o David Atenborough, uno de los imprescindibles que más valoro y testigo de un tiempo, de una época que va pasando y de la cuál ellos son, quizás, los últimos sobrevivientes. En “Hotel Nómada”, su obra en español más conocida por estos lares -y que hemos reseñado en una de las columnas Viajar & Leer de esta plataforma- comenta, entre añoranzas, que el África que recorre antes, mucho antes de los años setenta, acaso sea simplemente un fotograma en evanescencia, a punto de perder sus tonos originales; seis décadas después, el trotamundos inagotable vuelve a decir lo mismo con relación al mundo que le tocó vivir, el que en algún modo también es el nuestro. Les dejo la entrevista que le acaba de hacer Juan Cruz, el maestro de las conversaciones bien pensadas y profundas a los escritores que tanto nos apasionan. Buena semana para todos.


Un artículo de Juan Cruz para El Periódico de España

Este es Cees Nooteboom. Está sentado, pensativo, risueño, en su estudio rectangular, en medio del silencio de San Luis, Menorca, ante las paredes desnudas, frente a los libros clásicos con los que celebra el rigor y la alegría de su propia literatura, premiada en todo el mundo, editada en España desde hace medio siglo, mimada con el rigor que merece un clásico por la editorial Siruela, donde ahora Cees acaba de publicar «Círculos infinitos. Viajes a Japón».

Nacido en La Haya, es un holandés verdaderamente errante, sufrió la muerte de su padre en un bombardeo nazi en 1945, se fue de su casa cuando era un muchacho de 18 años y poco a poco conoció casi el mundo entero.

Más sobre Cees Nooteboom en SPV: Cees Nooteboom: “Los hombres somos incurables”. El País conversó con el viajero y escritor holandés.

Mordido por el veneno del viaje y de la literatura, todo lo que escribe tiene su razón de ser en la experiencia personal. Incluso su inventiva proviene de lo que ha conocido viajando. Esta isla es el reposo en el que deglute sus guerras. Su mujer, Simone, fotógrafa, enraizada desde hace décadas, como él, en esta isla balear, es su compañera de trabajo también, pues muchos de sus libros (como este que es una biografía asombrada de Japón) llevan retratos que ella ha ido haciendo mientras él visita el fondo del alma de los lugares que habita. Es como si ella escribiera con la cámara lo que él va pensando con la pluma. Es una pareja ambulante, pero su residencia fija está, cuando se hallan quietos, en Ámsterdam, aunque los veranos son habitantes de este lugar que parece hecho para que los cactus, el fruto terrenal que los acompaña, dialoguen con ellos.

Nooteboom, con su mujer Simone y sus cactus en su casa de Menorca / El Periódico de España

El europeísmo de Nooteboom, que se prolonga en esta isla de la que proviene otro gran europeo, Albert Camus, ha sido reconocido con el premio Aristeion de Literatura. Su pasión por el eterno desplazamiento tiene como consecuencia el Premio Chatwin, concedido a la mejor literatura de viajes. Entre otros galardones es también Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid. De él ha dicho uno de sus estudiosos, Rüdiger Safranski: “Quien utiliza las ficciones como lo hace Nooteboom habita en lugares reales o imaginarios, es contemporáneo del presente y del pasado y percibe el futuro que comienza en cada instante. De este modo, Nooteboom anda errante, lleno de curiosidad, entre los mundos, entre el pretérito y el actual, entre el descubierto y el inventado”. El desvío a Santiago, Lluvia Roja, Hotel Nómada, Cómo ser europeos, entre otros, son libros que revelan la naturaleza, y la pasión, de su alma.

Leer más en Cees Nooteboom / Hotel Nómada

Fuimos a verle para hablar de Japón, su más reciente inmersión en el mundo de sus pasiones viajeras, pero su inminente cumpleaños, los noventa años que celebró este 31 de julio, nos convocó a hacer con él un repaso a etapas diversas de su vida, que él nos contó en un español que cultiva, por ejemplo, leyendo a Jorge Luis Borges o a Miguel de Cervantes.

¿Qué libros lo rodean ahora mismo, Cees?

Estos. Estos de poesía clásica. Estos de poesía india. Estos de poesía inglesa. Estos de Borges, siempre Borges. Estos clásicos en latín. Estos clásicos en griego… Lo que ahora estoy haciendo es un diario. En Holanda están por publicarse cuatro volúmenes de mis diarios. Desde los 70 escribo diarios, con interrupciones largas, pero bueno, así es la vida, interrupciones largas o cortas, interrupciones. En Alemania están interesados en publicarlos también, pero… no sé si los publicaran en España. Todavía no lo sé.

Nooteboom es un lector impenitente, asombroso…

¿Por qué ha dicho «siempre Borges»?

Porque es fundamental, para mí siempre ha sido fundamental. Ahora estoy leyendo el libro de Adolfo Bioy Casares sobre Borges y está muy bien: uno conoce así otros aspectos de Borges, ¿tú lo has leído? Para mí Borges es un sabio. Lo recuerdo hablando un día con un grupo de jóvenes ingleses que lo reverenciaban. Era como un sabio santo, ¿no? Era alguien de un mundo ya desaparecido. Bueno, yo también ya soy parte de un mundo que está desapareciendo. La mayoría de mis amigos ya se han muerto y…

Y se quedarán sus recuerdos, ¿no?

Sí, y quedan sus libros, naturalmente, pero se pierden para la actualidad; ya no puedes hablar con ellos, se acabaron para la conversación y para el mundo de los jóvenes, por ejemplo.

Más en ¿Cómo impedir que desaparezca el tiempo de la inocencia ? / Cees Nooteboom

¿Qué significa para usted leer?

Todo. Ahora estoy leyendo a Montaigne, alguien que me parece muy actual. Mucho. Oh, sí. Lo he leído en holandés, en inglés y en francés, que es el original. Como Montaigne cita muchas cosas en latín, tengo que buscar. Yo estudié latín cuando tenía 15 y ahora tengo 90, así que lo he perdido. Montaigne es un ser humano que piensa, y que piensa cosas que no son demodé.

¿Qué echa de menos del mundo que ha conocido?

Es que hoy todo es business. Todo es negocio. Hoy vas a una librería y observas que las cosas nuevas duran poco. Se publica mucho o venden mucho, no lo sé. Hoy hay muchas cosas efímeras, más que antes, ¿no? Hay relámpagos de éxitos de carreras literarias y… eso no me interesa. Yo mejor vuelvo a Borges y ese es un valor seguro.

¿Tiene nostalgia por el pasado o no tiene en cuenta al pasado?

Sí, hay que tomar en cuenta al pasado. Pero yo vivo en la actualidad. Yo miro cada día lo que pasa aquí con Feijoó y con Sánchez, por ejemplo, en España. Para un extranjero es difícil, ¿sabes?, estar al tanto. Tengo mi preferencia, pero no lo puedes poner por si influyo con mi modo de verlo. También sigo la política alemana, la francesa… En Holanda hay buenos diarios, con buenos corresponsales. Hoy hay cambios locales en Europa, pero se deciden muchas cosas en Bruselas y Bruselas es más fuerte que la política local de un país, pienso yo.

Leer más en Mis cuadernos de campo / Guillermo Reaño

¿Por qué los nostálgicos del fascismo están teniendo tanta relevancia en Europa ahora?

En Holanda no está ocurriendo. En Francia está Le Pen, pero… no sé. Tal vez no gane una elección próxima. Veremos. El mundo está muy cambiante, nadie puede decir que hoy es siempre todavía, pero esperemos que esa ola no se eche sobre nosotros.

Ahora cumple 90 años. Su amigo el poeta alemán Michael Krüger tiene unos versos que dicen: “A veces la infancia me envía una postal / ¿Te acuerdas?”. ¿Qué postal le envía a estas alturas su infancia?

Primero, guerra y muertos. Después, un colegio de monjas. Mi pasado es católico y ahora ha desaparecido. Recuerdo a un padre franciscano en mi escuela y ahora pienso: gente así ya ha desaparecido. Como mi madre. Mi madre murió con 97 años, con la mente un poco en el cielo. Esas son postales, ¿no?

Es usted un viajero, desde muchacho. ¿De dónde viene esa pasión?

Porque pensé que esa era la manera de vivir. Gracias a eso he conocido a mucha gente, he aprendido idiomas… he visto sociedades, posibilidades de vida. Así, por ejemplo, hoy puedo comprender Estados Unidos.

¿Qué diferencia nota entre los Estados Unidos que conoció y los Estados Unidos de ahora?

Bueno, yo conocí los Estados Unidos de McCarthy, era una América inteligente, cosmopolita… Pero es un país muy grande. En California había una cosa, en Chicago otra. Nueva York es una América muy diferente. Es que… ¡es casi un continente! Y tiene tanta gente. Trump, por ejemplo, es muy americano. Hoy dicen que volverá al poder, espero que no. Escucha: yo no veo un trumpismo fuerte. A lo máximo, veo un trumpismo del 50%, un país muy dividido. Así, por fortuna, es difícil que Trump vuelva al poder.

¿Y cómo ve a América Latina, a la que conoce tanto?

En América Latina veo esperanza. Me gusta Lula. Brasil es enorme y es complicado. Otros países tienen otras realidades. Prácticamente cada país es distinto, no podemos hablar solo de una realidad en esa región del mundo. Pero no he seguido mucho cada país. Sólo a Lula, que me gusta mucho. Estados Unidos también. Pero a mí me gusta mucho América Latina, eh. Su historia, sus poetas, o su literatura en general.

Ahora hay una guerra en Europa. ¿Usted esperaba algo así en su tiempo de vida, otra guerra en Europa?

No. Pero la de Ucrania es una guerra local, no europea. O bueno, con repercusiones económicas en Europa, pero no es una guerra como tal. O sea: no una como la que yo vi en mi infancia. Lo que pasa es que los rusos se han equivocado de tiempo. Hay cosas que ya no deben hacerse en este tiempo.

Antes de comenzar esta conversación me dijo que no nos olvidáramos de China.

Sí. Yo fui a China y un colega organizó lo que fue un diálogo de sordos. Porque no sabía lo que yo había escrito, no sabía nada y tuvimos una conversación ridícula en un festival literario. Es curioso que me hayan publicado a mí en China, sin éxito, pero me han publicado. Pero yo no conozco tanto China como sí conozco Japón. Es muy fácil viajar por Japón, está muy bien comunicado.

Nooteboom, en un momento de la conversación con Juan Cruz.

En este libro que acaba de publicar Siruela usted dice que su Japón es un Japón de libros…

Libros de poesía japonesa antigua, sobre todo. Cuando yo fui a Japón no había tanta gente que hablara inglés, así que no pude hablar con muchos porque yo no sé japonés. Pero los viajes a Japón me han gustado enormemente, ahí te dejan viajar tranquilo, ver monasterios… Así he comprendido un poco las cosas de Japón. Tú te comportas, tú pagas por entrar a sus sitios y te dejan tranquilo. Los japoneses son autosuficientes y no nos necesitan. Nos aceptan y son cordiales, pero… son gente muy ensimismada. Por eso, por ejemplo, yo sé más de España que de Japón. Porque hablo el idioma y porque hablo con su gente.

Dice que fue a Japón para ver si existía de verdad.

Sí [risas]. Encontré a gente muy amable, respetuosa con la naturaleza… O eso es lo que vi cuando fui, a mis cuarenta y pocos años. Hoy no sé qué habrá. Fui varias veces, hasta 2020. Ya no he vuelto. Ahora mis piernas ya no me dejan caminar… Yo ya no salgo más de 200 metros, ni aquí, en Menorca. Estoy en casa, salgo a mi jardín o voy a la farmacia y ya, se acabó mi excursión. Mi mujer sí se incorporó a la vida isleña. Yo estoy bien en casa.

También dice en el libro que publica Siruela que Japón no quiere ser comprendido.

Sí. Hay gente que quiere saber de Japón, pero los japoneses no están interesados en contar sus cosas. No es un país inaccesible para la gente de negocios, eso sí. Los japoneses están siempre abiertos a los negocios. Pero aquellos que vamos a saber de ellos no tenemos muchas posibilidades de hacer otra cosa que interpretar su historia, sus paisajes, su vida.

Entre las muchas frases que he subrayado de este libro tan japonés hay una en la que usted, después de contemplar un bello paisaje, se pregunta “¿qué espero?”

Es una pregunta que remite a lo que pasa en la vejez, cuando siente que ha ido adquiriendo ya una cierta (o falsa) eternidad.  

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