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El tren Vistadome a Machu Picchu / Cusco

Mi opinión

El tren Vistadome acerca los paisajes de la ruta a Machu Picchu de una manera única, logrando que sus pasajeros se sientan, de alguna manera, parte de la naturaleza que los rodea.

Además, en el viaje de retorno el Vistadome cuenta con un desfile de moda a bordo que le mostrará una exclusiva colección de baby alpaca con las últimas tendencias en prendas hechas en alpaca las cuales podrá adquirir si así lo desea y un show de baile en vivo, todo ello inspirado en la cultura milenaria de los andes. Cuenta también con un snack con ingredientes de la zona, para que el pasajero pueda ir viviendo la experiencia andina desde la gastronomía. Incluye también bebidas no alcohólicas para disfrutar a bordo.

Las salidas son todos los días con diversidad de horarios y frecuencias **.Tramo Largo (desde la Estación Poroy (Cusco) durante Mayo a Diciembre 2017 y desde la Estación Temporal Pachar durante Enero a Abril 2017


Hace unos días volví de nuevo a Machu Picchu, el destino que más gozo cuando se trata de viajar en tren por las alturas de mi país. En la estación de Poroy, a  20 minutos de la Plaza de Armas del Cusco, se inicia en esta época del año el viaje a la mítica ciudadela construida en tiempos de Pachacútec, el inca previsor, el gobernante del Tahuantinsuyo que más territorio logró tener bajo su yugo.

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Es bueno que sepan que la antigua estación de San Pedro es desde hace un buen tiempo una inmensa maestranza, un edificio administrativo que muchos visitan para adquirir los boletos para llegar con buen pie a Ollantaytambo, en el Valle Sagrado de los Incas, o al sitio arqueológico de Machu Picchu.

O acaso solo para mitigar la nostalgia.

Es que de esa estación frente al Mercado Central del Cusco partía el viejo ferrocarril que administraba ENAFER PERÚ, la empresa pública que se ocupó del tren Cusco-Machu Picchu-Quillabamba antes de que el servicio fuera concesionado por el Estado a la compañía que lo administra en la actualidad.

Mercado Central del Cusco. Foto tomada de Internet
Mercado Central del Cusco. Foto tomada de Internet

El Vistadome

Los directivos de Peru Rail, la empresa que opera desde entonces el tren a Machu Picchu, decidieron, con buen tino, iniciar el recorrido en la vecina estación de Poroy para evitar el moroso trayecto de sus unidades por el zigzag que había que tomar  para dejar atrás la ciudad imperial. Recuerdo a la perfección ese segmento intrascendente que invitaba al mareo y prolongaba más de la cuenta el tiempo de arribo a la ciudadela de Machu Picchu.

Además de la contaminación, sobre todo sonora, que provocaba.

A las ocho y veinticinco en punto de la mañana, ni un minuto más ni uno menos, el Vistadome, el tren con ventanas panorámicas y mucho confort que atiende principalmente a turistas, empieza su galope parsimonioso por los lomos de la cordillera. Me acompaña Alfredo del Castillo, supervisor de servicios turísticos de la empresa, cusqueño, amante de su tierra y desde hace doce años miembro del staff de Peru Rail. Antes de las preguntas del caso le cuento los pormenores de mi primer viaje en tren por esta misma ruta, con mucho menos años e idéntico palpitar en el corazón.

Recuerdos de otros tiempos

Entonces tenía diecisiete años y una terca e inexplicable convicción: debía conocer Machu Picchu a todo precio.

Y así fue. Me armé de valor, junté mis petacas y con tres de mis mejores amigos partí hacia el Cusco, un destino mítico, alejadísimo de casa, un territorio que ninguno de mis demás compañeros de colegio se atrevía a conquistar.

En la ciudad imperial mis amigos y yo nos enteramos de la existencia de un valle prodigioso en paisajes y pueblos por descubrir. Decididos a conocerlo tomamos un bus destartalado y no paramos hasta llegar a Pisac, la aldea en cuya plaza principal se alzaban los pisonayes que durante siglos dieron sombra a sus habitantes.

Escribiendo estas notas en uno de los cómodos vagones del Vistadome de Peru Rail.
Escribiendo estas notas en uno de los cómodos vagones del Vistadome de Peru Rail.

De Pisac pasamos a Taray donde una cofradía de hippies nos dio la bienvenida a un planeta que sigo frecuentando, donde la la hospitalidad y el lenguaje universal de los caminos, priman sobre cualquier otra cosa. De Taray, agradecidos y con miles de ideas nuevas, salimos hacia Ollantaytambo y de un solo trote nos deslizamos hasta Qoriwayrachina, en el kilómetro 88 de la vía férrea, el punto donde el tren dejaba a  los atrevidos peregrinos del Camino Inca a Machu Picchu.

Esos tres días por la el Inka Trail marcaron mi destino.Tenía diecisiete años y en mi bitácora viajera quedaron grabadas las notas de un viaje épico por la ciudadela de Machu Picchu, la llaqta sagrada de los Incas, la ciudad de piedra más extraordinaria del nuevo mundo.

He vuelto a Machu Picchu una y mil veces. Las primeras siempre en uno de los vagones del ferrocarril estatal que a punta de bramidos transportaba a media humanidad hasta su último destino: Quillabamba. Lo he comentado más de una vez, en esos trenes que se morían de agotamiento recibí mis primeras clases de sociología del Perú

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Alturas de Machu Picchu

Los vagones del Vistadome, en cambio, son pulcros, espaciosos, parecieran haber sido construidos para alojar a la familia real. En el tren que frecuenté durante mis primeras excursiones por el valle del Urubamba, las ventanas parecían claraboyas de un barco a punto de naufragar y los asientos crujían por el peso de sus ocupantes.

En éste, en cambio, puedo mirar  el paisaje al que me enfrento por las espaciosas ventanas que se prolongan hasta los techos del vagón que utilizo. Navegar sobre los rieles de un tren que se desplaza durante todo el viaje junto al verde maravilloso del río Urubamba no tiene precio. Las turistas chinas que se toman selfies a discreción se están perdiendo lo que yo veo: las montañas preñadas de nieve de la Cordillera de Vilcanota, una de ellas el apu Verónica, el Wakaywillque, de los gentiles que poblaron estas tierras y los pueblos campesinos que se alinean alrededor de la vía y los campos de cultivo y los caminos y las arboledas.

Alfredo me cuenta que el día anterior había nevado como antaño. Se nota, la frescura se siente en cada trazo de la postal que vislumbro…

Pero me he adelantado, antes de llegar a Huarocondo, ya habíamos tomado el snack que incluye el boleto y teníamos la libreta llena de apuntes. Peru Rail ofrece a los turistas de todo el mundo cuatro servicios con dirección a Machu Picchu: el Belmond Hiram Bingham, el PeruRail Sacred Valley, el Vistadome y el Expedition. Cada uno adaptado a los requerimientos de sus usuarios. Adicionalmente, la empresa ha habilitado un servicio de uso exclusivo de los residentes locales, cuya función es trasladar a los pobladores (y sus productos) de las seis comunidades que viven entre Ollantaytambo y Machu Picchu. Ellos pagan un boleto cuyo precio oscila entre los 2 y los 4 soles.

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Alfredo del Castillo, quechuahablante cuando la ocasión lo amerita, les responde en francés a unos turistas que preguntan todo. Han escuchado hablar de la basura que se produce en el Santuario Histórico de Machu Picchu y quieren saber cómo se está manejando el tema. Al parecer se trata de unos biólogos de paso por estas sierras encrespadas. Por él me entero que Peru Rail todas las madrugadas, en coordinación con la municipalidad local, traslada en un tren especialmente acondicionado la basura recolectada. Y que el año pasado, los trenes de la empresa lograron transportar 3560 toneladas de residuos sólidos.

Hemos llegado a Pachar, de allí provienen los lindos tapetes de hilo que adornan las mesas del Vistadome. Alfredo nos refiere que las mujeres de Pachar, Rumira y Piscacucho, tres comunidades campesinas de la zona que estamos recorriendo, son capacitadas permanentemente en el rescate del saber tradicional que se estaba perdiendo para que puedan, desde esa apropiación, introducir sus productos en el exigente mercado turístico.

Acabamos de arribar a la estación de Urubamba y ya empezamos el recorrido que nos llevará a Ollantaytambo, la parada donde habrá de subir el grueso de pasajeros que terminará la ruta con nosotros. En total se trata de un recorrido de 92 kilómetros que se llevan a a cabo en tres horas y media.

¿Habrás conocido a muchos famosos?, le preguntó a mi anfitrión. “Claro que sí, me responde, para nosotros todos son visitantes de lujo… pero si me preguntas por alguno en especial, me quedo con esta listita: Jim Carrey, Richard Gere, Gloria Trevi, Alejandra Guzmán, Claudio Pizarro…”

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Machu Picchu Pueblo

Entre Ollantaytambo y Machu Picchu Pueblo, la ruta se llena de verdes de tonos intensos. Estamos dejando atrás los valles típicamente andinos del distrito de Urubamba para ingresar al bosque tropical que envuelve al santuario. Hiram Bingham, el explorador de 1911, el “descubridor” de Machu Picchu, llegó a comparar  la geografía que empiezo a observar con la de su natal Hawai.

La experiencia Vistadome es única, inenarrable, repleta de elementos sensoriales que le brindan al pasajero la comodidad y descanso que necesita antes  de ascender a Machu Picchu y explotar de emociones.

Ni que se diga del retorno. Tuve la suerte de hacerlo nuevamente con Alfredo Del Castillo, magnífico cicerone, y gozar como un niño viendo las evoluciones de un sajra (un diablico salido de la imaginería de Paucartambo) que bailó y bailó entre los asientos poco antes del desfile de moda que nos había preparado la tripulación de Peru Rail.

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Linda experiencia, la voy a dejar para siempre en mi bitácora, el Vistadome es uno de #mislugaresfavoritos de ese Cusco inmortal que quiero tanto.

Buen viaje

Agosto de 2017

 

 

 

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