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Javier Marías y Pérez-Reverte: “A Cervantes lo consideraban un viejo idiota”

Mi opinión

Les dejo esta entrevista para que se relajen, si están en Perú, hoy que es día de elecciones. O sea de dudas y frustraciones. Si están por el mundo, buen domingo para todos. Arturo Pérez Reverte es uno de los escritores contemporáneos que más me gustan. De Marías, en honor a la verdad, sé poco, no lo he frecuentado como se debe. La entrevista que les propongo, corre bien, se nota que ambos son hombres de nuestro tiempo, compañeros de ruta.


Sobre una de las mesas del salón, Javier Marías (Madrid, 1951) acumula varias pistolas: un Colt, una Magnum, una Luger… Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) le regaló estos hierros en sucesivos cumpleaños. A la contra, Marías responde con primeras ediciones y antigüedades varias (un catalejo de ballenero del siglo XVIII, por ejemplo). Así dejan rastro de amistad entre ambos. De complicidad. De afecto.

Son dos escritores de mundo propio. Y si juntas su literatura, saldrían hasta antitéticos. Pero los dos acumulan una condición esteparia de distinto timbre que se acopla muy bien en la conversación, en la ironía y, a ratos, en la maldad que exige una charla sobre libros y literatura, política y redes sociales. Son miembros de la Real Academia Española (RAE). Uno (Pérez-Reverte) impulsivo, fibroso de conversación y de anatomía. El otro (Marías) fumador de tabaco lento, con una ironía que jamás se precipita. Ninguno acepta la ambigüedad como bujía, así que se exhiben en las respuestas sin temor a salir a lo bonzo de ellas. En sus respectivos dominios controlan la soledad y le tienen al éxito la cautela que exige cualquier destello de azar.

En los dos cabe un hedonismo de ritmo distinto. A uno le va el mar. Al otro la calma de tierra adentro. Son dos balizas de la literatura española de las últimas tres décadas y eso les llena de lectoras y les acumula enemigos. Tienen por capital de la gloria sus bibliotecas y por certeza la condición de que en la vida todo lo que no es placer es el peaje necesario de tantos daños colaterales. Ni cínicos ni desengañados: sólo escépticos. Dos horas de encuentro en casa de Javier Marías, en el centro de Madrid, con el sol en ese punto moscatel de las tardes bien acabadas. Aquí despliegan certezas, entusiasmos, desafectos. O la consagración de sus contradicciones.

Este año se cumple el cuarto centenario de las muertes de Cervantes y de Shakespeare. Mientras que en España los actos que conmemoran la fecha resultan casi inanes, en Inglaterra se han volcado con su autor. ¿Cervantes ha tenido mala suerte con este país?

Arturo Pérez-Reverte: Eso parece. Pero creo que el mejor homenaje a Cervantes es que no se le haga nada. El ‘Quijote’ es un libro sobre el fracaso, el olvido y la soledad del héroe en un mundo infame. Además, Cervantes murió pobre, ninguneado y fueron los extranjeros quienes le dieron el primer impulso internacional…

Javier Marías: Sobre todo los ingleses. De hecho, la primera traducción del ‘Quijote’ al inglés fue muy prematura. En 1612.

Pues por eso mismo este país queda reflejado como un territorio infame y desagradecido. Y es el mismo ahora que entonces. Por eso digo que el mejor homenaje a Cervantes, por desgracia, es que España siga siendo lo que es porque el ‘Quijote’ se entiende perfectamente al ver el país en el que vivimos ahora. La vileza, el desprecio a la gente noble y el reírse de sus causas, así como la toma de poder por parte de los infames, sigue siendo tan real y lamentable como en época de Cervantes.

Marías: A Arturo no le falta razón en lo que dice. Lo clásico de España ha sido maltratar a su mejor gente, sobre todo cuando están vivos. Cervantes no fue excepción y sufrió el maltrato de sus contemporáneos. Sólo al final de su vida obtuvo un gran éxito con el ‘Quijote’, pero eso incrementó el desprecio de los otros. Lo consideraban un viejo idiota que no había hecho nada hasta los 57 años. Aunque luego está eso otro tan propio de este país cuando la gente muere y deja de competir: loarlo. Por eso llama la atención que después de 400 años de la muerte del pobre don Miguel ni siquiera le valga estar muerto desde hace cuatro siglos. Da un cierto coraje contrastar lo que están haciendo en el Reino Unido con Shakespeare y lo que sucede aquí con Cervantes.

Reverte: Todos los gobiernos españoles han mantenido un desprecio por la Cultura, pero este del PP en los últimos cuatro años ha sido de agresión directa.

Marías: Puede ser, aunque en el caso de Cervantes no creo que haya desprecio. Lo que hay es una ignorancia brutal…

Reverte: Indiferencia, diría yo.

Marías: Indiferencia, también.

Reverte: Mientras un joven inglés ha crecido impregnado de Shakespeare con naturalidad, la sociedad española no quiere ser cervantina.

P.– Sois dos escritores aparentemente antitéticos, pero manifiestamente cómplices como lectores y amigos… Cómo explicáis algo así.

Pérez-Reverte: Mantenemos unas reglas no escritas. Nosotros, por educación, tenemos códigos, nos movemos con ellos y así cimentamos esta amistad.

Javier Marías: Es verdad que somos escritores muy distintos. A lo largo de nuestras largas carreras, la mía algo más larga porque empecé a publicar antes, tenemos intereses que no siempre han coincidido en cuanto a lo que escribíamos, pero nos criamos en la misma época con las mismas lecturas y películas. Pienso en Julio Verne, Melville, Stevenson, Paul Féval, Ballantyne… Algunos no trascendieron en la historia, pero es que cuando se es joven conviene leer de todo. Luego ya a los 14 o 15 años la cosa cambia y uno empieza a leer a Wilde, a Chéjov, a Goethe…

Arturo Pérez-Reverte y Javier Marías. Fotos: Jeosm

Pérez-Reverte: Es cierto que en la infancia y primera adolescencia tuvimos lecturas similares, pero llegó un momento en que Javier quiso ser escritor y yo quise vivir aquello que leía. Es decir, me fui a la guerra y él a la máquina de escribir.

Marías: Pero debo decirte que, en ese sentido, eres (o fuiste) algo más ingenuo que yo. En el sentido de que muy pronto leía con pasión novelas marítimas, pero me di cuenta de que estar en eso debía ser terrorífico. Arturo, al contrario, quería vivir en medio de la tempestad o del tifón.

Pérez-Reverte: En cualquier caso, nuestra amistad ha sido muy fácil gracias a esas primeras lecturas comunes.

P.– ¿Con el tiempo os ha acercado el hecho literario? Ambos vais muy a solas por la literatura, aunque de joven Marías formó parte del grupo del novelista Juan Benet mientras Pérez-Reverte andaba fuera de capillas literarias…

Pérez-Reverte: Pero Javier, dentro de ese grupo, también era un tipo muy independiente. Vivió ese mundo, aunque no de forma gregaria. Tenía varios motivos por los que distinguirse: era guapo, las chicas se le daban muy bien y era un deportista espectacular… No fue del grupo, sino que estaba en el grupo. Él continuó camino en solitario y aquí está. No necesitó estar respaldado por sus pares. Es un hombre que, como me sucede a mí, prefiere cazar solo.

Marías: Mis dos primeras novelas eran de aventuras. Luego me dio una cierta vergüenza y no quise hacer de mi escritura un pastiche de Conan Doyle, Henry James y Joseph Conrad… Es decir, no estaba en el experimentalismo que se llevaba en la década de los años 70.

Javier Marías y Antonio Lucas. Foto: Jeosm

P.– ¿Escribís ahora con más seguridad?

Marías: Cuanto más escribo más me cuesta hacerlo y más el comprender por qué hago novelas. Incluso por qué se hacen novelas. Una cosa es cómo empecé a hacerlas y otra es cómo sigo haciéndolas después de 45 años… Quizá porque ya no sirvo para nada más… Me siento generalmente algo más inseguro a cada libro…

Pérez-Reverte: Eso es pose.

Marías: No, de veras. A diferencia de ti, me cuesta escribir. Arturo te dice siempre: “Estoy con una novela que te va a encantar”. Pues qué suerte, yo no sé (sinceramente) si volveré a escribir otro libro cuando termino el último. Es verdad que parcialmente disfruto escribiendo, pero tengo mis inseguridades. Y eso es bueno para un escritor veterano como yo. Todos corremos el peligro de pensar que por el hecho de que sea yo quien escriba una novela eso la hace buena. Hay escritores que tienen un alto sentido de marca. En mi caso es lo contrario, cada vez que escribo una novela todo lo que he hecho antes no me sirve de nada. Eso me obliga a aplicarme.

Pérez-Reverte: En mi caso es al revés. Yo lo que he aprendido lo vuelco en la novela siguiente. Disfruto mucho de pensar lo que mañana voy a escribir. Llevo 30 años publicando y todo lo vivido y lo escrito intento que me sirvan, que sostengan de algún modo lo nuevo que voy a hacer. Soy un escritor seguro, pero no del éxito sino de mi trabajo.

P.– Ambos habéis ido escapando literariamente de vuestra propia obra. Es decir, de un libro a otro dais giros sin dejar de mantener una coherencia de mundo.

Pérez-Reverte: Podría haber estado haciendo ‘thrillers’ culturales como ‘El club Dumas’ hasta cansarme. Pero se trata de tocar registros nuevos, de adentrarse en otros territorios. Además, no miro el mundo como hace 20 años. Eso hace que uno asuma riesgos y se considere cada vez más libre hasta de sus lectores.

Marías: Pero ese caso es más tuyo que mío. En mis novelas hay una serie de obsesiones muy comunes que se repiten de una novela a otra: el secreto, la traición, el engaño, la imposibilidad de contar, el peligro de contar…

Pérez-Reverte: Claro, claro, pero me refería a la forma de abordarlos. Eso sí que cambia y te lleva a probar nuevas formas. Hemos ensayado fórmulas, estructuras, longitudes y tratamientos distintos. No has hecho ‘Corazón tan blanco’ veinte veces…

Marías: Pero a mí no me molesta la repetición en ese sentido, pienso en Faulkner o en Thomas Bernhard. Claro que se repiten de vez en cuando. Y qué. Si yo leo a Arturo lo que me apetece es reconocer que se trata de una novela de Pérez-Reverte… El material del que se nutre Shakespeare es el mismo del que beben las telenovelas más infames: traiciones, celos, infamias… Todo depende de cómo se traten esos temas.

Pérez-Reverte: En ese sentido, la gran novela popular de antes (Balzac, Dumas, Féval…) son las telenovelas de hoy para un público más popular. Y las series de televisión, para un público más culto. Si fuese hoy un joven escritor intentaría hacer ‘Borgen’, ‘Roma’ o ‘Vikingos’, incluso guiones para culebrones o videojuegos. El lector de novela popular se va replegando a ese territorio, no sé si estás de acuerdo.

Marías: La literatura popular parece gozar de mejor salud que hace unos años, incluso la novela romántica vive un auge desde hace unas dos décadas, y eso que parecía un género sepultado. Creo que aún hay gente leyendo esa literatura.

Pérez-Reverte: Hablo pensando en dos generaciones.

Marías: A ese plazo ya no sé…

Pérez-Reverte: Aunque no olvidemos que en España no hay más de 200.000 lectores.

Marías: Pues entonces, de vez en cuando, tú tienes más de los que hay. Ya me dirás de dónde los has sacado.

Arturo Pérez-Reverte y Javier Marías. Foto: Jeosm

P.– Algunos de vuestros lectores serán incluso enemigos… Arturo fue considerado durante años un polizón en el mundo de las letras y a Javier le cayó el ‘distintivo’ de “angloaburrido”. ¿Cuánto les debéis a los maledicentes?

Pérez-Reverte: Otra de las cosas que me une a Javier es que es valiente. Cuando tiene que pelear pelea; y si hay que sacar la navaja, la saca.

Marías: Como dijo Savater hace años, los enemigos son útiles. Algunos llegan a ser desagradables por insistentes u obsesivos, pero resultan muy estimulantes. He tenido en los últimos años la rendición de dos o tres de toda la vida y me sentí algo huérfano. Eso no me lo pueden hacer, hombre, a estas alturas. Querría que siguieran hasta el final porque ellos te incitan al combate y eso ayuda.

Pérez-Reverte: Yo paso mucho tiempo en el mar. Y el mar exige vigilancia porque es muy cabrón. Al ser tan perro te ayuda a sobrevivir porque evita que te duermas. Con los enemigos sucede igual: sabes que estás amenazado y entre ellos y tú sólo está tu espada. Todo eso te genera una actitud de vigilia permanente. Muchos buenos enemigos son una ayuda. Quien no tiene enemigos puede ser degollado en cualquier momento, pues duerme con los dos ojos cerrados. Pero no es nuestro caso. 

Marías: Aparte de eso, hay que tener un cierto ‘fair play’. Recuerdo en este sentido un verso de Emily Dickinson: “La publicación es la subasta/ de la mente del hombre”. Y algo de verdad hay en lo que dice. En el momento en que publicas cualquiera puede opinar. Lo preocupante sería gustar a todo el mundo.

P.– Ambos escribís en periódicos. ¿Qué suma esto a vuestra literatura? ¿Cómo veis ahora el oficio?

Pérez-Reverte: Quisiera dejar claro algo: no soy periodista. Lo fui durante una primera etapa de mi vida, pero ya no. Y no hago periodismo, sino columna de opinión. Ese es mi género. Fui un puto reportero de infantería que iba a contar la guerra, no a opinar sobre ella. Ahora tengo una página de opinión donde escribo y me desahogo. Aunque no para tener razón, sino para ofrecer una mirada particular sobre las cosas que me importan. Siempre como escritor. Cuando nadie arriesgaba una mierda y todo en este país era una delicia, este señor en su territorio y yo en el mío dimos algunos golpes en la mesa con ciertos artículos de prensa que nos proporcionaron unos cuantos enemigos extra… La palabra casta la utilicé ya en 1993.

Marías: Respecto a los periódicos, algunas firmas siguen gozando de cierto prestigio. Por ejemplo, Xavier Vidal-Folch, sobre todo en sus artículos de política. Otros a los que he seguido durante un tiempo se me han caído. Todos podemos estupidizarnos. El oficio del periodismo, además, implica cierto riesgo porque nada en él está garantizado. El que era inteligente puede convertirse en un idiota. Incluso puede, por ejemplo, que yo ya me haya convertido y nadie me esté advirtiendo lo suficiente… Los periódicos están algo confusos, pero siguen siendo validos por algunos nombres que escriben en ellos.

Pérez-Reverte: A mí me interesan tres o cuatro columnistas jóvenes que vienen con una mirada más limpia y renovadora.

P.– Eduardo Arroyo comentó hace unas semanas lo contento que estaba de que no haya Gobierno en España desde hace algunos meses…

Marías: No se puede estar permanentemente sin Gobierno, pero esos periodos interinos en los que no se conforma un consejo de ministro es tiempo agradable y de cierto descanso. El problema vendrá cuando no se puedan aprobar nuevas leyes o presupuestos, pero de momento me siento cómodo en esta situación de ahora.

Pérez-Reverte: No he notado diferencia entre que estén o no.

P.– ¿Y los nuevos partidos políticos, de qué son solución?

Pérez-Reverte: Me desagrada tanto la casta que son unos y otros que no me apetece envilecer esta conversación hablando de esa gente…  Al final los que son aupados por la sociedad de mierda en la que vivimos suelen ser los mediocres.

Marías: En un artículo reciente me refería a la corrupción, pero a propósito del asunto de los familiares que ocupan cargos en las instituciones. Hace poco me enteré de que la hermana de Rita Barberá era su jefa de gabinete. Me parece algo muy inconveniente. Pero es que los de Podemos andan igual, en pocos meses han metido en sus filas a parejas y ex parejas. En este sentido creo que no hay remedio porque no hay tanta diferencia entre unos partidos y otros.

Pérez-Reverte: Y a eso súmale el ofensivo analfabetismo generalizado en la política. Cuando aparecieron las nuevas formaciones tuve un momento de esperanza porque entendí que venían con ciertas lecturas. Sabían quién es Quevedo, Keynes o McLuhan, en contra de la casta parásita de los partidos mayoritarios. Pero al final sale la vieja condición humana en cuanto saborean el poder y ni siquiera con presuntos cultos nos salvamos.

P.– Dice Marías que cada vez se chapotea más en la lengua, ¿en este sentido, de qué vale la RAE?

Marías: Lo alarmante, más allá de lo que pueda hacer la RAE, es que son algunas personas cultivadas las que maltratan el idioma y hablan cada vez más como perros. Hasta los cultivados parece que ya no tienen un dominio de su propia lengua, como si ésta fuese algo que les sobrepasase. Y en esto la RAE no es muy eficaz.

Pérez-Reverte: Tampoco puede serlo porque es una institución notarial y no prescriptiva.

Marías: En la Academia hay algunos miembros un poco blandos a la hora de aceptar demasiado pronto entradas claramente incorrectas.

Pérez-Reverte: Es más, en la RAE sobresale la cobardía de algunos académicos. 

P.– Y ante las redes sociales también mantenéis una relación difícil de combinar. Uno las utiliza con asiduidad (Pérez-Reverte) y el otro las ignora (Marías)…

Pérez-Reverte: Para mí son una herramienta complementaria muy útil. Internet, a través de Twitter o Facebook, me permite mantener un contacto con los lectores. El problema es el de la descontextualización de lo que dices, aunque esos son daños colaterales.

Marías: Asomarme a ver qué dicen en las redes sociales no tiene sentido para mí. Además, la mayor parte de las personas con las que tendría que dialogar es gente con la que estoy seguro que no querría hacerlo si los conociera.

Pérez-Reverte: Está claro que no tienes ni idea de lo que es una red social…

Marías: Pues sí, dejémoslo… Digamos que para mí no existen.

P.– ¿Cuál es la próxima arma que regalarás a Javier Marías?

Pérez-Reverte: Un subfusil.

Marías: No, no. Para eso ya no tengo sitio.

P.– Y Marías responde a las armas regalando libros…

Marías: No sólo libros, también antigüedades. Por ejemplo, un catalejo de ballenero del siglo XVIII.

P.– Por último, sugerid una novela del otro.

Marías: ‘Hombres buenos’. Disfruté mucho de esta novela, muy lograda y nada fácil de hacer. Me sentí muy a gusto en compañía de sus personajes.

Pérez-Reverte: ‘Tu rostro mañana’. Una trilogía excepcional. Hay que tener cojones para meterse en esa aventura. Es un alarde narrativo poderoso donde está desplegada la galaxia literaria de Marías.

Arturo Pérez-Reverte y Javier Marías. Foto: Jeosm

10/4/2016

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