Mi opinión
Magnífico trabajo el de biólogo sanmarquino Raúl Bello, el director de la Estación Biológica Kawsay, en el Bajo Madre de Dios, un refugio científico en el interior de un bosque lleno de vida -y de primates- en la zona de amortiguamiento de la Reserva Nacional Tambopata que viene ofreciendo sus instalaciones y servicios a estudiantes, investigadores y a turistas de naturaleza detrás de experiencias vivificantes y con propósito. Bello Santa Cruz, limeño, que desde su arribo a la selva madrediosense -o maternitana como porfiamos en decir por aquí- ha venido desarrollando una larga tarea de rescate e investigación de los primates locales, en especial de los monos araña de cabeza negra (Ateles chamek), se embarcó hacia el 2017 ha gestionar una concesión de conservación sobre un área de 172 hectáreas que a la fecha se ha convertido en una OMEC, el novedoso estatus de conservación establecido durante la COP 14 en Sharm El Sheij, Egipto, con el propósito de enfrentar el descalabro ambiental protegiendo los espacios de biodiversidad fuera de los sistemas de protección convencionales. Por aquí, lo hemos dicho muchas veces, creemos firmemente en las inmensas posibilidades que tiene el Perú, y no solamente la Amazonía, para convertirse en un tremendo destino para la investigación científica y así dar cumplimiento a la meta 30 x 30 que las OMEC nos pueden llegar a alcanzar: tenemos decenas de estaciones científicas diseminadas a lo largo y ancho del territorio nacional, muchas de ellas, como la Estación Biológica Kawsay, gestionadas por emprendedores particulares. Y en cada una de ellas podríamos tener visitantes nacionales y extranjeros haciendo ciencia y ciencia ciudadana al servicio del futuro que nos merecemos.
Tomado de Inforegión
La concesión de conservación liderada por el biólogo Raúl Bello protege 172 hectáreas de bosque en la zona de amortiguamiento de la Reserva Nacional Tambopata. El área fue reportada como OMEC por su aporte a la conservación, el monitoreo de fauna y la investigación científica.
La Estación Biológica Kawsay, ubicada en Madre de Dios, fue reportada recientemente como una de las Otras Medidas Eficaces de Conservación Basadas en Áreas (OMEC), reconocimiento que visibiliza el trabajo de conservación desarrollado desde 2017 en 172 hectáreas de bosque amazónico. Esta área forma parte del corredor biológico de la zona de amortiguamiento de la Reserva Nacional Tambopata y aporta al cumplimiento de la Meta 30×30.
Detrás de esta iniciativa se encuentra el biólogo Raúl Bello, quien llegó a Madre de Dios en 2008 y desde entonces ha trabajado en proyectos vinculados al manejo de fauna, la investigación científica y la protección de la vida silvestre. Su labor se inició en el centro de rescate de la concesión de ecoturismo Taricaya Eco Reserve, espacio también reconocido por su aporte a la Meta 30×30.
Un corredor clave para la vida silvestre
La historia de Kawsay está vinculada al proceso de reinserción de monos maquisapa en el bosque. Estos primates habían dejado de avistarse durante años en el sector de Río Bajo de Madre de Dios, por lo que su retorno representaba un desafío para los equipos de conservación.
“Recuerdo que tenían el deseo de reinsertar monos maquisapa en el bosque. Estos animales dejaron de avistarse por el sector de Río Bajo de Madre de Dios hace mucho tiempo, sin duda era un gran reto que estaba dispuesto a asumir”, menciona Raúl.
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Durante el seguimiento de los monos reintroducidos, Bello identificó un área sin titularidad ubicada entre Taricaya Eco Reserve y la Reserva Nacional Tambopata. El espacio presentaba amenazas por tala y minería ilegal, pese a su importancia para la conectividad de la fauna silvestre en el corredor biológico de Tambopata.
“Los monos me permitieron llegar a este lugar y solicitarlo como concesión de conservación para proteger a la vida silvestre en el corredor biológico de Tambopata”, señala Bello.
En 2017, tras obtener la titularidad de la concesión, Raúl Bello dejó Taricaya y dio inicio a la Estación Biológica Kawsay. Las primeras acciones se concentraron en el linderamiento del área y el marcado de trochas, con el objetivo de ordenar el territorio, reforzar la vigilancia y proteger el hábitat de los monos reinsertados.
Ciencia, vigilancia y formación de investigadores
Desde su creación, Kawsay ha centrado su trabajo en la investigación científica y el monitoreo permanente de fauna y flora. Según la información proporcionada, la presencia constante en el área ha permitido que no se registren actividades ilegales dentro de la concesión.
Los trabajos científicos desarrollados en la estación han contribuido al descubrimiento de nueve nuevas especies para la ciencia. Entre los hallazgos figuran escarabajos acuáticos, mosquitas que viven en simbiosis con tarántulas y parásitos de murciélagos. Además, se prevé la publicación de nuevas especies de cucarachas.
La estación también cumple un rol formativo. Cada año otorga más de 15 becas a estudiantes peruanos para que puedan ganar experiencia de campo y desarrollar sus primeras investigaciones científicas. Entre los estudios recientes figuran investigaciones sobre la dieta de monos arañas reintroducidos en época seca y la diversidad de escarabajos asociada a estos primates.

Uno de los principales resultados de este trabajo es el seguimiento de la población reintroducida de monos maquisapa. Entre 2014 y 2026, a partir de un grupo inicial de ocho individuos reinsertados por Taricaya Eco Reserve, Bello ha registrado más de 26 nacimientos naturales en el bosque.
Aporte local a una meta global
La sostenibilidad de Kawsay también se apoya en visitantes que llegan al área para participar en experiencias vivenciales de conservación. Estas actividades están dirigidas a personas sin experiencia previa y sin límite de edad, que colaboran en las tareas diarias de la estación. Alrededor de 100 visitantes de distintas partes del mundo llegan cada año al bosque tropical amazónico mediante estos paquetes.
El reciente reporte de Kawsay como OMEC fortalece el reconocimiento de esta concesión como un espacio que contribuye a la conservación efectiva del territorio. Las OMEC permiten identificar áreas que, sin ser necesariamente áreas naturales protegidas tradicionales, cumplen funciones importantes para la biodiversidad.
“Este reconocimiento visualiza que estamos haciendo las cosas bien, nos permite buscar más fondos y apoyar la meta global 30×30”, comenta Raúl.
La Meta 30×30 es un compromiso internacional asumido por 196 países, incluido el Perú, para conservar y gestionar eficazmente al menos el 30% de las zonas terrestres, de aguas continentales, costeras y marinas del planeta antes de 2030.
Kawsay también forma parte del ecosistema frágil Sandoval, reconocido mediante el Decreto Supremo N.° 007-2020-MINAGRI. Desde Madre de Dios, la experiencia liderada por Raúl Bello muestra cómo una concesión de conservación, sostenida en ciencia, vigilancia y participación, puede aportar a un compromiso ambiental de alcance global.
