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Perro sin pelo: hallazgo en Castillo de Huarmey revela su desempeño en la cultura Wari

Mi opinión

Yo que he convivido con un perro sin pelo durante más de quince años me enteré bastante tarde, por un artículo publicado en la revista Somos, que el verdadero perro sin pelo del Perú -o el más valioso por decirlo de otra manera- es el individuo esa raza canina que tiene pelo. Verdad, sucede que al descartar al peludo de la camada de calatos los antiguos peruanos y sobre todo los de ahora fueron seleccionando, sin darse cuenta, al dejar con vida, vivitos y coleando, a los que presentan el gen que impide que los susodichos tengan pelambre. A los otros, a los peludos, a los chuchos de pelo en pecho y demás partes del cuerpo, los criadores los han dejado de lado sin saber que ellos, al no presentar el bendito gen de la peladez, son los que al cruzarse con los pelados de su raza perpetuán su particular y hermosísimo linaje canino. El artículo al que aludo lo hemos subido a este portal, búsquenlo, es buenísimo.

En fin. Digresiones aparte, les dejo está simpática nota sobre los sin pelo del tiempo de los Wari, los mismos que, según los estudios realizados por un equipo de arqueólogos peruano-polaco en los restos óseos de los viringos encontrados en el Castillo de Huarmey, vienen especulando sobre la utilidad que tuvieron durante al Antiguo Perú: para ellos en Huarmey los perros de esta historia no solo eran venerados por sus dueños como seres especiales, de allí su presencia en los entierros, si no que cumplieron funciones más pedestres al interior de sus sociedades: eran compañeros de caza de los runas de esta civilización, a veces, muchísimas veces, esforzados pastores y hasta carroñeros, es decir cumplidos servidores públicos de la baja policía estatal. Increíble todo lo que el desarrollo de la ciencia está permitiendo que sepamos sobre el pasado de nuestra especie y la de su fiel compañero. Linda semana para todos, #OtroMundoesPosible.


Tomado de agencia de noticias Andina

Una investigación arqueológica peruano-polaca en el Castillo de Huarmey, un centro ceremonial-administrativo y necrópolis de élite del Imperio Wari (600-1050 d. C.), revela que el perro sin pelo peruano no era tratado necesariamente como una mascota, sino que desempeñaba diversos roles sociales y económicos, y los restos encontrados allí ofrecen valiosas perspectivas sobre los sistemas de manejo animal en las antiguas culturas preíncas peruanas.

El estudio titulado “Las múltiples vidas de las especies compañeras: una investigación zooarqueológica e isotópica sobre restos de perros Wari del Castillo de Huarmey, Perú”, publicada en la Revista de Arqueología Antropológica, da cuenta que los roles de esta especie oriunda de Perú variaban desde perros de caza o pastores hasta compañeros o carroñeros ignorados. 

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Muchos de estos canes, llamados viringos fueron enterrados entre humanos, lo que sugiere importantes funciones ideológicas. “El conjunto examinado incluye también tres individuos identificados provisionalmente como el perro sin pelo peruano, una raza andina autóctona reconocida como parte del patrimonio cultural del Perú”, señalan Weronika Tomczy, Milosz Giersz, Wieslaw Wieckowski, Roberto Pimentel Nita y Claire E. Ebert, autores de la investigación. 

Este estudio sostiene que las osteobiografías e isobiografías de los perros sin pelo en la cultura Wari revelan no solo su dependencia de los humanos, sino también complejas relaciones entre especies y el enfoque económico de los Wari en los recursos ambientales locales

El Imperio Wari

El Imperio Wari es reconocido como la primera gran entidad política panandina  que se formó en las tierras altas del actual departamento de Ayacucho y se expandió por gran parte del Perú actual durante el Horizonte Medio (aproximadamente en 600-1050 d. C.). 

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Esta expansión sin precedentes propició la creación de nuevos centros administrativos y la modificación de los asentamientos existentes, aunque la naturaleza precisa del gobierno imperial Wari en sus provincias sigue siendo objeto de intenso debate. 

“En los yacimientos Wari se encontraron animales, incluidos perros, pero reconstruir su papel exacto dentro de la sociedad Wari ha resultado complejo. Al parecer, el registro del conocimiento sobre los animales no fue tan importante para las élites Wari como la transmisión de mensajes simbólicos centrados en su religión, rituales y poder político. En consecuencia, nuestro conocimiento sobre los animales del período Wari proviene principalmente de las representaciones zoomorfas conservadas en la cultura material Wari y de los restos biológicos de animales que pasaron al menos parte de su vida en los yacimientos Wari”, sostienen los autores del estudio.

El Castillo de Huarmey

El Castillo de Huarmey es el complejo arqueológico ubicado en el extremo sur de la costa norte peruana, en las afueras de la ciudad de Huarmey, aproximadamente a 4 kilómetros al este de la costa del Pacífico.

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“Desde 2010, la expedición arqueológica polaco-peruana ha llevado a cabo investigaciones sistemáticas en el lugar, revelando evidencias de un importante centro administrativo y funerario Wari. Desafortunadamente, el saqueo del sitio tras el terremoto de 1970 provocó la mezcla de capas de depósitos de huesos de animales, pertenecientes principalmente a camélidos sudamericanos e interpretados como ofrendas funerarias y desechos posconsumo”, refiere el artículo científico.

Perros sin pelo en el Castillo de Huarmey

La presencia de perros sin pelo peruanos en el Castillo de Huarmey está respaldada por tres líneas de evidencia. La primera, artística, es la menos abundante; las ricas ofrendas funerarias de una tumba de élite intacta y de los entierros de artesanos de élite incluían numerosos vasos y textiles decorados, aunque solo uno representaba a un perro, una efigie antropomórfica sentada de un perro sin pelo peruano que sostenía un objeto que se asemejaba a un instrumento musical. 

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La segunda línea de evidencia consiste en escasas pero extendidas marcas de roeduras caninas observadas en 58 especímenes de camélidos, que representan el 0,4% del conjunto faunístico del complejo norte analizado hasta la fecha.

La tercera y más directa evidencia son los propios restos faunísticos de perros, descritos en detalle en este estudio.

El equipo de investigación se centró en el conjunto completo de restos óseos de perros excavados en el complejo norte del Castillo de Huarmey durante las temporadas de excavación de 2010 a 2025. 

Estos restos incluyen huesos de perros de estratos mixtos saqueados y, en algunos casos, huesos asociados a individuos específicos enterrados en el mausoleo principal o en un palacio adyacente. Cabe destacar que un cachorro (de menos de 4 meses) fue enterrado con el Maestro Cestero en la Galería de los Artesanos de Élite. Un esqueleto parcial de un perro adulto acompañó el entierro de un adolescente en el contexto palaciego, mientras que los restos de otro cachorro fueron enterrados con el llamado «individuo XY», un guardián masculino encontrado en posición sentada fuera de la cámara principal sellada del mausoleo

También se investigó en dos conjuntos de restos totalmente articulados o parcialmente articulados encontrados en la Unidad 20 adyacente, un sector al noroeste del complejo funerario principal que carecía de arquitectura monumental.

El primer conjunto de restos de perro consiste en un cráneo de cuerpo pequeño momificado naturalmente, pintado con cinabrio con mandíbula. Tenía orejas conservadas, piel de la cabeza desnuda y pérdida de dientes post mortem, con ausencia congénita de dientes mandibulares. El cráneo fue recuperado de desechos mixtos, aunque su depósito original pudo haber sido en el complejo norte.

El segundo conjunto corresponde a un esqueleto de perro momificado naturalmente al que solo le faltaban las extremidades inferiores delanteras (debajo de los húmeros). Este individuo fue recuperado de una fosa poco profunda sin ofrendas funerarias. Se trataba de un macho adulto sin pelo (identificado por el hueso báculo) con ausencia congénita de los dientes posteriores. Los demás dientes se habían perdido antes de la muerte y presentaban un desgaste avanzado. Una datación por carbono 14 del hueso calcáneo produjo una fecha temprana del Horizonte Medio, en algún momento entre los años 688 y 870 d.C.

En total, se recuperaron 341 huesos de perro, así como restos momificados de forma natural casi completos de un perro macho. El número exacto de huesos de los restos momificados de forma natural fue difícil de determinar debido a su excelente estado de conservación, pero probablemente ascendió a unos 280 elementos. La mayoría de los huesos de perro procedían de contextos mixtos, pero 27 huesos de cachorro parcialmente articulados fueron enterrados con el Maestro Cestero, 7 huesos de un perro adulto parcialmente articulado fueron enterrados en el palacio, y 84 huesos de un esqueleto parcial de cachorro fueron enterrados con el guardián macho.

Conclusiones del estudio

Los análisis zooarqueológicos e isotópicos de los restos óseos de perros del Castillo de Huarmey revelaron que estos animales acompañaban a los humanos en diversas rutinas cotidianas. 

“Nuestros hallazgos sugieren al menos tres formas distintas en que estos perros convivían con los humanos: se desplazaban con camélidos, actuaban como carroñeros oportunistas y, si se trataba de perros sin pelo peruanos, podrían haber sido compañeros muy cuidados durante su desarrollo temprano. El singular patrón de alimentación observado en las crías de perros sin pelo peruanos, similar a la ingesta de plantas por parte de los niños, podría indicar una cría organizada anterior a la presencia de los Wari cerca de la costa norte”, argumentan los investigadores.

“Reconocemos que nuestra muestra de tres animales sin pelo confirmados es pequeña, y se necesitan más datos para respaldar la noción de cría estructurada, pero la presencia del perro sin pelo peruano en Castillo de Huarmey se ve respaldada además por el hallazgo de una vasija antropomorfizada que representa a un perro sin pelo peruano. Esta raza es la única domesticada claramente representada dentro del canon hibridado del arte Wari, y esta representación cerámica puede sugerir el significado simbólico único de los perros sin pelo peruanos como ocupantes de la división ontológica entre lo domesticado y lo salvaje”, afirman.

Finalmente, consideran que los roles sociales de algunos perros de Castillo de Huarmey no terminaban con su muerte; tras su fallecimiento, sus restos eran colocados deliberadamente en entierros humanos, mientras que otros eran desechados. “Los perros de Castillo de Huarmey estaban intrínsecamente ligados a las rutinas diarias y a los eventos ceremoniales especiales que daban forma a la vida en el asentamiento Wari. Además, los resultados demuestran la variabilidad en las actitudes e intenciones humanas hacia los animales”, concluyen.

Para conocer la publicación en detalle, ingresar aquí.

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