Mi opinión
Otro accidente trágico en el Huascarán, lamentable. La muerte de Andrés Regueira, estudiante de derecho en Santiago de Chile y bombero voluntario en sus tiempos libres, así como la desaparición de los tres muchachos que siguen perdidos desde el 14 de julio en el mismo nevado y, por cierto, también el accidente que cobró la vida de un porteador local que formaba parte de uno de los equipos que trataba de hallar a los deportistas extraviados, nos vuelve a mostrar los componente de una constante que estamos en la obligación, como colectivo, de controlar: el acceso masivo (la palabra que uso puede ser exagerada) a las rutas que conducen a las cumbres de las montañas más extremas de la Cordillera Blanca por deportistas sin tanta experiencia. Y en una época, además, de descongelamientos exagerados y visibles en nuestros nevados y súbitos cambios en el clima cordillerano.
Ojo, no estoy aludiendo necesariamente a los chicos accidentados, no, me refiero a los tantos grupos de montañistas que intentan ascender hacia objetivos de la Cordillera Blanca prácticamente inalcanzables para noveles (el Huascarán, sin duda, es uno de ellos) por rutas de escalada complejas, muy técnicas, solo aptas para deportistas extremos y trejos en estos avatares.
Lo he comentado en redes con diferentes personas, algunas de ellas montañistas de larga data que saben muy bien los riesgos que corre todo escalador en la búsqueda de sus pasiones. Uno de estos riegos, por cierto, el tener que enfrentarse a un accidente que podría causarle la muerte. Hace unos días diez montañistas de renombre, algunos de ellos conocidísimos guías sherpas, perdieron la vida en el Broad Peak, uno de los catorce ochomiles del planeta. Como me dijo uno de los lectores de esta plataforma: son gajes del oficio, más bien saludemos que cada vez hay más montañistas detrás de sus sueños.
Es cierto.
Y eso es precisamente lo que hay que cuidar, reglamentando con propiedad la actividad: en otras palabras, tratando de organizarnos para que el territorio que los montañistas y turistas utilizan para “vivir sus sueños” se respete, se le considere como lo que es, un bien común que debe ser cuidadosamente gestionado. Como todos los demás bienes comunes que nos van quedando en este planeta al borde del estallido. Y gestionarlo adecuadamente significa, entender que en ese territorio se vienen realizando desde hace mucho tiempo actividades económicas que envuelven a miles de personas: porteadores, guías, hoteleros, restaurantes, agencias de viaje, proveedores de equipos, tour operadores, transportistas, rescatistas, tíasveneno, etcétera, etcétera, etcétera. Una red, compuesta por pobladores locales, hijos de esas montañas a las que se quiera abrazar desde sus cumbres, que mejoran sus condiciones de vida gracias a una industria que podría ser detenida si es que no la cuidamos.
Estoy convencido de que hay que regular éste y todos los demás deportes extremos de este país ideal para la práctica de casi todos. Regular no significa estatizar, confiscar, nacionalizar. Regular significa, pienso y los someto a sus opiniones, organizar, normar, poner, de común acuerdo, las mejores condiciones para que las cosas funciones… y que no cunda el libre albedrío.
Lo vengo pensando hace tiempo. Aquí copio una glosa del 2018 en esta misma plataforma:
“No voy a discutir los riesgos que supone el tratar de intimar más de la cuenta con las montañas del planeta. Caer al vacío, ser arrastrado por una avalancha, morir de la peor forma es parte del paquete que decidieron hacer suyo los que han hecho de los ascensos a las cumbres y las hazañas imposibles pan de cada día.
Es así. La muerte anda agazapada detrás de cada grupo de montañistas que parten en busca de su destino. Ellos lo saben. En Cordillera Blanca, especialmente, la desaparición de una cordada o el accidente trágico de algún escalador solitario es cosa de todos los años. Mis amigos montañistas de Huaraz no se cansan de despedir cada temporada a un compañero caído en la ruta.
Ese fue el caso de Jaime Quintana en julio pasado. El experimentado y muy técnico montañista fue arrastrado por un alud de nieve en el Alpamayo a medidos de julio. Con él perdieron la vida dos deportistas más: un británico y un esloveno. Semanas antes dos mexicanos habían corrido idéntica suerte –o mala suerte- en el Artesonraju. El año anterior dos chilenos y un ruso dejaron sus vidas en el nevado Pirámide. No menciono más: la relación de accidentes en la montaña es interminable.
El de hace unos días, sin embargo, el que tuvo como epílogo la muerte de tres montañistas catalanes y un guía nacional, Rubén Darío Alva., pareciera agregarle al riesgo que trato de describir algunos elementos adicionales. Uno, el intentar hacer cumbre en fecha tan singular como enero, mes de lluvias, deslizamientos a granel y poco, casi ningún tránsito en los caminos. Dos, tratar de hacerlo desde la más peligrosa inexperiencia, desdeñando los cuidados que se debe tener aún en cumbres relativamente seguras: “No éramos deportistas de élite, lo ha admitido a la prensa de su país, Pablo Belmonte, el único de la cordada que sobrevivió de milagro, sino montañeros hippies”.
Y tres, es menester empezar a mencionarlo en voz más alta, sin tener clara conciencia de las transformaciones que están ocurriendo en las montañas –sobre todo en las de la Cordillera Blanca- como consecuencia de los cambios en el clima global. Cambios que implican fragilidad y pérdida de las coberturas nevadas, deslizamientos, avalanchas, de todo.
No digo más, solo soy un simple espectador tratando de entender lo sucedido para evitar tragedias como las del nevado Mateo. Qué la resignación y los buenos recuerdos acampen en casa de los montañistas fallecidos”.
Tomado de El Mercurio de Santiago de Chile
Conmoción existe en la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica por la muerte de Andrés Regueira Solo de Zaldívar, el chileno que cayó desde 900 metros en el nevado Huascarán, la montaña más alta de Perú, ubicada en la región de Áncash. El joven tenía 21 años y cursaba tercero año en la casa de estudios. «El alumno, que ingresó en 2024, sufrió un lamentable accidente en Perú, mientras escalaba el nevado Huascarán. Desde la facultad, el decano, Gabriel Bocksang, manifestó su pesar y entregó sus condolencias a la familia y amigos», informaron.
Por su parte, el decano comentó que «una partida tan temprana e inesperada nos conmueve profundamente. Quisiera pedirle a toda la comunidad Derecho UC que estemos unidos en oración por Andrés, por su familia, sus amigos y sus seres queridos. En particular, quisiera también agradecer por la entrega constante que Andrés nos brindó como estudiante».
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Reguerira también era era bombero y formó parte de la compañía de Chicureo, la que lo despidió con emotivo mensaje. «Agradecemos los momentos vividos junto a él y el tiempo que nos regaló. Queremos acompañar a su familia y amigos en este difícil momento, en especial a su hermano, nuestro voluntario Pablo Regueira enviándoles todo nuestro amor, apoyo y cariño», comentaron. De acuerdo a sus publicaciones en redes sociales, Regueira mostraba ascensos y expediciones en distintos puntos de la cordillera, incluyendo sus recorridos más recientes en Perú. Entre ellos aparecían registros de Chacraraju y el Nevado Pisco, dos reconocidas cumbres ubicadas en el departamento de Áncash y frecuentadas por montañistas de todo el mundo.
El sobreviviente
En la misma expedición que Regueira estaba Michael Millán, de 31 años, quien reside en Concepción, era amigo del fallecido y logró descender por sus propios medios hasta un refugio cerca de la Laguna Llanganuco para pedir ayuda. En conversación con La Estrella de Concepción, Álvaro Ocampo, integrante del Club de Montaña Rauc, explicó que la escalada alpina técnica exige mucho más que las habilidades necesarias para ascender montañas de menor complejidad.
«La escalada alpina técnica no es solo saber técnicas de marcha generales, como una ascensión simple a volcanes como el Antuco o el Lonquimay. Debes conocer el uso de cuerdas y también saber reaccionar frente a situaciones complejas, como el accidente de un compañero al que debes rescatar», señaló. Respecto de Millán, Ocampo afirmó que «actualmente tiene manejo, conocimiento y muchísima experiencia en montaña». Agregó que, si bien comenzó a practicar esta disciplina de manera autodidacta, «en el último tiempo sí se estuvo capacitando bastante».
Más datos.
- Tras la alerta enviada el martes 4 de agosto por el sobreviviente Michael Millán, las labores en la montaña se iniciaron a primera hora del miércoles 5. El operativo fue liderado por una brigada de 18 especialistas de la Asociación Socorro Andino Peruano en trabajo conjunto con efectivos del Departamento de Policía de Alta Montaña (DEPPAM) de la PNP.
- El cuerpo de Andrés fue localizado y recuperado alrededor del mediodía del miércoles 5 de agosto a una altitud extrema en la cara noreste del Huascarán Norte.
- El rescate demandó maniobras de alta exigencia técnica debido a la pronunciada pendiente de la ruta Gusher, caracterizada por la alta exposición a desprendimientos de rocas y las bajas temperaturas extremas.
- Tras ser extraído de la pared de la montaña, el cuerpo fue descendido hacia la zona de base y remitido a la morgue institucional de Huaraz para efectuar las autopsias e investigaciones legales de rigor exigidas por la fiscalía peruana.
- El Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile (Cancillería) indicó que, a través del Consulado General de Chile en Lima, se activaron las gestiones de apoyo a la familia del joven para coordinar el traslado y los trámites de repatriación del cuerpo a Santiago.
