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BIOEne 2026: explorar para conocer, conocer para conservar.

Mi opinión

Fabuloso. Stefano Cárdenas, joven conservacionista peruano y explorador asociado al Grupo Viajeros, está de regreso luego de los varios días de inolvidables trajines, caminatas y navegaciones por el territorio asháninka de la selva central, uno de los tesoros más extraordinarios en biodiversidad y culturas vivas que existen (y siguen resistiendo) en nuestro país y que por cierto Stefano conoce como pocos. La expo BIOEne 2026, su opera prima en materia de aventuras científicas y recorridos por la naturaleza indómita del Perú, la realizó con Thibaud Aronson, científico francoestadounidense de larga y muy prolífica trayectoria por estos y otros parajes de ensueño que nos van quedando. La sociedad Cárdenas-Aronson sigue dando frutos mágicos y nosotros no tenemos otra cosa que celebrarlo y agradecerlo. Las siguientes son las primeras notas de campo que dan cuenta de un proyecto científico cuyas conclusiones van a dar muchas luces para el entendimiento de una porción de nuestra patria única y extraordinaria. Gracias por tanto, compañero y mucha suerte en lo que viene…


Por Stefano Cárdenas, líder de la expedición BIOEne 2026.

Vivimos en una época en la que resulta fácil creer que el mundo ya ha sido completamente explorado. Los satélites cartografían cada rincón del planeta, los sistemas de información geográfica permiten observar desde el espacio el curso de los ríos y la cobertura de los bosques, y la tecnología nos hace pensar que ya no quedan vacíos por descubrir. Sin embargo, esa percepción desaparece en cuanto uno decide abandonar el mapa y caminar dentro del bosque.

La verdadera exploración ya no consiste en colocar una bandera sobre un territorio desconocido. Hoy significa recorrer paisajes donde la biodiversidad continúa siendo un misterio para la ciencia, documentar especies cuya distribución aún no ha sido completamente comprendida y generar información que permita tomar mejores decisiones para la conservación. Explorar también significa escuchar a quienes han convivido durante generaciones con esos ecosistemas y comprender que el conocimiento científico y el conocimiento tradicional no compiten entre sí; por el contrario, se complementan y fortalecen mutuamente.

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Esa fue la razón por la que, junto al ornitólogo francés Thibaud Aronson, decidimos emprender BIOEne 2026, una expedición concebida desde la sociedad civil con un objetivo claro: realizar un levantamiento preliminar de la biodiversidad del margen oriental del río Ene, enfocando nuestros esfuerzos en el estudio de las aves, uno de los grupos biológicos más importantes para comprender el estado de conservación de un ecosistema amazónico.

Nuestro destino fue una región que, pese a albergar una extraordinaria riqueza natural y cultural, continúa siendo poco conocida desde el punto de vista científico. Durante varias semanas recorrimos las comunidades nativas de Cutivireni, Tsyapo, Pajonal y Parijaro, además de desarrollar trabajo dentro de la Reserva Comunal Asháninka, caminando por bosques primarios, quebradas y senderos que diariamente recorren las comunidades indígenas y los guardaparques encargados de proteger uno de los territorios mejor conservados de la Amazonía peruana.

«La verdadera exploración ya no consiste en colocar una bandera sobre un territorio desconocido. Hoy significa recorrer paisajes donde la biodiversidad continúa siendo un misterio para la ciencia».

Desde el inicio comprendimos que esta expedición no podía limitarse únicamente a registrar aves. Nuestro propósito era generar información científica, pero también demostrar que la exploración continúa siendo una herramienta capaz de conectar a investigadores, instituciones, comunidades y ciudadanos alrededor de un mismo objetivo: conocer para conservar.

El bosque siempre tiene algo que enseñar

Cada día comenzaba mucho antes del amanecer. Mientras el valle del Ene permanecía cubierto por la neblina y el río avanzaba silenciosamente entre las montañas, iniciábamos nuestros recorridos aprovechando las primeras horas de actividad de la avifauna. Quienes trabajan en ornitología saben que el bosque habla desde muy temprano. Antes incluso de que la luz alcance el dosel, los primeros cantos comienzan a revelar la presencia de especies que, de otro modo, permanecerían completamente ocultas entre la vegetación.

Equipados con binoculares, cámara fotográfica y equipos de georreferenciación, recorrimos distintos tipos de bosque registrando vocalizaciones, observaciones directas y evidencias fotográficas que contribuirán a los futuros transectos de observación. Cada especie registrada representa mucho más que un nombre dentro de una lista. Constituye una pieza de información que permitirá comprender mejor la distribución de la biodiversidad, identificar áreas prioritarias para la conservación y fortalecer el manejo de los espacios naturales protegidos.

Sin embargo, conforme avanzaban los días entendimos que el mayor aprendizaje de la expedición no provenía únicamente de las aves. Provenía de las personas.

Cada conversación con los guardaparques, cada caminata junto a los comuneros Asháninka y cada historia compartida alrededor de una mesa nos recordaban que la conservación nunca ha sido una tarea exclusivamente científica. Durante generaciones, las comunidades indígenas han construido una relación profunda con el bosque, desarrollando conocimientos sobre la fauna, los ciclos del río, la estacionalidad de los frutos y el comportamiento de innumerables especies. Escuchar esas experiencias resultó tan enriquecedor como cualquier jornada de observación en el campo.

Fue entonces cuando comprendimos que BIOEne debía aspirar a ser algo más que una expedición científica. Debía convertirse en un espacio de intercambio de conocimientos, donde la investigación académica y la experiencia de quienes habitan el territorio pudieran encontrarse con respeto y aprender una de la otra.

Thibaud Aronson es un ornitólogo y naturalista enfocado en la educación ambiental, la investigación biológica y la conservación de la biodiversidad en ecosistemas tropicales.

Cuando la ciencia sale del bosque y conversa con las personas

Uno de los aspectos que más satisfacción nos dejó durante BIOEne 2026 fue comprobar que la exploración puede trascender el trabajo de campo y convertirse en una herramienta de educación ambiental. A medida que avanzábamos por el margen oriental del río Ene, encontramos la oportunidad de compartir nuestros conocimientos con quienes dedican su vida a proteger estos territorios y con quienes los consideran su hogar desde hace generaciones.

Desarrollamos conversatorios y capacitaciones con los guardaparques del Parque Nacional Otishi y de la Reserva Comunal Asháninka, intercambiando experiencias sobre biodiversidad, monitoreo biológico y observación de aves como herramienta para comprender mejor el estado de conservación de los ecosistemas. Del mismo modo, tuvimos el privilegio de reunirnos con comuneros y jóvenes de Cutivireni, Tsyapo, Pajonal y Parijaro, generando espacios donde hablamos sobre la riqueza biológica de su territorio, la importancia de conservarla y el enorme potencial que representa para las futuras generaciones.

En ningún momento pretendimos enseñar desde una posición de superioridad. Todo lo contrario. Llegamos con la intención de compartir lo que sabemos, pero también con la disposición de aprender. La ciencia necesita escuchar a quienes viven en el bosque, así como las comunidades merecen acceder a la información científica que se genera sobre sus propios territorios. Ese intercambio de conocimientos constituye, probablemente, una de las formas más efectivas de fortalecer la conservación a largo plazo.

Para nosotros, esa fue la mayor enseñanza que dejó BIOEne 2026. La exploración ya no puede entenderse únicamente como una actividad destinada a descubrir nuevas especies o ampliar el conocimiento científico. También debe servir para inspirar, educar, fortalecer capacidades locales y recordar que la biodiversidad solo podrá conservarse si las personas comprenden el inmenso valor del patrimonio natural que las rodea.

La sociedad civil también tiene el deber de explorar

Con frecuencia se piensa que las grandes expediciones científicas son exclusividad de universidades, centros de investigación o instituciones con presupuestos millonarios. Sin embargo, la historia demuestra lo contrario. Muchos de los aportes más importantes para el conocimiento de la biodiversidad han nacido gracias a la iniciativa de exploradores, naturalistas, fotógrafos, investigadores independientes y ciudadanos convencidos de que todavía existen preguntas por responder.

BIOEne nació precisamente bajo esa convicción. Desde el principio entendimos que no era suficiente esperar a que alguien más recorriera estos bosques o generara la información que tanto necesitan nuestras áreas naturales protegidas. Si queríamos contribuir a la conservación del valle del Ene, debíamos asumir la responsabilidad de salir al campo, observar, registrar y compartir aquello que el bosque estuviera dispuesto a enseñarnos.

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La participación de la sociedad civil en la investigación científica no pretende reemplazar el enorme trabajo que realizan las universidades, el Estado o las organizaciones dedicadas a la conservación. Por el contrario, busca convertirse en un complemento que fortalezca esos esfuerzos. Cuando instituciones públicas, comunidades indígenas, investigadores independientes y ciudadanos trabajan con un objetivo común, los resultados trascienden cualquier logro individual. La conservación deja de ser una responsabilidad exclusiva de unos pocos para convertirse en una causa compartida.

Estoy convencido de que el Perú necesita recuperar esa cultura de la exploración. Somos uno de los países con mayor diversidad biológica del planeta y, paradójicamente, todavía existen regiones donde el conocimiento científico continúa siendo limitado. Cada expedición responsable representa una oportunidad para llenar esos vacíos de información, fortalecer la gestión de nuestras áreas naturales protegidas y despertar el interés de nuevas generaciones de investigadores que comprendan que aún queda muchísimo por descubrir.

Sternula superciliaris. Gaviotín de pico amarillo o charrancito amazónico.

El bosque también se protege compartiendo conocimiento

A medida que avanzábamos por las comunidades de Cutivireni, Tsyapo, Pajonal y Parijaro, comprendí que el mayor valor de una expedición no siempre se encuentra en los datos que uno registra en la libreta de campo. Muchas veces reside en las conversaciones que surgen al finalizar una caminata, cuando los binoculares descansan sobre la mesa y comienza el intercambio de experiencias con un buen pajo de piarentsi (masato) entre quienes observan el bosque desde perspectivas distintas.

Cada reunión con los guardaparques del Parque Nacional Otishi y de la Reserva Comunal Asháninka confirmó la enorme importancia del trabajo que realizan diariamente. Ellos conocen el territorio como pocos, recorren senderos durante semanas, enfrentan condiciones extremadamente exigentes y constituyen la primera línea de defensa de algunos de los ecosistemas mejor conservados del país. Compartir con ellos experiencias sobre monitoreo biológico, observación de aves y biodiversidad fue tan enriquecedor para nosotros como esperamos que lo haya sido para quienes participaron en estos espacios de diálogo.

De la misma manera, conversar con los comuneros Asháninka nos permitió comprender que la conservación no puede construirse únicamente desde la ciencia. El conocimiento tradicional continúa siendo una fuente invaluable de información sobre la dinámica del bosque, el comportamiento de la fauna y las transformaciones que el territorio ha experimentado a lo largo de las últimas décadas. Escuchar esas historias significó reconocer que la experiencia acumulada por quienes habitan el Ene constituye un patrimonio tan importante como la propia biodiversidad que buscamos estudiar.

Uno de los momentos que más nos motivó fue compartir actividades con niños y jóvenes de las comunidades visitadas. Ver el entusiasmo con el que observaban por primera vez un ave a través de un binocular o escuchaban cómo un simple canto puede revelar la presencia de una especie difícil de observar nos recordó que la educación ambiental sigue siendo una de las herramientas más poderosas para construir una verdadera cultura de conservación. Quizá dentro de algunos años sean ellos quienes lideren nuevas investigaciones, administren sus territorios o inspiren a otras personas a valorar la riqueza natural que hoy tienen frente a sus ojos.

Explorar para conservar: una responsabilidad compartida

Al regresar de una expedición, muchas personas preguntan qué fue lo más difícil del viaje o cuál fue la especie más extraordinaria que logramos observar. Son preguntas naturales, pero con el tiempo he comprendido que no representan lo verdaderamente importante. El mayor valor de una expedición no siempre se encuentra en una fotografía excepcional, en una lista de especies o en los kilómetros recorridos. Su verdadero significado radica en la posibilidad de generar conocimiento, compartirlo con otras personas y contribuir, aunque sea de manera modesta, a que los bosques tengan un futuro.

BIOEne 2026 me confirmó algo que había aprendido durante años de trabajo en distintas áreas naturales protegidas del país: la conservación no puede depender exclusivamente del esfuerzo de las instituciones públicas ni de la comunidad científica. Tampoco puede recaer únicamente sobre las comunidades indígenas que han protegido estos territorios durante generaciones. La conservación debe convertirse en un compromiso compartido, donde investigadores, guardaparques, autoridades, empresas, organizaciones civiles y ciudadanos comprendamos que todos tenemos un papel que desempeñar.

Con demasiada frecuencia discutimos sobre la importancia de proteger la biodiversidad cuando una especie se encuentra amenazada o cuando un ecosistema comienza a desaparecer. Sin embargo, pocas veces hablamos de la necesidad de conocer aquello que aún permanece poco estudiado. Resulta imposible proteger lo que desconocemos. Cada vacío de información representa una oportunidad perdida para comprender mejor nuestros bosques, tomar decisiones fundamentadas y anticiparnos a los desafíos que enfrenta la naturaleza. La exploración científica continúa siendo la primera etapa de toda estrategia seria de conservación.

El valle del río Ene nos recordó precisamente eso. A pesar de su extraordinaria riqueza biológica y cultural, todavía existen innumerables preguntas esperando respuesta. Cada sendero recorrido, cada quebrada explorada y cada conversación sostenida con los habitantes de Cutivireni, Tsyapo, Pajonal y Parijaro confirmó que este territorio aún guarda información invaluable para la ciencia y que el conocimiento solo puede construirse mediante un trabajo conjunto entre investigadores y comunidades.

Espero que BIOEne 2026 sea recordado no únicamente por los registros obtenidos durante el levantamiento preliminar de la avifauna, sino por haber demostrado que la exploración moderna puede convertirse en una plataforma para integrar ciencia, educación ambiental y participación ciudadana. Nuestro objetivo nunca fue realizar una expedición para unos pocos especialistas. Desde el inicio quisimos demostrar que la investigación científica puede acercarse a las personas, despertar curiosidad, inspirar nuevas vocaciones y fortalecer el sentido de pertenencia hacia uno de los patrimonios naturales más importantes del Perú.

Construir puentes entre quienes cuidan e investigan el bosque y quienes lo habitan desde siempre, esa ha sido otro de los objetivos de BIOEne 2026. Buen trabajo, muchachos…

Estoy convencido de que el futuro de la conservación dependerá cada vez más de nuestra capacidad para construir puentes. Puentes entre el conocimiento académico y el conocimiento tradicional. Entre las áreas naturales protegidas y las comunidades que las rodean. Entre las instituciones públicas y la sociedad civil. Entre quienes investigan el bosque y quienes lo habitan desde hace siglos. Solo mediante esa alianza será posible enfrentar los enormes desafíos que amenazan la Amazonía y asegurar que las futuras generaciones hereden un territorio tan diverso y extraordinario como el que hoy tenemos la responsabilidad de proteger.

BIOEne continuará recorriendo nuevos territorios, impulsando investigaciones y promoviendo espacios de educación ambiental, porque creemos firmemente que explorar sigue siendo un acto de responsabilidad. Cada expedición representa una oportunidad para descubrir, aprender y compartir; pero, sobre todo, representa una oportunidad para recordar que la naturaleza necesita mucho más que admiración. Necesita personas dispuestas a conocerla, comprenderla y actuar en favor de su conservación.

El Perú continúa siendo uno de los países más biodiversos del planeta. También es uno de los que posee mayores vacíos de información sobre su patrimonio natural. Esa realidad, lejos de desalentarnos, debería inspirarnos. Porque mientras exista un bosque por recorrer, una especie por documentar, una comunidad con la cual aprender o un joven dispuesto a descubrir la naturaleza que lo rodea, la exploración seguirá teniendo sentido.

Y mientras la exploración tenga sentido, siempre existirá una nueva razón para conservar.

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Nada de esto habría sido posible sin el esfuerzo colectivo

Aunque BIOEne 2026 nació como una iniciativa impulsada desde la sociedad civil, esta expedición es el resultado de la confianza y el compromiso de numerosas personas e instituciones que comprendieron el valor de generar conocimiento sobre uno de los territorios más importantes de la Amazonía peruana.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a la Municipalidad Provincial de Satipo por respaldar iniciativas que promueven la investigación científica y la conservación de la biodiversidad en la provincia. Del mismo modo, extiendo mi reconocimiento a la Gerencia del Ambiente por el firme compromiso que viene demostrando con la protección del patrimonio natural de Satipo. La decisión de institucionalizar la Subgerencia de Servicios Ambientales y Reserva de Biosfera constituye un importante paso para fortalecer la gestión ambiental y garantizar la continuidad de las acciones orientadas a la conservación de la Reserva de Biosfera Avireri-VRAEM. Su permanente apoyo a iniciativas como BIOEne demuestra que la articulación entre las instituciones públicas, la sociedad civil y las comunidades locales es fundamental para impulsar proyectos que generan conocimiento, promueven la educación ambiental y contribuyen al desarrollo sostenible del territorio.

Mi gratitud se dirige también al Ing Carlos Barrientos jefe del Parque Nacional Otishi y al Ing David Cárdenas jefe de la Reserva Comunal Asháninka, por abrirnos las puertas de estos espacios de enorme importancia para el país y por la disposición permanente de sus equipos para facilitar el desarrollo de las actividades programadas. Su trabajo cotidiano representa uno de los pilares más importantes para la conservación de la Amazonía central.

Abrazamos de manera muy especial a los jefes de las comunidades nativas que nos recibieron con hospitalidad y confianza. A Jaime Velásquez, en Cutivireni; Luciano Aventi, en Tsyapo; Roger Chinchay, en Pajonal; y Adolfo Chinchay, en Parijaro. Más allá de permitir nuestro ingreso, nos brindaron algo mucho más valioso: su tiempo, su confianza y la oportunidad de comprender mejor la realidad de sus comunidades. Ninguna expedición puede aspirar a generar un impacto positivo si no establece relaciones basadas en el respeto, el diálogo y el reconocimiento del liderazgo de quienes habitan el territorio.

Finalmente, quiero expresar un reconocimiento especial a Bungalows El Palmiche, en Satipo, que durante toda la expedición se convirtió en nuestra base de operaciones. Su apoyo logístico, su hospitalidad y su compromiso permanente con BIOEne fueron determinantes para que esta iniciativa pudiera desarrollarse con éxito. Detrás de cada jornada de campo existe un enorme esfuerzo de planificación y coordinación que muchas veces permanece invisible, pero que resulta indispensable para que una expedición científica pueda alcanzar sus objetivos.

Todos los artículos y reportajes de Stefano Cárdenas aquí.

«Explorar también significa escuchar a quienes han convivido durante generaciones con esos ecosistemas y comprender que el conocimiento científico y el conocimiento tradicional no compiten entre sí; por el contrario, se complementan y fortalecen mutuamente».

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