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Samaca: Alberto Benavides y el oasis que transforma la costa peruana con llamas y agricultura sostenible

Mi opinión

Donde no había mucho Alberto Benavides Ganoza, citadino antes de militar en el campo de la agroecología y los caminos contrarios a la modernidad combi, ha logrado sembrar de imposibles el erial de Samaca, en Ica, para transformarlo en un vergel lleno de vida, repleto de productos propios de las tierras que se apretujan entre los Andes y el mar. En su fundo agroecológico, me cuentan, prosperan los pallares, el algodón, las aceitunas de los frondosos olivos que comparten espacio con huarangos, molles y taras; también las uvas, los zapallos, las paltas, las pecanas, el trigo, el maíz, las hortalizas. Y por si fuera poco, en sus pagos pacen las llamas que en un inicio se trajeron de Lircay, en Huancavelica, y las abejas, que polinizan todo lo que pueden, producen una miel de buena ley y otros derivados. La agroecología y el respeto a los ciclos del agua al servicio de la gente de los entornos y del planeta: el proyecto de vida en común que intenta demostrar que el agro, bien tratado, puede seguir siendo una alternativa económica para los habitantes del mundo rural.

De Benavides sé un poco, se trata de un educador y filósofo que desde hace más de cuarenta años -el fundo ecológico Samaca empezó a gestarse en 1995- se dedica a la gestión cultural, la poesía, la reforestación, el patrocinio de la literatura y el arte, la innovación, las quimeras. En 1995 fundó la Escuela Libre Puerto Huamaní y en el 2002 puso andar, el un viejo solar del balneario de la Huacachina, la Biblioteca Abraham Valdelomar. Hace muy poco, además, logró que el Estado le otorgara una concesión para conservación sobre un área de 6349 hectáreas de lomas y tillandsiales en los distritos de Ocucaje y Santiago.

Voy a tratar de llegar muy pronto a Samaca, me debo ese viaje de reconocimiento de una experiencia revolucionaria en el desierto más terco de esta parte del planeta.


Tomado de la revista Cosas

Samaca, un rincón verde en el árido desierto de Ica, es el testimonio de la dedicación de Alberto Benavides Ganoza por transformar un desolado paisaje en un oasis sostenible. Entre las diversas iniciativas de Benavides, la repoblación de llamas en la costa se convirtió en uno de los logros más notables, un esfuerzo que involucró a estos camélidos andinos en las tareas agrícolas y revitalizó una tradición casi perdida en la región.

El oasis de Alberto Benavides Ganoza es un refugio para la fauna y flora autóctonas en el desierto de Ica.

La crianza de llamas en el desierto de Ica

En 2010, Benavides dio inicio a un proyecto único que marcaría el regreso de las llamas a la costa peruana. Desde la época colonial, estos animales, esenciales en la cultura andina, habían desaparecido de la región costera. Con la llegada de cuatro ejemplares traídos desde Lircay, en la sierra de Huancavelica, Samaca se convirtió en el único lugar de la costa del Perú donde estos camélidos son criados.

En la actualidad la manada ha crecido a más de 50 llamas, todas adaptadas al desértico ambiente de la costa. Estos animales son una atracción turística y desempeñan un rol fundamental en las prácticas agroecológicas de la región. Los excrementos de las llamas se utilizan como abono natural en las tierras de cultivo, ayudando a fertilizar el suelo y promoviendo un ciclo agrícola más respetuoso con el medio ambiente. Además, la lana de las llamas es utilizada en los telares de Samaca, contribuyendo a la producción de prendas artesanales que mantienen viva la tradición textil andina.

Su iniciativa logró la repoblación de llamas, un camélido tradicionalmente asociado a los Andes, y el fomento de una agricultura orgánica que respeta y promueve la biodiversidad.

Este esfuerzo fue exitoso en términos de repoblación de llamas y también contribuyó al fortalecimiento de la identidad cultural local. Cada año, en agosto, Samaca celebra el llamatinkuy, un ritual andino que reúne a la comunidad para rendir homenaje a las llamas a través de música, danzas y celebraciones, continuando la tradición huancavelicana con gran orgullo.

En agosto de este año, celebrarán el llamatinkuy, un ritual andino con música y danzas, continuando la tradición huancavelicana, según una publicación en sus redes sociales.

Un enfoque agroecológico innovador

El proyecto de Samaca forma parte de un compromiso más amplio con la agricultura sostenible. Alberto Benavides cultivó diversas especies, como pallares, frejoles, maíz y aceitunas, en armonía con el ecosistema local. La estrella del proyecto es el cultivo de olivos, con una cosecha de más de 130 toneladas. Su enfoque ecológico se extiende a los cultivos y a la producción de alimentos como el aceite de oliva extra virgen, aceitunas secas y en salmuera.

La agricultura en Samaca es un claro ejemplo de agroecología, donde la producción de alimentos se realiza respetando los ciclos naturales y utilizando prácticas que minimizan el impacto ambiental. La forestación intensiva con especies nativas como huarangos, molles y tara ha contribuido significativamente a la recuperación de la biodiversidad en la región, ayudando a regenerar el ecosistema costero y proporcionando refugio y alimentación para la fauna local, incluyendo las llamas.

Fotografía de Samaca hace casi 30 años, en 1995.

Samaca en 2024, después de décadas de trabajo de reforestación con huarangos.

En 2024, la iniciativa de Benavides recibió un importante respaldo institucional cuando el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR) otorgó la concesión para la conservación de las Lomas y Tillandsiales de Amara y Ullujalla, un área de 6349 hectáreas de tierras costeras protegidas que incluye valiosos ecosistemas de plantas y animales nativos..

Este terreno es un área de gran importancia ecológica, particularmente por la presencia de los tillandsiales, plantas adaptadas a los climas desérticos. Estas plantas son características de los desiertos costeros de Perú y Chile, y dependen de la neblina que llega desde el Océano Pacífico para sobrevivir. Ayudan a purificar el aire al capturar dióxido de carbono, lo que contribuye a la lucha contra el cambio climático. Además, estas plantas son una fuente de alimentación para la llama.

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“El compromiso de nuestra empresa es asegurar la protección de este espacio por los primeros 30 años del contrato y continuar promoviendo la investigación científica para resaltar la importancia de estos ecosistemas poco conocidos”, expresó Benavides, reafirmando su compromiso con la preservación del medio ambiente.

La concesión tiene una extensión de 6349 hectáreas y se ubica en el departamento y provincia de Ica, en los distritos de Ocucaje y Santiago.

Entre otros proyectos, desde hace 20 años, se produce miel de abejas en 80 colmenas manejadas por el experto técnico Eddy Felipa. Las abejas se alimentan de una variada floración nativa, como chilcos, toñuces y huarangos, lo que otorga a la miel un sabor distintivo y muy apreciado por quienes la prueban.

Además, en el fundo orgánico Salcedo, se cultivan 400 plantas de pecanos y varias de paltos de las variedades fuerte y Hass. También se han sembrado naranjos y mangos, contribuyendo a la diversidad de productos agrícolas. La harina de pecanas, obtenida de la cosecha, se utiliza en conservas y en la elaboración de pasta pura de pecanas, un ingrediente innovador y nutritivo.

¿Quién es Alberto Benavides Ganoza?

Educador, poeta, escritor, agricultor y difusor de las artes y letras peruanas, nacido en Lima en 1949. Hijo del empresario minero Alberto Benavides de la Quintana, decidió en 1995 abandonar su vida en la ciudad para dedicarse a la agricultura y la conservación en el desierto de Ica. “Soy un fugitivo de la ciudad”, expresó Benavides durante una entrevista en 2015 con el fallecido Marco Aurelio Denegri.

A lo largo de los años, Alberto transformó su vida y el paisaje que lo rodea, convirtiendo Samaca en un modelo de agroindustria sostenible y respeto por el medio ambiente.

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