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Tras los pasos de Tintín en el Templo del Sol. Se cumplen 80 años del inicio de la aventura del audaz viajero eterno

Tomado de La Vanguardia de España

Un flequillo rubio apunta al cielo. Su dueño mira al horizonte con el asombro pintado en el rostro y un cuenco entre las manos. Camisa blanca, jersey celeste, bombachos color caramelo. La figurita reposa para la foto sobre una roca, con el Huayna Picchu –la emblemática montaña del Machu Picchu– al fondo… Tintín ha regresado al templo del Sol.

Este año se cumplirán 80 del inicio de la publicación por entregas de la aventura. Tintín en el Templo del Sol continuaba la historia de Las siete bolas de cristal. El joven reportero belga acudía al puerto del Callao, en Perú, para rescatar al profesor Tornasol de una banda de secuestradores. Lo acompañaban en su misión los fieles Haddock y Milú, junto a un joven quechua llamado Zorrino que les servía de guía. Tras la pista de su amigo científico, llegaban a una antigua ciudad inca oculta entre las montañas. Ahí Tornasol, Haddock y Tintín acabarían atados sobre una pira, prestos para un sacrificio…

Una historieta inspirada en la maldición de la tumba de Tutankamón y que prefiguraba ya los motivos oníricos y místicos de Tintín en el Tíbet, ilustrada con detalle a partir de una serie de grabados. Hergé, el autor, los consultó del libro Perú y Bolivia: una extensa obra en que el explorador, arqueólogo y diplomático Charles Wiener recogía las observaciones y experiencias de su expedición de tres años (1875-1877) por ambos países.

Las viñetas reflejan básicamente tres sitios históricos. Tres escenarios en que cualquier tintinólogo podrá sumergirse en la famosa aventura andina…

El templo del Sol de Machu Picchu (Perú)

Página 56 de Tintín en el Templo del Sol:  cinco guardias incas escoltan al protagonista y al capitán Haddock. A su izquierda, se observan las ruinas de una ciudadela. Pues bien: esa torre redondeada con ventanas trapezoidales que se erige frente a la pira funeraria es uno de los puestos más icónicos del Machu Picchu: su templo del Sol.

Tiene una estructura singular, en forma de semicírculo y con una ventana orientada al solsticio de invierno austral. En esa fecha –alrededor del 21 de junio– los primeros rayos del día iluminaban ciertos elementos sagrados del interior. El hecho es que este edificio servía como observatorio astronómico y también como templo religioso. 

Para los incas, el astro rey era Inti, su deidad más importante. Conocían con precisión los movimientos del sol… De modo que parece poco creíble que Tintín lograra engañarlos con un eclipse. Es más: en el álbum, la luna cruza por delante del sol de izquierda a derecha, cuando en el hemisferio Sur debería hacerlo en sentido inverso. Hergé supo de su error por la carta que le mandó un niño.

Bajo la torre existe una cueva tallada que podría haber sido un lugar de entierro para la nobleza. De hecho, el templo del Sol se hallaba en el centro de poder de la ciudadela: junto al palacio Real y la plaza Sagrada.

Sacsayhuamán

Esta monumental construcción de más de 3.000 hectáreas tenía como objetivo la protección de Cuzco. Si la antigua capital inca tuvo en su momento el perfil de un puma, Sacsayhuamán correspondía a la cabeza. El sitio se encuentra a apenas dos kilómetros de la ciudad, en una colina rodeada de montañas.

Era una fortaleza-santuario donde se presume que decenas de miles de adoradores acudían a rogar al dios sol. Su construcción requirió el esfuerzo de unas 20.000 personas a lo largo de 40 años y aún es un misterio cómo lograron levantar tales estructuras. Algunas de las rocas calizas que las conforman superan los cinco metros de altura y las 125 toneladas. Y pese a sus formas irregulares, están perfectamente ensambladas y bien pulidas a base a de agua, arena y piedras más duras para generar abrasión.

El elemento más impresionante es el muro principal que, diseñado en zigzag, se extiende centenares de metros. Pero el conjunto alberga también restos de torreones, espacios ceremoniales, anfiteatros, túneles, almacenes y conductos para la distribución de agua. De todos modos, hoy se conserva apenas una quinta parte del complejo que impulsó en el siglo XV el inca Pachacútec. 

Los conquistadores españoles arrasaron las estructuras y reutilizaron sus materiales para levantar casas e iglesias. Por cierto: durante la toma de Sacsayhuamán (1536), uno de los hermanos de Francisco Pizarro, Juan, recibió una pedrada que le provocaría la muerte días después.

Tiahuanaco (Bolivia)

En pleno desierto, en la orilla sur del lago Titicaca, se encuentra el recinto arqueológico más importante de Bolivia. Tiahuanaco fue la capital de una misteriosa civilización que durante más de 1.500 años se expandió por Sudamérica no a golpe de conquistas, sino gracias a su influencia política, cultural y religiosa. Su desaparición fue igual de sorprendente: el imperio se desmoronó en cuestión de pocas décadas, a partir del siglo X.

Los restos de la ciudad, que se extienden por unas 600 hectáreas, dan idea de su antiguo esplendor. Todos los templos y monumentos estaban orientados según criterios astronómicos. Destaca entre ellos la puerta del Sol que daba acceso al recinto ceremonial de Kalasaya: un monolito de tres metros de ancho por cuatro de alto presidido por la talla de un Señor de los báculos. Esta deidad es la que inspiró el dibujo que abre y cierra el álbum de Tintín en el Templo del Sol.

Otras estructuras remarcables son la puerta de la Luna –de menores dimensiones–, la pirámide de Akapana –18 metros de altura– y varios monolitos antropomorfos. Además, llama poderosamente la atención de los visitantes el sector de la puerta del Puma (Puma Punku) con sus bloques de piedra tallados en forma de H. Se supone que formaban muros o plataformas monumentales. Se sospecha que en su época dorada, esta zona estaba decorada con cerámicas de tonos brillantes y grandes placas de metal.

Las dos momias que ilustran la portada de Tintín en el Templo del Sol pertenecen a la cultura chancay, que se desarrolló en Perú entre los años 1000 i 1470. Hergé también las dibujó a partir del libro de Charles Wiener. En la actualidad, se pueden contemplar momias chancay en varias colecciones públicas y privadas del país. Por ejemplo, en el Museo Larco y en el Nacional de Arqueología, Antropología e Historia. Ambos, en Lima y a poca desancia una de otra.

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