En kayak para ver ballenas en la Antártida

Texto Michelle Carrere. Testimonio y fotos Luis Turi para Mongabay Latam

Mi opinión

El encuentro entre un grupo numeroso de ballenas y turistas producido en la Antártida hace unos días, que han relatado Michelle Carrere y Luis Turi con comprensible emoción a Mongabay Latam, nos debería dejar muchas lecciones: la primera, que es posible alentar una industria turística alrededor de estos colosos sin perturbar sus medios de vida.

La segunda, que la sostenibilidad de esa actividad tan delicada debe sustentarse en protocolos técnicos, bien elaborados, y en la adecuada supervisión y vigilancia de los organismos competentes, sean estos nacionales o, como es el caso de la Antártida, supranacionales.

La tercera, y aquí vuelvo al asunto que menciono cada vez que me ocupo del turismo de avistamiento, es que resulta fundamental entender que los protagonistas del encuentro que hemos apurado son las especies que hemos ido a buscar y que a ellas les toca aceptar, o no, nuestra presencia.
Finalmente, como dice el tour conductor que dirigió al grupo de visitantes en la Antártida, son las propias ballenas las que deberían venir a avistarnos, no nosotros.

En fin, les dejo la nota; ese es el camino que nos toca transitar en Órganos con “nuestras” ballenas –que son las mismas que avistan en la Antártida los turistas que llegan hasta Ushuaia para embarcarse mar adentro- y las tortugas de El Ñuro y el norte peruano.

Cuando un grupo de kayakistas se encontraba remando entre los hielos de la Antártida, dos ballenas vinieron hacia ellos y comenzaron a nadar y a jugar, suavemente, entre los kayak. Las 12 personas quedaron mudas. Se quedaron ahí, en silencio, escuchando nada más que el sonido del agua y la respiración de las ballenas que asomaban sus cabezas, como saludando, y sacaban del agua sus enormes colas.

Mongabay Latam conversó con Luis Turi, unas de las personas que estuvo presente en este inusual avistamiento de ballenas. Guía turístico en la Antártida y habitante de Ushuaia, en la Patagonia argentina desde hace 25 años, “es la primera vez que me pasa algo tan impresionante” dice.

¿Cómo llega alguien a estar, en un kayak, en medio de la Antártida? ¿Cómo funciona ese turismo?

Casi toda la industria del turismo en Antártida tiene base en Ushuaia. Mucha gente local trabaja con los buques y yo soy uno de ellos. Los viajes que se hacen a la Antártida son de 10 días o de 20 días y las empresas ofrecen, además de los desembarcos para ver los atractivos que tiene Antártida, como las colonias de pingüinos por ejemplo, actividades complementarias. Una de esas es el kayak.

En el barco donde voy yo, hay un grupo de 16 personas que bajan a remar y nosotros nos ocupamos de organizar todo ese servicio.

 

¿Cómo fue que ocurrió la interacción con las ballenas?

Ese día era un día raro. Casi todos los pasajeros habían ido en zodiac a hacer un crucero, se fueron lejos, así es que ese día éramos 12 en kayak. Era un día que pintaba ser un bajón porque estaba todo nublado, medio neviscando.

De pronto vimos una ballenas que estaban como a tres kilómetros. Estaban comiendo en la típica actitud en la que sacan la cola y se van para abajo.

¿Eso lo hacen cuando están comiendo?

Claro. Cuando están comiendo hacen inmersiones verticales. Van al fondo y después ascienden girando para concentrar los peces o el krill en un lugar y al final abren la boca y engullen todo. Ahí inmediatamente sacan el lomo, porque giran, y se zambullen otra vez en la vertical. En ese momento es cuando sacan la cola.

Entonces vimos eso y nos empezamos a acercar. Cuando estábamos como a un kilómetro, las ballenas desaparecieron. Dijimos “¡oh, que bajón!”, pero de pronto aparecieron al lado nuestro.

Ese día más que avistamiento de ballenas, fue avistamiento de humanos porque ellas vinieron a vernos a nosotros.

Foto: Luis Turi

¿Y qué pasó luego?

Nos quedamos quietos ahí. Yo tenía miedo en un principio porque las normas para el avistaje de fauna dicen que no te puedes acercar más de 30 metros de las ballenas. Pero bueno, en esta situación las ballenas vinieron a nosotros. Al principio tratamos de movernos, de alejarnos, pero ellas estaban ahí.

Yo tenía miedo también por la seguridad… de que alguien se fuera al agua.

Son tan grandes que podrían haber desestabilizado el kayak, ¿no?

Exacto. Pero fue increíble la suavidad con la que se movieron todo el tiempo. En el video se puede ver una que saca la cabeza, se zambulle y pasa a dos centímetros del kayak que está adelante. Y mueve la aleta así… grande como el kayak mismo. ¡Mide cinco metros la aleta!

¿Cuánto tiempo duró todo eso?

Las ballenas estuvieron con nosotros casi dos horas.

 

¿Y qué decían ustedes? ¿Había comentarios?

Nadie dijo nada. Solo se escuchaba el sonido del movimiento del agua con las inmersiones y la respiración de las ballenas.

Al principio tuvimos todos un poco de miedo y después fue un flash total. Toda la gente estaba en silencio.

Ese viaje fue superfuerte porque no hubo nada después que pudiera superar esto. Fue un impacto… fue muy heavy, muy lindo, la verdad es que yo nunca había vivido una experiencia así tan fuerte.

Había estado cerca de ballenas, pero es la primera vez que me pasa algo tan impresionante.

Me pasó en Groenlandia, el año pasado, que una ballena chocó con un kayak. Estábamos entrando a una bahía donde íbamos a instalar el campamento y vemos que había una ballena dando vuelta adentro. De pronto la ballena sale hacia delante de dos kayak y se los llevó puestos. Los chocó con el lomo, pero fue un accidente. La ballena no nos vio.

¿Qué haces en Groenlandia?

Allá también trabajo con una compañía que organiza viajes y yo guío expediciones en kayak. Son diferentes a Antártida porque son en autonomía, es decir, vos cargás todo tu equipo. Llevamos todo lo que necesitamos dentro del kayak: la comida, las tiendas, las ropas, equipo de cocina, todo eso. Son viajes de una y dos semanas. Es que en Groenlandia hay población, hay pequeños pueblos, se pueden hacer caminatas, hay flora…

Antártida es muy desolado, no hay nada y el hielo es masivo. Lo cubre todo, absolutamente todo.

Foto: Luis Turi

¿La gente que va a esas expediciones tiene que ser experimentada?

Tiene que ser gente con cierta experiencia, pero no expertos. No deja de ser un producto turístico. Hay que estar dispuesto a curtirse un poco, pero todo está planeado y planificado para que alguien que no es un experto pueda realizar la actividad.

En Antártida la empresa pide que tengas cierta experiencia. La Antártida no es un lugar para tener una primera experiencia porque no deja de ser un sitio extremo. Toda la actividad se hace con un traje seco, el agua está a casi cero grados, el clima puede cambiar en dos minutos, entonces está bueno tener al menos una noción de cómo funciona el kayak, no aprender ahí.

Además de las ballenas ¿qué otro tipo de fauna se ve?

En la Antártida no hay mucha biodiversidad, pero si hay mucha biomasa entonces hay colonias de pingüinos donde hay 100,000 – 200, 000 parejas. Encontrás muchas focas de diferentes especies, hay aves, petreles, albatros, mucho tipos de aves que van a alimentarse en verano. Se ven orcas, ballenas. Es el paraíso de las ballenas porque van ahí a alimentarse. Todas las que pasan su invierno en la zona de Ecuador, Chile y Perú, las ballenas de Puerto Pirámides, en la península de Puerto Valdés en Argentina, algunas del Sur de África, todas esas ballenas bajan a la Antártida en verano para alimentarse porque ahí hay masas de krill muy importantes. Luego van a reproducirse a la zona más ecuatorial. Entonces hay lugares donde encontrás grupos enormes de ballenas.

 

¿Qué especies son más abundantes?

La más abundante es la Jorobada, pero también hay ballena Franca, ballena Azul, ballena Minke. Las que estuvieron con nosotros el día de los kayak son Jorobadas.

Cómo funciona la gestión del turismo en Antártica para que no sea perjudicial para toda esa fauna.

La Antártida es un territorio que está regulado por el Tratado Antártico. Es un territorio internacional, donde todos los países miembros del Tratado Antártico regulan su gestión y tiene normas superestrictas para el desarrollo de actividades.

Todas las compañías que trabajan en Antártida están asociadas a la International Association of Antartica Tour Operators y responden a un manual de procedimiento, del Tratado Antártico, que regula cómo se deben hacer las actividades. Las normas dicen, por ejemplo, que cada sitio de desembarco tiene una ficha con las condiciones particulares de visita. No se puede desembarcar en cualquier lado, no se pueden bajar más de 100 pasajeros al mismo tiempo, la visita nunca se puede extender más de cuatro horas. Depende de lo que haya en el sitio de interés, hay épocas del año en que ese sitio está cerrado. Por ejemplo, en la época del apareamiento de los pingüinos y cuando ponen los huevos, no se puede visitar las colonias para no generar estrés en los animales.

Después hay sitios que tienen una carga establecida, es decir, que puede recibir tantos pasajeros entre media noche y media noche. Entonces no pueden ir más de uno o dos buques al día, cosas así.

Foto Portada: Luis Turi

Artículo original:  Ballenas en Antártica nadan a centímetros de un grupo de kayakistas