De viaje al fin de Europa / Susana Montesinos

Mi opinión

¿Cómo conciliar el movimiento perpetuo, el afán por transitar a toda prisa la mayor cantidad de geografías, con la maternidad y la familia? Las respuestas a tamaña encrucijada se pueden encontrar entrelíneas en las páginas de este arreglo de cuentas bellamente narrado. Susana madre, cuida con devoción a su hija, mientras reflexiona sobre lo andado, en su vida y en la ruta; al tiempo que Susana viajera se llena de ímpetus y nuevos planes. Finalmente, “viajar es una sed que nunca termina de saciarse”.

Susana Montesinos, peruana y escritora de trazos muy finos se lanza con De viaje al fin de Europa a transitar las carreteras, no tan concurridas, por cierto, de la literatura de viajes que tanto me gusta. Y lo hace relatando su aventura boreal por las costas de Noruega, un finis terrae poblado de trolls y vikingos, bosques, esquimales y alces, que recorrió en el 2017 con Isabel, su hija de apenas un año y diez meses, siguiendo los arrebatos de cuarenta ciclistas, uno de ellos su esposo, de paso por una de las geografías más fascinantes del planeta.

El viaje magallánico de la escritora crecida a los pies del Misti y las playas de la costa arequipeña incluyó ciudades de nombres trepidantes y fiordos de extrema belleza: Flåm, Geiranger, Trøndheim, Bodø, Torghatten, Tromsø y Cabo Norte. Tres mil kilómetros a puro pedal siguiendo a los raidistas y al camión de bomberos Mercedes Benz 1985 que, transformado en vivac y ambulancia, si es que los percances del camino lo obligaban, acompañó a la expedición. La Montesinos, biker de las buenas y docente en la universidad de Maastricht al mismo tiempo, ha espaciado su residencia en Europa como tour líder para Bike Dreams, una compañía holandesa que organiza viajes en bicicleta por el planeta.

Su opera prima no es una guía de viajes, tampoco un repertorio de apropiados tips para recorrer con éxito el círculo polar ártico. No. Estamos más bien ante un muy bien elaborado relato en tono personal que repasa su particular manera de estar en el mundo que, supongo, la ha obligado a tomar decisiones heterodoxas y a vivir como nómada. “No soy una gitana, tampoco una vagabunda, pero confieso que me gusta el nomadismo”, comenta la escritora peruano-holandesa en un pasaje de su bitácora mientras se tomar el tiempo para atender a su niña en medio del hielo nórdico y las privaciones.

¿Cómo conciliar el movimiento perpetuo, el afán por transitar a toda prisa la mayor cantidad de geografías, con la maternidad y la familia? Las respuestas a tamaña encrucijada se pueden encontrar entre líneas en las páginas de este arreglo de cuentas bellamente narrado. Susana madre, cuida con devoción a su hija, mientras reflexiona sobre lo andado, en su vida y en la ruta; al tiempo que Susana viajera se llena de ímpetus y nuevos planes. Finalmente, “viajar es una sed que nunca termina de saciarse”. O “uno puede recorrer el globo con unas cuantas palabras”. O una familia a cuestas.

Me gusta el estilo narrativo de la Montesinos. Conocía sus relatos: tras de ellos se puede concluir que hay una lectora voraz y una amante de la literatura de viajes, un género narrativo que sigue convocando émulos pese al egoselfismo y la abundancia de viajes/viajeros de tan poco peso y singularidad. Y pergeñando retratos como el suyo: amenos, reflexivos, intuitivos, coherentes con una tradición que sigue viva y que Susana ha venido haciendo suya desde hace mucho tiempo. Como dice la autora “escribir sobre viajes no es meramente descriptivo, eso déjenselo a los reporteros de las revistas de los periódicos. Escribir sobre viajes es escribir sobre el sentido, los sentimientos, los pensamientos, los problemas, los dilemas, las costumbres, las conversaciones y, sobre todo, las personas con las que uno comparte instantes mínimos”.

Su libro es un oportuno pretexto para introducirse al mundo del viaje contemplativo y a la extraordinaria geografía noruega, una península inacabable al lado de un mar capaz de cincelar un relieve definido por los fiordos y la exaltación de una selva poblada de alerces, abetos, píceas y pinos. Un país de hombres y mujeres que aprendieron a vivir “a puerta cerrada”. En la taiga…

De viaje al fin de Europa
Surnumérica
149 pp
2019