Kim Basinger en el Tambopata Research Center

Fue Álvaro del Campo, molinero y avezado organizador de los inventarios biológicos rápidos que ha venido realizando The Field Museum of Chicago en la Amazonía del norte, quien me lo refirió: en 1995, a poco de haber dejado atrás la época del terrorismo que asoló al Perú durante varios años, Kim Basinger, el sex symbol de los años ochenta, la célebre actriz de “Nueves semanas y media” y la multipremiada “L.A. Confidencial”, visitó nuestro país -caleta- para filmar un documental que denunciaba la atrocidad del tráfico de especies silvestres en el mundo.

Nos habíamos reunido en la oficina de la revista Viajeros en Miraflores para ultimar los detalles de la publicación de un reportaje sobre los bosques de la cuenca del Putumayo, una región riquísima en biodiversidad que compartimos con Colombia y Álvaro soltó lo que para mí y los que me acompañaban en la mesa de edición era una verdadera primicia. ¿Verdad?, le preguntamos al unísono los presentes. “No me creen, nos dijo, yo fui su chaperón, yo tuve el privilegio de introducirla en los secretos de la selva amazónica”.

“Si no confían en mí, a las pruebas me remito”, agregó y acto seguido se puso a buscar entre sus pertenencias una foto que nos apuramos en promocionar en nuestro boletín virtual. Entonces, verano del 2004, Facebook no existía y nadie podía predecir  lo que nos iba a deparar el espectáculo de las redes y su criatura más buscada: la viralización de un post cualquiera…

La historia la he vuelto a paladear hace unos días. Del Campo ha regresado a Lima después de un enésimo ingreso al maravilloso territorio del Putumayo así que no tuve reparos en llamarlo para volver sobre su encuentro con Kim Basinger en las frondosas selvas del Tambopata … que llegó a nuestro país, debo decirlo en honor a la verdad, con su esposo, el famoso actor Alec Baldwin.

Kim, mejor dicho Kimila Ann Basinger, rubia, un metro setenta y un centímetros de estatura, miss Giorgia a los 16 años y modelo de pasarelas antes que actriz, ya era en el 95 una figura consagrada de Hollywood. Y un ícono sexual capaz de competir con otras divas del cinemascope. Algunos críticos no habían dudado en compararla con otra beldad, la también rubia Norma Jeane Mortenson, más conocida como Marilyn Monroe.  No exagero, las escenas que la Basinger había filmado como chica Bond para “Nunca digas nunca jamás”, la película de 1983 que marcó el regreso a la zaga de un avejentado Sean Connery y, sobre todo, las que protagonizó con Mickey Rourke para Nine ½ Weeks, recordado filme de 1989, la habían convertido en una luminaria capaz de causar más de un infarto con su sola presencia.

Pocos tomaban en cuenta entonces que la actriz nacida en Athens, una pequeña ciudad de Georgia, era vegana desde los ocho años y una ardorosa defensora de los derechos de los animales, lo que hoy algunos llamarían animalista a secas. Esa fue la razón, rememora Álvaro, de la llegada a nuestro país de la megaestrella. En enero de 1995 la revista National Geographic había dedicado la carátula y 21 páginas de su edición más esperada del año al proyecto que un jovensísimo Eduardo Nycander y su patota de melenudos y no tan melenudos compañeros de ruta, pienso en Kurt Holle, habían echado a andar en las proximidades de la collpa Colorado para salvar las poblaciones de guacamayos de ese sector del Tambopata.

En otras notas me he referido al establecimiento del icónico Tambopata Research Center (TRC), el centro de investigación que sigue estando a la vanguardia de la conservación y la investigación científica de una extensa zona en las proximidades de la Reserva Nacional Tambopata treinta años después de haber sido fundado. La repercusión del reportaje preparado por el ornitólogo Charlie Munn para Nat Geo fue suficiente para que el cineasta Robert Drew eligiera el TRC como locación para la filmación de “Black Market Birds: On Location With Alec Baldwin and Kim Basinger”, un documental que denunciaba el tráfico de especies silvestre que la cadena TBS difundió a partir del año siguiente.

Qué denunciaba el vil negocio y lo contrastaba con los hallazgos científicos y avances del proyecto de conservación de guacamayos que Eduardo Nycander y Kurt Holle dirigían con el apoyo de un grupo de jóvenes visionarios.

“Fueron días inolvidables, rememora Álvaro, Kim Basinger y Alec Baldwin resultaron ser magníficas personas. Kim había donado su tiempo –y su trabajo- a favor del proyecto del documental y la pasó de lo mejor con nosotros a pesar de las dificultades y privaciones propias de vivir una semana en la selva del Tambopata”.  Del  Campo no había cumplido los treinta años y sus compañeros de aventura –Lucho Zapater, Kurt Holle y Eduardo Nycander, al igual  que los hermanos Mishaja: Agustín, famoso por su participación en Candamo, la última selva sin hombres y Gallo, andaban por allí. Kim y Alec, en cambio, eran “un poco más grandes, pero todo fluyó”.

Los días de filmación fueron intensos, el director del documental era sumamente exigente y el resto del equipo fílmico andaba a mil por hora: se debía cumplir sí o sí plazos e itinerarios. Sin embargo, rememora Álvaro veintitantos años después, la rubia de Athens llevó las cosas con calma y se dio tiempo para caminar feliz de la vida por los senderos que se habían implementado en el bosque y gozar de los viajes en bote por el río Tambopata. “Era bellísima, suspira Del Campo, mucho más linda que en el cine… pero lo que más recuerdo de ella era su simpatía desbordante, su buena vibra”.

El que no la pasó nada bien fue el guardaespaldas asignado a su cuidado, un policía de Boston que no entendía el afán  por la naturaleza de la estrella de cine ni  el locuaz despliegue físico de los muchachos trepando a los árboles y haciendo de mil oficios. “En esa época hacíamos de todo: recuerdo que Kim tenía que subir a la torre de observación que habíamos construido a pulso para un documental de la BBC así que fui el encargado de colocarle el arnés. Pocos seres humanos en el planeta podían darse el lujo de tener ese privilegio”.

“Una noche, alarga su relato Álvaro del Campo, mientras descansaba en el cuarto que me habían asignado escuché un grito aterrador. Era Kim, no podía ser otra persona. Me levanté a toda prisa y entré a su habitación. Allí estaba ella, muerta de miedo, una cargatabla, una cucaracha silvestre de tamaño desproporcionado, la había despertado y permanecía allí, cerquita a la diva, moviendo sus patas y el resto de su anatomía. Dedo decir, sonríe, que estuvimos solitos, ella y yo, a quince centímetros uno del otro, los dos alumbrados por el resplandor de una linterna y no se me ocurrió mejor cosa … que acercarle el bicho para que se asustase un poquito más”. Las carcajadas de los que se habían despertado por el estrépito fue general. Todos, incluida la actriz, se mataron de la risa.

Todos menos el policía de Boston. “Para el guardaespaldas de la Basinger estábamos totalmente locos”, colige. Y lo estaban, la suya era una desinteresada locura por la ciencia y la conservación de uno de los bosques más prístinos del planeta.

La visita de Kim Basinger y Alec Baldwin al Perú fue manejada por los promotores de Rainforest Expeditions con absoluta reserva. Nadie en Lima ni en Puerto Maldonado lo supo. El equipo de filmación contó con todo el apoyo de la novel empresa y la actriz pudo vivir una experiencia inolvidable. Los muchachos de esta historia, también. Por allí quedaron como testimonio de esa feliz coincidencia un par de fotos y un sinnúmero de recuerdos. El documental se proyectó al año siguiente y un poco después, en 1998, la dama del Tambopata se llevaría el Oscar por su actuación  como mejor actriz secundaria en la inolvidable “L.A. Confidencial”.  Les dejo estas dos fotos del paso de Kimila Ann por el Tambopata Research Center. Y un saludo cariñoso de todos los muchachos de esta historia. Qué la fiesta continúe treinta años más…

 

Lucho Zapater, Kim Basinger, Eduardo Nycander, Álvaro Del Campo y Kurt Holle, TRC 1995. Foto tomada del libro La esperanza es verde. Pedro Solano.