Las batallas del “gringo” ambientalista que derrotó al proyecto Hidroaysén

Tomado de La Tercera de Santiago

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Amigo de presidentes y hombres de negocios de Chile, Douglas Tompkins, el empresario estadounidense que acaba de encontrar la muerte en el sur del continente dedicó parte de su vida a la filantropía ecológica y a la defensa de la Patagonia chilena. Gracias a su impulso se crearon -y se crearán en el futuro- importantes áreas protegidas. La batalla contra el proyecto hidroeléctrico Hidroaysén lo tuvo en primera línea.

Douglas Tompkins era un hombre de batallas. El ecologista estadounidense, fundador del Parque Pumalín, ex dueño de la firma Esprit, fanático deportista, fotógrafo y aviador, desde que compró su primer predio, en Palena, en 1991, enfrentó una dura oposición en Chile. Sus peleas comenzaron con el gobierno del ex presidente Eduardo Frei y continuaron con transnacionales que -defendía él-, afectarían sus proyectos de conservación de la naturaleza en la Patagonia.

Tompkins -quien reconoció haberse fascinado por la cordillera de los Andes cuando vino a esquiar por primera vez, en 1968-, volvió una y otra vez a hacer deportes: escalaba, nadaba y, de la misma forma en que falleció ayer, haciendo kayak, conoció las tierras que luego compraría en su admirado sur de Chile.

Cuando adquirió en 1991 su primer fundo, en Reñihué, Región de Los Lagos, Tompkins venía de vuelta de ser un empresario ligado a la industria de la moda con la firma Esprit. ¿Por qué se alejó de esos negocios? “No fue una epifanía, no es que me haya despertado un día y lo dejé. Simplemente seguí lo que siempre quise hacer”, señaló en una entrevista el año pasado. Sostuvo que  se interesó por el activismo por el medio ambiente desde que era niño, pero que no pudo desarrollarlo hasta décadas más tarde.

Relató que cuando vendió sus compañías en los ‘80 hizo el siguiente análisis: “La gente durante la Segunda Guerra Mundial tenía un abrigo en su closet, hoy tiene diez. No tiene sentido la  producción de ropa de hoy”. En esa misma época también conoció a su esposa, Kris Mc Divitt o “Birdy”, apelativo tierno que le daba a su mujer.

Conservación

La noticia de que un “gringo” estaba comprando tierras en Chile generó inmediato rechazo, pero el ecologista siguió con sus planes. Lo que más se le cuestionó es que adquiriera una superficie de 269 mil hectáreas, que finalmente denominó Parque Pumalín, la primera área protegida privada de gran tamaño en el país. Así, sus opositores dijeron que dividió a Chile en dos fragmentos, uno perteneciente a un extranjero y otro al fisco.

En Chaitén, los vecinos y el alcalde de la época, José Miguel Fritis, plantearon que presionó a los colonos para vender, que les pagó el mínimo precio  e, incluso, corrió el rumor de que era el líder de una compra de suelos masiva para una supuesta colonia judía en la Patagonia. Tompkins desmintió las acusaciones, pero enfrentó también la oposición del senador Antonio Horvath, quien le advirtió que no impidiera la construcción de la Carretera Austral, otra de las pesadillas del estadounidense.

El ambientalista, porfiado y hábil, logró más tarde rodearse de chilenos que apoyaron sus iniciativas: financió una decena de organizaciones ecologistas, asesores especializados en medio ambiente y nexos con el sector político “verde”.

Así logró abrir un puente con quien más tarde se convertiría en su amigo: el ex presidente Ricardo Lagos, quien legitimó el Parque Pumalín, luego de que lo declarara santuario de la naturaleza, en 2005. “Preservar estos bosques es parte de nuestro compromiso como chilenos”, dijo Lagos, en esa ocasión. También hizo alianza con Sebastián Piñera. Ayer, el ex Mandatario dijo: “Recuerdo que con su generosa donación creamos el parque Yendegaia”.

Al momento de concretar esa última entrega, Tompkins anunció que todas las tierras serían traspasadas al Estado, proceso actualmente vigente y al que el gobierno aún no ha dado respuesta. Se trata de Pumalín, del Parque Patagonia y de Cabo León en Magallanes (unas 410 mil hectáreas destinadas al fisco).

Y mientras discutía el paso de la Carretera Austral por  parte de sus predios (situación que no logró impedir), Tompkins entró en otra batalla, la más dura: la oposición contra el proyecto Hidroaysén, en 2006. Personalmente, revisaba las inserciones que hacía en los medios contra las represas, recaudó fondos en el exterior para numerosas organizaciones ambientales y viajó a Europa a dar a conocer lo que pasaría con los ríos chilenos como el Baker. En esa campaña, Tompkins remarcaba el valor de las aguas del Lago General Carrera, precisamente, donde ayer encontró la muerte. ¿El resultado de esa gestión del norteamericano y de los grupos ecologistas? La iniciativa hidroeléctrica fue rechazada en 2014. “Hidroaysén usó millones de dólares intentando comprar mentes y corazones, y no lo logró”, dijo Tompkins.

“Yo diría que uno de los valores que instaló él, es la conservación de la naturaleza en Chile, el concepto de filantropía”, dijo Patricio Rodrigo, uno de sus amigos y consultor ambiental.

10/12/2015