Mágica Cordillera de Raura

Mi opinión

En el 2013 recorrí por primera vez las alturas más insondables de la Cordillera de Raura, la menos conocida de las cordilleras limeñas, un portento de la naturaleza a solo cinco horas de la congestionada ciudad que habito. Mi compañero de ruta entonces, Sadi Paredes, colono en la actualidad en las afueras de Aguaytía, se quedó lelo: no podía creer lo que nos tocó ver mientras ascendíamos por el afirmado que empieza en la ciudad de Oyón, la capital provincial, para terminar al otro lado de los Andes. Acabo de retornar de Raura y tengo la misma impresión, esas montañas cargadas de nieve y pobladas todavía de bosques de queuña son una maravilla. Merecen el esfuerzo de ir por ellas. Les dejo por aquí estas notas de mi primer encuentro con la cadena de montañas de apenas 25 kilómetros de longitud en los bordes de Lima con el departamento de Huánuco, la tierra del buen Sadi.

Anne Peck, educadora, periodista, viajera, feminista, para mayores señas norteamericana nacida en Rhode Island, debe ser considerada el padre (o la madre) del montañismo peruano. Curioso, en el país donde defender el predominio del hombre sobre la mujer apenas perturba a unos pocos, que una fémina entrada en años haya sido la primera en clavar pica en el Huascarán resulta una paradoja, por no decir un certero homenaje a las mujeres que a diario vencen los obstáculos que impone la vida a más de tres mil quinientos metros sobre el nivel del llano.

La intrépida montañista ascendió la parte norte del glacial Santa Rosa (5,706 msnm), en la Cordillera de Raura, en 1906, dos años antes de hacer cumbre en el pico norte del nevado Huascarán, en la Cordillera Blanca, sector del coloso que por cierto lleva su nombre. La estadounidense haría lo propio con el Coropuna, en 1911, y una larga lista de montañas y nevados de fuste a lo largo del planeta. Annie murió después de haber coronado con éxito el monte Madison, en Nueva Hampshire, Estados Unidos. Acababa de cumplir 82 años. ¡Qué mujer!

La de Raura es la más meridional de las cordilleras níveas de los Andes occidentales Perú. Diminuta y menos agraciada, en apariencia, si las comparamos con la encumbrada Cordillera Blanca o con la de Huayhuash, su vecina más cercana, la belleza escénica de esta cordillera situada justamente donde se encuentran las regiones Lima, Pasco y Huánuco no tiene parangón. Se trata de una cadena montañosa de 25 km de extensión y forma de herradura compuesta por una magnífica asociación de picos de más de cinco mil metros de altura, lagunas cuyas tonalidades van del verde azulado al turquesa más impresionante y múltiples quebradas.

El nevado más alto de la Cordillera de Raura es el Yarupá que alcanza los 5,780 metros sobre el nivel del mar. Lo siguen en estatura el nevado Santa Rosa, de 5,640 msnm; los nevados Siete Caballeros y Condorshenga, de 5,400 msnm,  el Cerro Patrón, 5,300 msnm y una larga lista de colosos que a pesar del deshielo evidente de sus estructuras más altas, consecuencia evidente del Calentamiento Global, siguen guardando con celo su espectacularidad, belleza simpar y suave pendiente, esta última característica ideal para la práctica de deportes de aventura. Una zigzagueante carretera afirmada que parte de la ciudad de Oyón, la capital provincial, contornea la cadena montañosa haciendo posible un acercamiento por parte del visitante que pocas otras cordilleras del Perú pueden darse el lujo de proponer.

 Si hablamos de lagunas, la variedad y cromatismos de los espejos hídricos que muestra esta cordillera limeña resultan por demás elocuente. La laguna de Surasaca, de cuatro kilómetros de largo y cambios de colores repentinos, es una de las más admiradas por los visitantes; sin embargo, el potpurrí de humedales tiene más nombres y referencias: Niñococha, Niño Perdido, Santa Ana, Caballococha, Puyhuancocha, Santa Rosa, Tinquicocha, Lauricocha, Chuspi, Patarcocha, Gayco…

Mágica Cordillera de Raura, punto de encuentro de glaciares potentes, ríos quebradizos, lagunas antojadizas, valles de terrazas multicolores e historias que nos remontan al origen de los tiempos. Belleza incontrastable, que se desborda a pocas horas de Lima, la megalópolis que lo aprieta todo. Recorrer sus confines resulta una obligación de los nuevos tiempos.

Buen viaje…