Un paseo muy breve por la nueva Marcona

Guillermo Reaño, desde Marcona

147

OTROS DESTINOS:

Les adelanto estos dos pincelazos de una nota sobre Marcona que espero publicar en las próximas semanas…

Acabo de regresar de allí, de Punta San Juan, las playas de Yanyarina y Lomas y también las de Chala; qué cambios tan acelerados se están dando en esta hermosa región de la patria. Les cuento luego…

A inicios de la década de los noventa, cuando reculé por primera vez por esa costa sur a veces tan ajena y desconocida,  Marcona -San Juan de Marcona- era un pueblo que se moría de pena, de desesperanza. Sus pobladores, sobre todo los mayores, se mantenían aferrados al recuerdo de los años dorados del boom minero, cuando los barones de la Marcona Mining & Co. hacían y deshacían a su antojo y la ciudad era el paradigma del confort y las buenas costumbres.

De esa postal en tecnicolor quedaba poco. La mina pasaba sus peores momentos luego de haber sido nacionalizada durante el gobierno del Gral. Velasco, el militarote enérgcico que tanto enerva a Aldo Mariátegui y la pobreza se extendía por todas partes. La pobreza y los conflictos sociales.

En cualquiera de sus esquinas los contertulios manifestaban en coro su complacencia con el retorno al antiguo régimen, al modelo que ese velasquismo había recusado por extranjerizante y lesivo a los intereses del país. Estaban tan de acuerdo con ese sistema, amplificado por la candidez de los recuerdos, que no tuvieron reparos en festejar a su antojo el retorno de la propiedad de la mina a manos privadas durante el primer gobierno de Fujimori.

No sabían que la privatización tan reclamada  iba a terminar en manos de un consorcio estatal chino que de inmediato impuso un statu quo deleznable y anti popular.

Acabo de volver a Marcona y la ciudad cariacontecida de aquellos días y de las protestas y sueños por San Fernando algunos años después, es una ciudad tomada por asalto, como casi todas las que recorro por la costa del Perú, por el crecimiento económico y las luces del consumo que festejamos con tanta temeridad.

Hace poquito sus autoridades se animaron a exigir a no sé quien la construcción de una vía asfaltada que sirviera para trasladar a la gente hacia las lindas playas del sur del distrito, allí donde alguna vez pude apreciar aves en bandadas infinitas y formaciones rocosas propias de la locación de El planeta de los Simios. De esa geografía indómita, paradisíaca, esta tarde vi poco, casi nada. Les paso estas fotos para que vean lo que estamos construyendo a punto de desatinos y total ausencia de planificación. Ustedes dirán…