[URUGUAY] La librería Puro Verso, un refugio de libros en el centro de Montevideo

Paty Godoy / Berta J. Luesma, para Altaïr

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OTROS DESTINOS:

“En Montevideo las paredes solo saben hablar de política. De política y de Lula, un héroe popular en franca caída libre”, apunté hace unos meses en mi bitácora viajera.

En junio los barrios inconfundiblemente grises de la Ciudad Vieja de Montevideo parecieran continuar de pie con el insólito propósito de complacer el gusto de los paseantes, de las pocas siluetas que se atreven a desafiar los vientos gélidos que van llegando en esta época del año desde el cercano polo sur.

En la peatonal Sarandí me topé sin querer queriendo con la librería Puro Verso, un barco a la deriva cuyo cargamento en libros vale tanto como todo el oro de un galeón hundido en las aguas frente a Colonia de Sacramento, allicito nomás.

Las librerías, sobre todo si son de viejo, definen el alma de una ciudad. Y la Puro Verso –o mejor dicho, la Más Puro Verso, la espaciosa librería que hace las veces de ateneo, describe con exactitud el carácter íntimo de una urbe, Montevideo, que exuda nostalgia y aromas de otros tiempos.

Los dejo con esta estampa montevideana que acabo de leer en uno de los mágicos especiales 360° de Altaïr.

Estamos en la Ciudad Vieja. A nuestras espaldas dejamos el Palacio Salvo y su misticismo. Atravesamos la Puerta de la Ciudadela. Elevando la vista, ese edificio que, de tan feo, es bello. Su estilo años 70 choca con el art déco de Palanti. Decenas y decenas de grises cajas de aire acondicionado se agrupan, sin orden, configurando junto al cielo azul un ajedrezado: arquitectura casual, infraestructura matemática. El centro de Montevideo es sólo un aperitivo del eclecticismo que se extiende por toda la ciudad. La peatonal de Sarandí, ya en su comienzo, se ve muy transitada. Ejecutivas de traje, puestos de venta de cuero, paseantes con el termo de mate bajo el brazo. Y, a pesar del frío, jóvenes que almuerzan al aire libre.

En una localización tan privilegiada como esta se encuentra la librería Puro Verso, alojada en el edificio Pablo Ferrando, de 1917, de estilo industrial, con grandes ventanales de espejo y columnas de hierro. El escaparate es curvado, la entrada de simetría kubrickiana y la escalera art nouveau se encuentra junto a uno de los ascensores más viejos en uso en todo Montevideo. Pero sobre todo… huele a libro. En Puro Verso huele a libro más que en cualquier otra librería.

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Encontramos a Nefeli Forni, su dueña, entre Sarajevo de Alfonso Armada y El Hambre de Martín Caparrós, bajo la atenta mirada de Gay Talese y las cínicas hojas de Kapuściński. Envuelta por la cultura japonesa, la literatura rusa y, sobre todo, el ensayo transfronterizo. Ella nos explica que el ensayo es la lectura nacional. También el libro técnico, el de psicología, el de filosofía… Tal vez por eso los uruguayos son tan buenos narradores, tan reflexivos y teóricos. Esa sensación de que la cultura está en el aire, y con solo respirar, ya eres medio sabio.

Forni reflexiona sobre su profesión. Ha tomado el relevo de su padre, jefe histórico de la empresa. No sólo trabaja en una librería: es librera. Y, como tal, conoce el contenido y el continente de su tienda. Según apunta Jorge Carrión en su ensayo Librerías, Puro Verso es una de las mejores librerías del mundo:

«Muchas tardes de domingo me dedico a vagar por la red en busca de librerías que aún no existen para mí, pero que ahí están, esperándome. (…) La mayoría son claramente espectaculares, como Tropismes de Bruselas o como Puro Verso de Montevideo. La cita que preside la página web de ésta pertenece a Ferlinghetti: “He dormido en cien islas donde los libros eran árboles”. El espacio físico está a su vez presidido por una cristalera art déco, en lo alto de unas bellísimas escaleras. Puro retroespectáculo».

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«Vender libros es vender el alma, pues por un lado cada ejemplar transporta el espíritu de quienes lo hicieron posible —autores, traductores, ilustradores, editores, impresores… — y por otro el librero debe entregar lo mejor de sí para conseguir la venta». Aunque Tomás Granados Salinas no lo dice en esta nota previa a Romano Montroni en su Vender el alma. El oficio de librero, cada venta también implica una devolución, la entrega de un nanofragmento de la propia alma de comprador. Porque la selección de una librería no solo es la representación del trabajo productivo de la obra misma, sino el reflejo de la sociedad que lo consume. Por qué habría de encontrar sino esta novela, en vez de esta otra. Por qué en el escaparate se destaca este ensayo y no este otro. La librería funciona como (retro)alimentador: genera unos gustos literarios, crea unas necesidades bibliográficas en una población, que a su vez, demanda unos ejemplares, unas historias, y unas narraciones. Un tira y afloja, casi un acuerdo silencioso, que provoca una situación horizontal: nos necesitamos.

La librería es un elemento imprescindible en la urbe, también la cuenta. A través de sus grandes títulos, de sus autores autóctonos. Reflexiones que influyeron en las políticas de un país, editoriales independientes, premios de literatura, historias de otros que estuvieron aquí y lo contaron. Cada ejemplar, desde el de la última estantería hasta el más vendido del mes, configuran una cartografía literaria de la ciudad.

Pero no solo la estética y el fondo bibliográfico hacen de Puro Verso una de las mejores. La atención es el broche de oro. Cada uno de los trabajadores de la librería está especializado. Forni conoce los gustos de sus clientes, su nivel adquisitivo. Dice que la librería nació de la crisis, que «cuando ya no tienes nada que perder, es cuando de veras arriesgas». Y, a veces, hasta ganas. Cita de nuevo Vender el alma. El oficio de librero —en concreto el prólogo, de Umberto Eco— para hablar de cómo era antes la profesión, su profesión:

«Cuando yo era estudiante, la librería era algo muy diferente. Se trataba de un lugar sombrío, caracterizado habitualmente por boiseries antiguas, donde ni bien entrabas se te acercaba un señor distinguido que te preguntaba inquisitorialmente qué querías. Resulta obvio que, si no habías entrado con un título preciso en mente (pero en ese caso había muchas posibilidades de que te dijeran que el libro se había agotado, felices de desembarazarse de un inoportuno que entraba en la librería por cualquier motivo inconfesable), salías rápidamente balbuceando alguna palabra a modo de excusa.

Era necesario ser amigo íntimo de un librero (y los había amabilísimos, cultos y cordiales, pero había que tener la fortuna de encontrarlos) para poder hacer lo que los amantes de los libros desean hacer, esto es, pasar horas entre las estanterías humeando, leyendo solapas, escudriñando en los anaqueles altos —y, en definitivo, aprendiendo más al perder tiempo sin comprar que comprando y leyendo un solo libro. Las librerías de hoy son, por suerte, un lugar donde la gente puede descubrir libros que no conocía, mirar, tocar, y donde sobre todo se encuentran vendedores que gracias a la informática te saben decir cuál era el título que habías olvidado, si el libro está realmente agotado, si existe una nueva edición».

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Alejada, antagónica, en el punto más opuesto del librero tradicional, Forni es una divulgadora. Conoce y desea compartir lo que sabe. Cuando un cliente le pregunta por un libro, aprieta los ojos tras sus gafas, pensando, exprimiendo la base de datos que tiene en la cabeza para, simplemente, acertar. Casi como un ejercicio de enamoramiento, donde Forni empatiza con la otra persona y la entiende tanto que quiere devolverle el nanofragmento de alma adecuada.

Mientras tanto, no deja de entrar gente que se pierde entre las estanterías de Puro Verso, aunque el tránsito es tranquilo. El restaurante, en la planta superior, comienza su trajín. Ruido de platos, comensales relajados, comen pasta, toman café. Algunos, distraídos, se entretienen viendo cómo pasa la vida por la peatonal de Sarandí.

Le pedimos a Forni que nos recomiende libros y se le iluminan los ojos, se le encienden las mejillas, y se desplaza decidida, de lado a lado de su tienda, escondiendo algo de ansia. Va yendo y viniendo con varios ejemplares en los brazos; no quiere olvidarse ninguno. El mar y veneno de Shusaku Endo. Quaresma, descifrador, recopilación de los relatos policiacos de Fernando Pessoa. Alexander Pushkin: las Narraciones completasHumo, de Ivan S. Turgueniev. Mira alrededor y busca el último: Karl Marx, la biografía escrita por Francis Wheen. Devolución completada: ya tenemos los cinco imprescindibles de Puro Verso.

Paty Godoy
Reportera y videoperiodista mexicana. En los últimos años ha sido corresponsal en España de diversos medios mexicanos y norteamericanos. Le apasiona el universo audiovisual y sus maravillosas posibilidades de narrar lo humano. Siempre está en busca de esas pequeñas historias que, una tras otra, transforman el mundo, y que también la transforman a ella. 

Berta J. Luesma
Periodista de largo, larguísimo aliento. Tiene la necesidad de descubrir nuevas realidades. Vive en un estado constante de tranquilidad nerviosa. Solo sabe hablar con preguntas. 

31/1/201