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Luis Lumbreras: «Con su partida perdemos todos», una nota de Marc Dourojeanni

Mi opinión

Cuánta razón tiene Marc Dourojeanni cuando afirma que la partida de Luis Guillermo Lumbreras, patriarca de la arqueología y el pensamiento crítico del Perú, es una pérdida inmensa e irreparable para el futuro del país con el que soñamos. El siempre polémico estudioso de nuestro pasado fue un apasionado impulsor de debates y revueltas académicas: su libro “Los orígenes de la civilización del Perú”, una referencia obligada para los maestros interesados en darle una mirada distinta a los tiempos alborales de nuestro proceso cultural, lo convirtió en nuestro Gordon Childe y sus hallazgos sobre los aportes de los Wari para la consolidación de nuestra identidad nos hizo valorar de otra manera lo que nos dejaron los hombres y mujeres que vivieron en los Andes.

Inmenso y continuo fue su esfuerzo por develar la importancia de las galerías, acueductos y muretes Chavín en el nacimiento, mucho antes del auge de Caral, de la civilización que eclosionó en nuestro territorio varios siglos después. Precisamente fue en la localidad de Chavín, a orillas del río Mosna, donde lo pude escuchar por última vez. Lumbreras acababa de tomar distancia de las funciones públicas que asumió en el gobierno de Toledo -el maestro ayacuchano había conducido las riendas del Instituto Nacional de Cultura, proto Ministerio de Cultura que por entonces se propuso rescatar del olvido el trazo y la importancia del Qhapaq Ñan, el camino pre-hispánico, y también colonial, que cincela la faz de varios países del actual mapa sudamericano. Lo recuerdo altivo y sereno, explicando en detalle a un público local bastante alejado de las exquisiteces académicas, la trascendencia de la épica cultural de sus paisanos de antaño. Formidable, Lumbreras era un huracán henchido de conocimientos y orgullo por lo nuestro.

Marc Dourojeanni, que lo conoció y fue testigo de su afán por entenderlo todo, lo recuerda, dialogante y estentóreo, en la intimidad de la cháchara entre amigos: me imagino que el profesor universitario que alguna vez compartió espacios físicos en la histórica San Cristóbal de Huamanga con el tristemente célebre Guzmán Reinoso, no desperdiciaba oportunidad para soñar con un Perú más firme y orgulloso de su pasado y su presente. Honremos su memoria inmortalizando su legado. Nos conviene en estos tiempos de tedio por la cultura y poca fe en el futuro de la misma patria por la que hicieron tanto Julio C. Tello, Rebeca Carrión, John Rowe, Marino Gonzales y tantos otros profesores de idealismo. Buen retorno a la tierra indómita, Maestro Luis Guillermo Lumbreras Salcedo… y un abrazo a la distancia a sus amigos en Chavín, John y Rosa Rick, María Mendoza, Gabriela Antúnez, Alicho Espinosa, Marcela Olivas y tantos más. Qué los dioses Chavín lo reciban henchidos de emoción. Usted fue uno de sus más acólitos devotos.


Por Marc Dourojeanni

Lumbreras, como su apellido presagiaba, fue una luz brillante para la ciencia, la educación y la cultura peruana. Se ha ido mucho antes de brindarnos todo lo que tenía para dar. Pero, gracias a ser un escritor talentoso y prolífico, consiguió dejarnos mucho de lo tanto que sabía, gracias a una vida entera dedicada a buscar en el campo, en los laboratorios y en los libros, la verdad del pasado andino. Nos abrió las puertas al entendimiento cabal de nuestra historia, juntando las piezas sueltas del gigantesco rompecabezas que tantos otros arqueólogos e historiadores habían colectado sin conseguir, realmente, integrarlos. Permitió que los peruanos comprendamos cabalmente de qué y por qué podemos estar orgullosos.

Lumbreras era un personaje cuyos intereses extrapolaban en mucho su profesión. Entre otros, tenía mucha curiosidad por la temática ambiental y, asimismo, le apasionaba la realidad amazónica. Quizá, eso fue generado por su larga amistad con el antropólogo brasileño Darcy Ribeiro, un educador y gran estudioso de los pueblos amazónicos originarios. Pero ese interés ha sido, probablemente, más antiguo pues desde la década de 1970 Lumbreras disfrutaba visitando áreas naturales protegidas resaltando, en cada oportunidad, los detalles de la vinculación entre la naturaleza y las sociedades del pasado. Por donde él pasaba, veía vestigios que los demás ni imaginaban que estaban allí, como puntas de flechas y piedras talladas o restos de cerámicos. Tanto fue así que en la década de 1980 fue invitado a ser miembro del Consejo Científico de Pronaturaleza, donde apoyó, con entusiasmo, las iniciativas que asociaban la conservacion del patrimonio natural con el cultural, como en el caso de Santuario Histórico de Machu Picchu. Y en los años 90 participó activamente de la Comisión de Medio Ambiente y Desarrollo de América Latina y el Caribe, patrocinada por las Naciones Unidas y el Banco Interamericano de Desarrollo y en la preparacion de sus importantes informes “Nuestro Futuro Común” y “Amazonía sin Mitos”.

Cada encuentro con Lumbreras, principalmente en casa de su cuñado Manuel Ríos, uno de los fundadores de Pronaturaleza, era motivo de encendidos debates en los que se entremezclaban teorías y contrateorías sobre la historia del Perú y sobre los impactos de los antiguos sobre la naturaleza y, claro, sin dejar de lado las discusiones sobre la política nacional y, en especial, sobre el futuro del Perú. Cada ocasión de esas era una recarga de conocimientos, ideas y opciones de acción que, semanas después, aún danzaban en la cabeza. Lumbreras era, sin duda, un personaje fascinante.

La partida demasiado temprana de Luis Guillermo Lumbreras es una gran pérdida para los peruanos y para el mundo. Su capacidad para explicar la historia en términos simples, comprensibles para todos, fue extraordinaria y, sin duda, sus aportes a la educación pública son tan grandes como los que hizo a la arqueología de los Andes.

Luis Lumbreras en la Reserva Nacional Lomas de Lachay en los años 1970. Foto: Archivo Marc Dourojeanni.

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