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Bruno Monteferri, pasión por la naturaleza y el futuro…

Mi opinión

Bruno Monteferri es uno de los defensores más tenaces de la salud de esta parte del planeta que nos ha tocado habitar. Ambientalista de nota, viajero por todos los caminos del Perú, excelente comunicador, amantísimo padre de familia, conservacionista por naturaleza, no hay iniciativa que se lance en aras del futuro que nos merecemos que no lo encuentre en primera fila. En esta plataforma lo tenemos entre los guardianes más apasionados del futuro que nos merecemos…


⁠¿Qué olor te devuelve a la infancia?
El olor de un tarro de pelotas de tenis recién abierto, pasé buena parte de mi infancia en canchas de arcilla. El pollo cuando está en la brasa me lleva a El Gato, el restaurante familiar que hizo mi papá y que se convirtió en ícono de la Molina.

¿Cuál fue tu primer viaje?
A jugar tenis, a Mejía a los 8 años. Me enamoré de la energía de su gente. Me fui con Miguel Maurtúa, mi entrenador y allá me quedé con los Araujo Lima. Mi mamá me preguntó al regresar si la había extrañado y dice que le dije bien serio que no, que me podía haber quedado a vivir ahí.

La primera vez que salí con amigos a explorar el Perú, como muchas personas, fue a Marcahuasi. Muy mal equipados y nos tocó una noche de helada.  A punta de chacota, hacer fuego con las cacas de vacas y ponernos literalmente encima de la fogata hasta el punto de hacerle huecos a los sleeping de playa que habíamos llevado, la libramos. El inicio de mil viajes y rutas.

Fuera del Perú un viaje que me marcó fue a Yosemite. Llegamos una noche después de una gran nevada y con luna llena. Todo el valle iluminado y el Half Dome se veía clarito. Mágico.

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El río Marañón. Bruno Monteferri es miembro de Waterkeeper Alliance, una red internacional de organizaciones sin fines de lucro enfocada en la protección y defensa de las fuentes de agua a nivel mundial.

¿Costa, sierra o selva?
Un refugio en cada uno … pero la constante ha sido cerca al mar, con estancias o escapes frecuentes al desierto, los Andes y selva para balancear.

¿Cuál es tu comida favorita?
El pan con pejerrey de Lily en Punta Hermosa y una chela helada; el ceviche que hacían en Salvaje en San Bartolo con su tinto de verano; el rocoto relleno con un pisco sour en la taberna La Botica; y el carpaccio de atún con pesto de La Social.

⁠¿Un peruano que te llene de orgullo?
La lista es muy larga y por suerte he hecho homenajes a muchas personas inspiradoras durante mi tiempo en Conservamos. Si voy a lo más reciente que me generó orgullo, acabo de regresar de Cocachimba donde vi los avances en proyectos de vida como los de  mis amigos de GoctaLab. Piscina natural, huerto orgánico, laboratorio donde están experimentando con hongos, residencias de todo tipo. La han tenido super difícil todos los que están dedicados al turismo en Amazonas, así que un poco de cariño digital para ellos y fuerzas para seguirla luchando. Es una locura que Chachapoyas, un lugar tan importante como destino, esté tan mal conectado por falta de gestión.

La familia, un acicate más para seguir trabajando por el futuro que nos merecemos…

⁠¿Qué ave propondrías como ave símbolo del Perú?
El colibrí cola de espátula. Es endémica de nuestro país y una muestra de la creatividad infinita de la naturaleza. Además, que hace dos semanas nos visitó todas las mañanas en CasaGocta, el refugio que tenemos frente a la catarata. Después de todo el esfuerzo que le hemos puesto a cuidar el hábitat de esa ave y reforestar con especies nativas, fue un momento de cierre de círculo. El equipo de LANDES (de Andrés Gálvez y Thibaud Aronson)  y Conservamos por Naturaleza le siguen metiendo mucho punche, así que a apoyarlos. Y si están por Cocachimba, no dejen de visitar El Refugio del Colibrí, gran esfuerzo local liderado por Elmer y Sadit.

⁠¿Y qué flor?
La flor de la victoria regia. Sé que también está presente en otros países como Colombia y Brasil, pero tal vez ayude a posicionar mejor que el Perú es un país amazónico, cubriendo 60% del territorio terrestre. Huele rico, es enorme, se posa sobre una hoja que parece una isla, y simplemente la forma como se refleja en los espejos de agua de la selva, hacen que sea espectacular.

¿Un libro de viajes o aventura?
“Un río” de Wade Davis y “Las Tres Mitades de Ino Moxo” de César Calvo. Dos libros de cajón para quienes les gusta la selva.

¿Tú escritor favorito?
Difícil. Antes, entre Cortázar, Octavio Paz y la poesía de Blanca Varela. Pero hoy diría Vargas Llosa, por la constancia, es fuera de lo común la cantidad de novelas buenas que nos dejó.

¿Qué te hace sentir orgulloso de nuestro país?
Su diversidad y que no pretende ser perfecto. Aquí se encuentran cosas auténticas y esa originalidad hay que valorarla en estos tiempos de IA en los que todo se homogeneiza.

Bruno y Cocachimba: en este hermoso paraje de Amazonas, Bruno impulsa imodelos de conservación comunitaria y turismo sostenible que ayudan a la población local proteger sus fuentes de agua y gestionar adecuadamente su territorio.

¿Qué personaje te haría cambiar de acera?
Renzo Uccelli, nunca lo conocí, pero sus fotos y textos de viajes, fueron una inspiración para viajar por el Perú de chico y la vida que elegí, en un momento en el que lo más fácil era irme becado por tenis a una universidad en Estados Unidos, así que ya me ayudó a cambiar de acera.

¿Un lugar del Perú o del mundo para vivir el resto de tu vida?
Hoy: Punta Hermosa. Se respira paz, hay amigos y vida sana, hay colegios cerca y si puedes ir a Lima evitando los momentos de más tráfico.

¿Una canción?
Últimamente, “Tantas Tierras” de Manu Chao.

¿Qué es lo que nunca falta en tu equipaje?
Zapatillas para explorar y si hay mar cerca, tabla o un hand glide, snorkel y aletas.

¿Un viaje soñado?
El que hice a Tarapoto con mi mamá cuando tenía 12 años. Me tocó una mamá aventurera y que le ríe y le baila a la vida, y ese viaje me dejó grandes memorias. Por lo mismo ahora sueño con caminatas y acampar con mis hijas cuando ya estén en edad de cargar sus propias mochilas. Y un viaje para mi, que tengo en mi lista de pendientes es ir al cañón del Apurímac, así que, si alguien se motiva para organizar, avise.

¿Cuál es el objeto que más valoras?
Fotos impresas, dibujos, cartas, notas. No soy de los que viven en el pasado, pero cuando ordeno y me encuentro con registros de lo que parecen otras vidas, viajo un rato.

Viajero a tiempo completo por el mundo. En el 2013 fue galardonado con el premio Green Talents, otorgado por el Ministerio Federal de Educación e Investigación de Alemania (BMBF), gracias al liderazgo y enfoque de la Conservamos por Naturaleza.

¿Una ruta o destino que recomiendas?
Quedarse en Cocachimba como base y recorrer por unas semanas o un mes todo lo que ofrece la cuenca del Utcubamba, empezando por el Valle de las Cataratas, los sarcófagos de Cerro El Tigre, el Gran Vilaya, la Laguna de los Cóndores. Y si puedes conectar con un viaje al Cañón del Marañón, cierras con broche de oro. Todas las rutas y destinos las encuentran en La Ruta Natural, la guía de Conservamos por Naturaleza.

⁠¿En dónde queda el paraíso?
En la polinesia francesa. Fui cuando cumplí cuarenta y la verdad es que si no tenía una familia a la que regresar, me quedaba por allá.

Bruno y el mar…
Bruno Monteferri no para, es un hiperactivo constructor de quimeras. Abogado especialista en derecho ambiental por la PUCP con una maestría en liderazgo para la conservación en la Universidad de Cambridge, Bruno es un empedernido viajero, comunicador, documentalista, deportista y deportista extremo todo el tiempo y mucho más. Es uno de nuestros referentes más influyentes  en el ámbito de la conservación ambiental y el desarrollo sostenible del Perú. Fue el artífice de la creación de la plataforma Conservamos por Naturaleza, la iniciativa de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA) que tanto ha hecho y sigue haciendo para impulsar los esfuerzos de los ciudadanos de nuestro país que luchan por construir un mejor Perú para vivir. Recordado por sus icónicas campañas Hazla por tu Playa y Hazla por tu Ola, la iniciativa que promueve la protección legal de las olas y rompientes más sobresalientes de nuestro litoral, sus aportes en pro de la conservación privada y comunal son sobresalientes. Por si fuera poco, ha sido un actor clave en la concientización sobre la conectividad ecológica y cultural de los grandes ríos de la Amazonía, en especial del Marañón: gracias a sus dotes de comunicador y activista ambiental los peruanos nos enteramos justo a tiempo del impacto que tendrían los proyectos hidroeléctricos que se iban a desarrollar a largo de su cuenca. Buena parte de su producción periodística y  audiovisual documenta las historias de los hombres y mujeres de a pie que cuidan el infinito  territorio que hemos heredado. Su admiración por el departamento de Amazonas lo ha hecho “acampar” con los suyos al pie de la catarata de Gocta, el lugar donde están creciendo sus niñas. Monteferri ama el mar, lo sabemos: en Punta Hermosa, en Santa Rosa o en la Polinesia francesa, de donde lo tuvieron que traer a rastras, sus maniobras y evoluciones suelen ser tan bravas como su amor por la conservación y el futuro que nos merecemos.

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