Por Francisco Basili
El próximo salto del turismo peruano no está solo en traer más turistas, sino en lograr que descubran más territorio
Durante décadas, el Perú construyó su posicionamiento turístico alrededor de una imagen poderosa: la historia, la cultura y el extraordinario patrimonio arqueológico de los Andes.
Ese modelo nos permitió llegar al mundo y competir. Pero hoy el mundo está cambiando.
El viajero ya no busca solamente llegar a un lugar para contemplarlo. Busca caminarlo, navegarlo, escalarlo, recorrerlo, conocer a sus comunidades, entrar en contacto con su naturaleza y vivir experiencias que difícilmente pueda repetir en otro lugar.
Y en esa transformación existe una oportunidad que el Perú todavía no ha dimensionado en toda su magnitud.
El Perú tiene la posibilidad de dejar de ser percibido como un destino para convertirse en un país multidestino.

Más info en Francisco Basili, enamorado del país, de su gente y de su historia
No se trata de abandonar Machu Picchu ni nuestra extraordinaria oferta cultural. Todo lo contrario. Se trata de utilizar esa fortaleza como puerta de entrada a un territorio mucho más grande, diverso y competitivo.
Porque si algo tiene el Perú es territorio.
Tenemos desierto, océano, cañones, montañas, glaciares, bosques de neblina, Amazonía, ríos, lagunas, áreas naturales protegidas y una de las mayores concentraciones de biodiversidad del planeta.
La pregunta ya no es si tenemos recursos.
La pregunta es si somos capaces de organizarlos, protegerlos, promocionarlos y gestionarlos como un verdadero sistema nacional de destinos.
Los datos nos están diciendo algo
Hay señales que no deberíamos ignorar.
De acuerdo con la información analizada, la proporción de turistas extranjeros que realiza actividades de aventura en el Perú pasó de 45% en 2019 a 61% en 2024, mientras que el contacto con la naturaleza alcanza el 67%.
El Trekk(Caminata) es la actividad dominante dentro de este segmento, seguido por el montañismo y la escalada.
Pero quizás el dato más revelador no está en la cantidad de turistas.
Está en cómo está cambiando el valor del territorio peruano.
El Perú pasó de ocupar el puesto 29 en 2020 al sexto lugar entre las economías en desarrollo en el Adventure Tourism Development Index 2024, índice desarrollado por la Adventure Travel Trade Association junto con la George Washington University.
Esto debería provocar una reflexión nacional.
¿Estamos frente a una oportunidad pasajera o frente a una nueva ventaja competitiva del Perú?
Mi respuesta es clara:
Estamos frente a una ventaja competitiva que debemos convertir en política de Estado.

Más info en Perú, país de naturaleza y aventura, un artículo de Francisco Basili, presidente de APTAE
El verdadero desafío: dejar de pensar en un solo Perú turístico
El turismo peruano todavía arrastra una lógica de destino único,Lima como puerta de entrada , Cusco como gran receptor y Machu Picchu como principal ícono. Y una enorme cantidad de territorio que todavía permanece fuera de los grandes circuitos internacionales.
Pero el turismo de naturaleza y aventura nos permite pensar de otra manera.
Nos permite construir una red de destinos complementarios.
Áncash puede convertirse en el icono de territorios de montaña de Sudamérica.
Arequipa puede articular volcanes, cañones, ríos y patrimonio.
Amazonas puede integrar naturaleza, aventura y cultura.
Madre de Dios puede posicionarse desde la biodiversidad.
Cusco y Apurímac pueden ampliar su propuesta hacia las grandes travesías.
Ica y Cañete pueden aprovechar su cercanía con Lima para construir experiencias de naturaleza y aventura.
Loreto puede desarrollar una propuesta de expedición amazónica.
La Selva Central puede convertirse en uno de los grandes espacios de naturaleza accesible y participación comunitaria.
Las playas el norte se pueden convertir en el destino el principal destino de surf , observación de fauna marina y gastronomía de Sudamérica
Puno-Tacna pueden incorporar el altiplano, el lago, los volcanes , los geiser , la cultura y la montaña a nuevas experiencias.

No estamos hablando simplemente de crear nuevos productos turísticos.
Estamos hablando de redistribuir la economía turística sobre el territorio.
El concepto de hub de naturaleza y aventura resulta particularmente importante: un territorio conectado, con servicios formalizados y capacidad para articular múltiples experiencias y microdestinos.
Ese puede ser uno de los caminos para que el Perú deje de ser un destino que se visita una vez en la vida y empiece a convertirse en un país al que se regresa.
Pero existe un problema que no podemos seguir ignorando: no sabemos exactamente cuánto estamos creciendo
Aquí aparece uno de los grandes desafíos para la próxima etapa.
Tenemos territorio. Tenemos empresarios. Tenemos experiencias. Tenemos demanda. Tenemos reconocimiento internacional.
Pero todavía tenemos una enorme debilidad:
No tenemos suficiente información integrada sobre lo que realmente ocurre en nuestros territorios de aventura.
Y sin datos, las decisiones públicas se vuelven aproximaciones.
El caso del canotaje en Arequipa es especialmente revelador.
Los registros de operadores y gremios muestran un crecimiento desde menos de 10 mil turistas en 2019 hasta aproximadamente 40 mil usuarios anuales en la actualidad. Las empresas tienen información sobre pasajeros, procedencia, estacionalidad, seguros y guías. Sin embargo, buena parte de esa información no está integrada a los sistemas públicos de planificación.
¿Qué significa esto?
Que podemos estar invirtiendo millones en infraestructura turística sin saber exactamente dónde están los turistas, qué actividades realizan, cuándo llegan, qué rutas utilizan y qué servicios necesitan.
Podemos estar diseñando un PERTUR con una fotografía que ya quedó antigua.
Podemos estar subestimando la presión sobre un río, un cañón, una montaña o un sendero.
Podemos estar dejando fuera de la inversión pública infraestructura básica para la seguridad.
Y también podemos estar subestimando el empleo y el movimiento económico que estas actividades generan en las comunidades.
Esto no es solamente un problema estadístico.
Es un problema de gobernanza. Necesitamos pasar de la estadística turística a la inteligencia territorial
El siguiente paso del turismo peruano debería ser mucho más ambicioso. No basta con saber cuántos turistas llegaron al país.
Necesitamos saber:
- ¿A dónde fueron?
- ¿Qué hicieron?
- ¿Por qué rutas se desplazaron?
- ¿Cuánto tiempo permanecieron?
- ¿Qué empresas utilizaron?
- ¿Qué nivel de seguridad tuvieron?
- ¿Qué capacidad tiene cada recurso?
- ¿Qué meses concentran la demanda?
- ¿Cuánto gasto queda en las comunidades?
- ¿Qué infraestructura falta?
- ¿Dónde están apareciendo nuevos flujos?
- ¿Qué destinos están creciendo antes de que aparezcan en las estadísticas tradicionales?
Necesitamos pasar de contar turistas a comprender el territorio.

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Por eso, una de las propuestas más importantes que surge de este análisis es la creación de un Sistema de Inteligencia Turística de Naturaleza y Aventura, integrado a los sistemas de información turística existentes del MINCETUR.
Este sistema no debería ser una nueva burocracia.
Debería ser una infraestructura de conocimiento para tomar mejores decisiones.
El Estado no tiene que hacerlo todo.
El sector privado ya genera una enorme cantidad de información operacional.
El desafío es construir mecanismos que permitan compartir datos relevantes, proteger la información sensible y convertir esos datos en inteligencia para el desarrollo.
La oportunidad está delante de nosotros
Un sistema de esta naturaleza podría permitir algo que hoy resulta difícil: ANTICIPARNOS.
Anticiparnos a la saturación de un recurso.
Anticiparnos a una emergencia.
Anticiparnos a las necesidades de infraestructura.
Anticiparnos a la aparición de nuevos destinos.
Anticiparnos a los efectos del cambio climático.
Anticiparnos a las oportunidades de inversión.
Y, sobre todo, anticiparnos a la demanda internacional.

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La propuesta planteada incluye mecanismos de intercambio de datos público-privados, monitoreo de capacidad de carga y resiliencia climática, e integración de información sobre seguridad, salud y competencias de los prestadores.
Eso es exactamente lo que necesita una actividad que quiere pasar de ser considerada un segmento especializado a convertirse en uno de los motores de desarrollo turístico del país.
El Perú no necesita inventar una nueva geografía
La geografía ya está aquí.
Lo que necesitamos es aprender a gestionarla mejor.
El turismo de naturaleza y aventura tiene una característica estratégica: buena parte de su principal activo no necesita ser construido.
Está ahí.
Una montaña.
Un río.
Un bosque.
Un cañón.
Una comunidad.
Un paisaje.
Una ruta.
Una experiencia.
Por eso, la inversión pública puede concentrarse en aquello que permite que ese patrimonio se transforme en una experiencia segura, sostenible y competitiva: conectividad, señalización, seguridad, capacitación, telecomunicaciones, gestión de áreas naturales, infraestructura ligera y sistemas de información.
Y cuando esa experiencia se desarrolla correctamente, el dinero no necesariamente se queda concentrado en un gran centro turístico.
Puede llegar al guía.
Al transportista.
Al hospedaje rural.
Al restaurante.
Al artesano.
Al arriero.
Al emprendedor local.
A la comunidad.
Ahí está una de las grandes oportunidades de la aventura para el Perú: convertir nuestra diversidad geográfica en diversidad económica.
¿Qué deberíamos hacer ahora?
Creo que el país tiene una oportunidad concreta para dar el siguiente paso.

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Primero: mantener la continuidad de la estrategia de promoción del Perú como país de naturaleza y aventura.
Una estrategia de posicionamiento internacional no puede depender de períodos de gobierno.
El mercado internacional necesita continuidad, reconocimiento y confianza.
Segundo: construir una red nacional de hubs de naturaleza y aventura.
No como una colección de proyectos regionales aislados, sino como un sistema articulado de destinos capaces de complementarse entre sí.
Tercero: crear el Sistema de Inteligencia Turística de Naturaleza y Aventura.
Porque lo que no medimos no lo podemos gestionar; y lo que medimos tarde, muchas veces lo gestionamos mal.
Cuarto: conectar los datos del sector privado con la planificación pública.
Los empresarios que están en el río, en la montaña, en el sendero y en las comunidades ya poseen información que puede mejorar radicalmente las decisiones del Estado.
Quinto: utilizar esta información para orientar inversión, seguridad, conservación y promoción.
La inteligencia turística debe terminar en decisiones concretas.
No queremos más datos por los datos.
Queremos datos para decidir mejor.
El momento es ahora
El Perú ha avanzado.
El reconocimiento internacional está llegando.
La demanda está cambiando.
Las regiones están desarrollando nuevas experiencias.
Y nuestra posición en los rankings internacionales demuestra que tenemos una oportunidad que hace algunos años no teníamos.
Pero una ventaja competitiva también puede perderse.
Por eso, la discusión que debemos tener hoy no es si el Perú debe apostar por el turismo de naturaleza y aventura.
La pregunta es cómo hacemos para que esta oportunidad se convierta en desarrollo sostenible para todo el país.
Tenemos que pasar de la promoción a la gestión.
De la intuición a la evidencia.
Del destino único al país multidestino.
De contar visitantes a comprender sus movimientos.
De proyectos aislados a sistemas territoriales.
Y de tener información dispersa a construir inteligencia para gobernar el turismo.
El Perú no necesita convertirse en otro país.
Necesita descubrir todo el país que todavía no hemos puesto en valor turístico.
Ese puede ser el próximo gran salto del turismo peruano.
No se trata de traer al viajero solamente hasta el Perú.
Se trata de conseguir que, una vez aquí, el Perú entero se convierta en su viaje.
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