Joimer Vargas: caficultor y protector de los bosques del Alto Mayo…

Mi opinión

La historia de Joimer Vargas, hijo, nieto y bisnieto de productores de café de San Martín, es verdaderamente inspiradora. Se trata de un muchacho de 24 años ganado a la causa de la protección de los bosques del Alto Mayo desde su condición de firmante de los llamados acuerdos de conservación entre el Estado y la población local, el instrumento que la ONG Conservación Internacional viene impulsando en la región San Martín para velar por la salud de unos de los ecosistemas más valiosos de la ruta nor-amazónica y el desarrollo de su gente.

La idea de estos acuerdos es sencilla: al firmarlos la población se compromete a proteger y a conservar la biodiversidad que los aloja a través de la realización de diversas actividades sostenibles. A cambio de ello, el Estado y sus socios los ayudan a desarrollar las actividades económicas que el área protegida permite. Gracias a esos acuerdos de conservación miles de peruanos están contribuyendo a cuidar diferentes áreas naturales del sistema nacional y en el caso del Bosque de Protección Alto Mayo, 395 caficultores de la muy activa Cooperativa de Servicios Múltiples Bosque del Atlo Mayo (COOPBAM) se han propuesto hacer lo mismo.

Y lo están consiguiendo. Enhorabuena. Los dejo con la historia de Joimer, catador profesional formado en la escuela de catadores creada en el Alto Mayo gracias al contrato de administración que vincula a CI-Perú con el SERNANP. Buena semana para todos, que las buenas noticias se multipliquen.


Tiene 24 años y acaba de ser reconocido como catador internacional de café. Así como su bisabuelo, ama el café, pero con una gran diferencia: no deforesta, por el contrario, cultiva de manera sostenible para proteger el Bosque de Protección de Alto Mayo en la región de San Martín. Como él, existen 385 caficultores suscritos a la Cooperativa de Servicios Múltiples Bosque del Alto Mayo (COOPBAM).

El buen café no solo se siente con el paladar sino que cuida el mismo bosque que lo hace crecer. Ese es el aprendizaje que tiene como principio de trabajo Joimer Vargas Coronel, a sus tan solo 24 años. Él sabe mucho del café gracias a la experiencia familiar acumulada. “Nosotros desde niños hemos nacido dentro del café. Mi padre es la tercera generación haciendo café, nosotros seríamos la cuarta generación”, explica el joven caficultor.

La familia Vargas es un gran ejemplo de cómo un grupo de caficultores que practicaban el cultivo común de roza y quema, en otras palabras, deforestar, pasó a un sistema agroforestal de cultivo de café sin afectar el área natural protegida a su alrededor. Por ejemplo, la finca de Joimer se llama La Fortaleza y está ubicada en el distrito de Pardo Miguel, caserío Dos de Mayo, en la zona de amortiguamiento del área protegida.

Si bien ahora tienen una finca que le pertenece a la familia. Antes no fue así. En las tres generaciones pasadas, los Vargas tuvieron que emigrar de tierra en tierra. Debido al método clásico de deforestación, al quemar para cultivar se empobrece el suelo y se veían obligados a conseguir nuevas parcelas. Toda esa situación continuó hasta que Joimer y el resto de caficultores conocieron los acuerdos de conservación que promueven Conservación Internacional junto a su socio, el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SERNANP) a través del contrato de administración para el manejo de esta área protegida.

“Hasta que en 2011 llegaron los acuerdos de conservación. Donde nos enseñaron que se podía producir café en áreas trabajadas anteriormente. Hicimos pruebas de cultivo de café con buenos resultados. Luego se creó la Cooperativa de Servicios Múltiples Bosque del Alto Mayo. Mi padre fue el primer presidente”, recuerda Joimer.

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El café y la conservación del bosque 

Desde niño, Joimer sabía sembrar café, como el resto de su familia. Sabía cómo cultivar los granos, cómo esperar para que se produzcan de buena calidad, cómo cosecharlos, secarlos y venderlos al primer comprador que había. Sin embargo, eso era lo único que podía hacer… también era lo mismo que hacían el resto de caficultores locales.

“No sabíamos que había más allá, tampoco nos llamaba la atención porque no había nadie quien nos comprara”, afirma Joimer. Con la creación de la Cooperativa de Servicios Múltiples Bosque del Alto Mayo (COOPBAM), que promovió Conservación Internacional, se comenzó a capacitar y fortalecer la organización comunal que ya existía para que los caficultores accedan a mejores precios y así mejorar su calidad de vida y su producción.

Joimer recuerda que las enseñanzas llegaron más allá de lo que pensaba. Incluso ayudaron en su crecimiento personal. “En la Cooperativa me enseñaron muchas cosas. Me enseñaron a trabajar en familia y que la caficultura es un trabajo familiar porque requiere mucha mano de obra. Si no, el productor no se abastece para recolectar los granos. A partir de eso manejamos los procesos de fermentación, hacer buenos manejos de poscosecha y un correcto secado y almacenamiento. Con todo ese trabajo pudimos vender a un mejor precio a nuestro café”.

Gracias a la producción sostenible que realizaba la Cooperativa y al acuerdo de conservación al que se suscribió, los caficultores accedieron a convocatorias para capacitarse en control de calidad, para catar y para aprender sobre un mejor manejo del café.

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Ahora no solo consiguen mejores precios a nivel nacional, sino incluso exportan a compradores en Europa y Estados Unidos. “Cuando aprendimos las técnicas de catación de café, empezamos a descubrir nuevas fragancias, aromas, sabores. Así aprendimos que existen cafés con diferente acides que, a pesar de estar en la misma a región, hay una variedad de sabores muy distintos de productor a productor”, enfatiza el joven caficultor, quien actualmente también es responsable de la finca La Fortaleza.

Sin embargo, al probar otro tipo de calidad de café, Joimer se preguntaba, ¿qué hay que hacer para mejorar la chacra de café de mi papá?

“A raíz de eso inicié a investigar.  A explicarle a mi papá que debíamos sembrar de esta manera, recolectar los granos así, sobre todo los maduros. A fermentar a estas horas y dejar a tanto tiempo, almacenar todo en correctas condiciones”, recuerda Joimer.

Los resultados se vieron pronto. De un café con puntaje de 81 puntos, gracias a mejores procesos de fermentación, subieron a 84 o 85 puntos. Incluso la finca ya vende su café a tostadoras y cafeterías en otras partes del Perú. 

Joimer: el catador de café

La mejora no solo se sintió en el sembrío de café en la finca de Joimer, sino también en su formación profesional. Gracias a la formación de una escuela de catadores creada gracias a la gestión del contrato de Administración del Bosque de Protección Alto Mayo que existe entre el SERNANP y Conservación Internacional Peru, él también pudo formarse y lograra este año su certificación “Q Arábica Grader”, otorgado por el Coffee Quality Institute, que lo avala como catador internacional de café.

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Joimer también ha estado participando en la última edición de la Expoamazónica, en la cual compartió sus conocimientos sobre el café sostenible de la COOPBAM en el stand de Conservación Internacional. Su último reconocimiento fue una invitación como jurado en la segunda edición del Concurso Regional de Cafés Especiales: La Taza San Martín 2022, en el cual se seleccionó el mejor café de San Martín. Fue su primera experiencia como juez.

“Debemos empezar a hacer café en áreas que ya han sido trabajadas (deforestadas), pero de una mejor manera, tecnificando, con sistemas agroforestales, cuidando la vida silvestre, la vegetación, cuidando las aguas. No me gustaría que el cultivo del café aporte a la destrucción climática. Que sea un ingreso económico, pero que contribuya a la conservación del ambiente”, finaliza.

El Bosque de Protección Alto Mayo

El Bosque de Protección Alto Mayo es un área natural protegida por el Estado peruano que se estableció el 23 de julio de 1987. Conserva 182 mil hectáreas de bosque y su objetivo de creación es garantizar el abastecimiento de agua para el consumo humano, agrícola e industrial para más de 280 mil personas. Además de tener paisajes únicos y una alta diversidad biológica; alberga a más de 500 especies de aves, y 400 especies de orquídeas entre ellas a la orquídea zapatito fucsia (Phragmipedium kovachii) considerada una de las más bonitas del mundo y la lechucita bigotona (Xenoglaux loweryi), la lechuza más pequeña que existe.

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