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Yvon Chouinard, CEO de Patagonia: «La Tierra es ahora nuestro único accionista»

1 octubre, 2022

Mi opinión

Yvon Chouinard formó con Douglas Tompkins y Royal Robbins una amistad inseparable: los tres fueron compañeros de juerga, de negocios y de principios, eso es lo que afirma Andrés Azócar, el biógrafo del fundador de The North Face y Esprit, las marcas icónicas, junto a Patagonia Inc., de la moda de California de los gloriosos años setenta y ochenta del siglo que hemos dejado atrás.

Chouinard conoció a Tompkins mientras escalaba en el Teton National Park, en Wyoming, antes de cumplir los veinte años: nunca más pudieron separarse. Estuvieron juntos el día que una ventisca inoportuna impidió que Tompkins pudiera regresar con vida de su última aventura en el lago General Carrera, en las Andes argentinos.

En 1968 Chouinard, Tompkins y Robbins y tres amigos más, todos deportistas de élite, emprendieron un viaje de seis meses por toda Sudamérica hasta llegar al monte Fitz Roy en la provincia argentina de Santa Cruz. “El viaje tuvo de todo, conocieron y admiraron los macizos de los Andes, y esquiaron e hicieron surf en las playas del norte del Perú”, las imágenes de este recorrido iniciático, tomadas por una cámara de video que Tompkins se afanó en llevar, sirvieron para crear el documental «Fitz Roy, montaña de tormentas». Y el ascenso a la cima de la montaña de 3,441 metros para abrir la ruta que hasta el día de hoy se llama la “vía del californiano”, una de las rutas más bellas y clásicas para domeñar al coloso patagónico.

La hazaña le sirvió a Yvon Chouinard, uno de los escaladores en roca más notables de los Estados Unidos, para crear el logo que durante años caracterizara a la marca de ropa y artículos deportivos que fundó en 1973, en pleno auge de la moda outdoor y la aventura a mil por hora.

Dice más Alcózar en su trabajo sobre Tompkins, lo cito: “Tompkins, Chouinard y Robbins no eran hippies en el sentido preciso de la palabra, pero comulgaban con la libertad y la experimentación que traía consigo la época, cargada como nunca del concepto de contracultura”. No olvidemos que el californiano, me refiero el fundador de North Face, había sido amigo de Janis Joplin y por la tienda de su marca en San Francisco solían llegar Allen Ginsberg y Dizzy Gillespie.

De los tres amigos, Chouinard fue el que más pasos adelante dio en el afán común de construir un modelo empresarial para sus negocios que pusiera atención en la responsabilidad social y el cuidado ambiental. Patagonia fue desde su fundación una compañía ejemplar en el trato a sus trabajadores y la preocupación de su propietario por mejorar la relación de la industria con el medio ambiente fue destacada desde temprano por los medios de comunicación especializados.

Saludo el paso dado por el genial Yvon Chouinard, hijo de un fontanero franco-canadiense que con el transcurrir de su vida se convirtió en cetrero, deportista, empresario de notable éxito, ambientalista, filántropo y creyente en un mundo mejor.

Patagonia Inc., la compañía estadounidense de ropa deportiva para el aire libre y y comercializada como sostenible, ha sido transferida por su fundador y dueño a la causa climática. Yvon Chouinard, de 83 años, es un empresario multimillonario que ha dedicado buena parte de su vida a las actividades del medio ambiente. Destacándose como escalador, ecologista, surfista y ahora benefactor del planeta.

«La Tierra es ahora nuestro único accionista», asentó Chouinard al momento de desprenderse de su empresa valorada en 3.000 millones de dólares. “Si tenemos alguna esperanza de un planeta próspero, mucho menos un negocio, será necesario que todos hagamos lo que podamos con los recursos que tenemos”, añadió. “Esto es lo que podemos hacer”.

El  fundador de la empresa en 1973, con un marcado y estrecho sello con la naturaleza, su disfrute y preservación, decidió dar un paso contundente en el combate de la crispación climática. “Necesitábamos encontrar una manera de invertir más dinero en la lucha contra la crisis. Manteniendo intactos los valores de la empresa”, señaló el empresario en una carta pública difundida en la web de Patagonia.

En vez de vender la compañía o hacerla pública, Chouinard, junto con su esposa y dos hijos adultos transfirieron la propiedad de Patagonia, a un fideicomiso especialmente diseñado y una organización sin fines de lucro. Ambas organizaciones fueron creadas para preservar la independencia de la empresa y garantizar que todas sus ganancias (unos 100 millones de dólares al año) se utilicen para combatir el cambio climático. Y al mismo tiempo, proteger las tierras no urbanizadas en todo el mundo.

Yvon Chouinard, fundador y donante de Patagonia

A Yvon Chouinard se le conoce por ser un empresario atípico que llama a evitar el consumismo, cuestiona a las corporaciones y lleva a sus empleados a practicar surf, a esquiar o a pescar. En estos años al frente de Patagonia ha roto algunos paradigmas en la conducción de la empresa, en su visión y misión y, en el ámbito laboral. “Preferimos escoger a un trabajador que sea un pescador de mosca, por ejemplo. No tendrá ningún problema pues funciona igual que una familia. Dejaríamos atrás a un hombre de negocios que hay que enseñarle flyfishing”.

Al decidir hacer algo más por el planeta. Yvon Chouinard tenía varias opciones: vender Patagonia y donar todo el dinero. “Pero no podíamos estar seguros de que un nuevo propietario mantendría nuestros valores o mantendría empleados a nuestro equipo de personas en todo el mundo”, comentó. Entonces el otro camino era hacer pública la empresa. “Qué desastre hubiera sido”, alertó. “Incluso las empresas públicas con buenas intenciones están bajo demasiada presión para generar ganancias a corto plazo. A expensas de la vitalidad y la responsabilidad a largo plazo”.

En lugar de extraer valor de la naturaleza y transformarlo en riqueza para los inversionistas, “usaremos la riqueza que crea la Patagonia para proteger la fuente de toda riqueza”, adelantó el empresario.

La transferencia de la empresa queda de la forma siguiente: Patagonia continuará operando como una corporación privada con fines de lucro en su sede en Ventura, California. Vendiendo chaquetas, gorros, pantalones, tops, shorts, mochilas, bolsas de dormir, accesorios varios. Para aficionados y profesionales del surf, montañismo, pesca con mosca, senderismo, esquí, entre otros, por un valor de más de mil millones de dólares anuales.

Cuentas claras y sostenibles

Pero Yvon Chouinard y su familia, que controlaron Patagonia hasta el mes pasado, ya no son dueños de la empresa. Transfirieron todas las acciones con derecho a voto de la compañía, equivalentes al 2% de las acciones totales, a Patagonia Purpose Trust, una entidad recién creada.

Así es como funciona: el 100% de las acciones con derecho a voto de la empresa se transfieren al Patagonia Purpose Trust, creado para proteger los valores de la empresa. Y el 100% de las acciones sin derecho a voto se habían entregado a Holdfast Collective. Una organización sin fines de lucro dedicada a combatir la crisis ambiental y defender la naturaleza.

El financiamiento vendrá de Patagonia. “Cada año”, detalló Chouinard, “el dinero que ganamos después de reinvertir en el negocio se distribuirá como dividendo para ayudar a combatir la crisis”.

El fideicomiso será supervisado por miembros de la familia y sus asesores. Tiene como objetivo garantizar que Patagonia cumpla con su compromiso de ser una empresa socialmente responsable y regalar sus ganancias. Como los Chouinard donaron sus acciones a un fideicomiso, la familia pagará alrededor de 17,5 millones en impuestos por la donación.

“Esperemos que esto influya en una nueva forma de capitalismo que no termine con unos pocos ricos y un montón de pobres”, sostuvo Chouinard, en una entrevista a The New York Times, diario que dio la primicia y tras la que decenas de medios en el mundo se han hecho eco. “Vamos a regalar la cantidad máxima de dinero a las personas que están trabajando activamente para salvar este planeta”, precisó.

Cómo convertir un negocio en combatir crisis climática

El CEO de Patagonia, Ryan Gellert, contó que «hace dos años, la familia Chouinard nos desafió a algunos de nosotros a desarrollar una nueva estructura con dos objetivos centrales. Querían que protegiéramos el propósito del negocio y que liberáramos de forma inmediata y perpetua más fondos para combatir la crisis ambiental. Creemos que esta nueva estructura cumple con ambos y esperamos que inspire una nueva forma de hacer negocios que pone a las personas y al planeta primero”.

“Había un costo significativo para ellos al hacerlo. Pero era un costo que estaban dispuestos a asumir para garantizar que esta empresa se mantuviera fiel a sus principios”, dijo Dan Mosley, socio de BDT & Co. Un banco comercial que trabaja con personas muy ricas, como Warren Buffett, y que ayudó a diseñar la nueva estructura de Patagonia. “Y no obtuvieron una deducción caritativa por eso. Aquí no hay ningún beneficio fiscal”, precisó a The New York Times.

Medios estadounidenses como Forbes o The Washington Post recogieron declaraciones de ONGs con las que Patagonia ha colaborado a lo largo de estos años. Manifestaron “no sorprenderse” de la actuación de Chouinard. A la vez que calificaron el liderazgo de la familia de único y sin precedentes.

Algunos hitos de Patagonia

Su nombre y logotipo (el perfil del Cerro Fitz Roy, ubicado en la Patagonia entre Argentina y Chile) hablan por sí solos del espíritu de la compañía.

Y en 2011 lanzó la campaña «No compre esta chaqueta» de Patagonia. Instó a los clientes a comprar menos cosas y reutilizar lo que ya tenían, consagrando a la empresa como un incondicional de la sostenibilidad.

Y les pidió a sus consumidores que antes de comprar una nueva prenda piensen realmente si la necesitan. Además organizó días de canje en los que invita a reparar ropa de cualquier marca en sus talleres.

“Uno tiene que vivir de acuerdo con lo que dice; nada de engaños”, afirmó Yvon Chouinard, empresario, ecologista y fundador de Patagonia.

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