Solo Para Viajeros

Loreto: Manatí bebé es rescatado de una red de pesca y ahora comienza un largo camino hacia su libertad

Mi opinión

Qué linda nota que recojo de la siempre bien informada agencia Inforegión: en un paraje remoto de la frontera entre Perú y Colombia, un grupo de pobladores pusieron todo el empeño que podían para salvar de una muerte segura a un cachorro de manatí, el tímido mamífero amazónico cuya especie sobrevive a duras penas en los confines más apartados de la Amazonía peruana. El bebé de pocas semanas de nacido y tan solo 18 kilos de peso, había quedado atrapado en una de las redes que los pescadores utilizan en sus tareas cotidianas. Fue el padre de uno de los guardaparques del Área de Conservación Regional Yaguas quien advertido de su presencia se ocupó de llamar la atención de sus vecinos para armar entre todos, ipso facto, una cadena de solidaridad y amor que fue capaz de trasladar al animalito desde la comunidad de Primavera hasta la ciudad de Iquitos para su internamiento en CREA, el Centro de Rescate Amazónico que tanto viene haciendo por la salud de las especies silvestres de nuestra maltratada Amazonía.

Los manatíes (Trichechus inunguis) o vacas marinas, como los suelen llamar los ribereños, pertenecen al orden de los sirenios, un tipo de mamífero herbívoro que se ha adaptado a vivir exclusivamente en espacios acuáticos y que guarda similitudes físicas con focas y morsas. Los sirénidos (el nombre alude a las sirenas, en el imaginario popular una criatura de notable parecido) que habitan los ríos del Perú, Brasil, Ecuador, Bolivia, Colombia, Venezuela y las Guayanas han venido siendo objeto de una cacería inescrupulosa que ha diezmado sustancialmente sus poblaciones. En el 2020, un informe que recojo para Ecuador, indicaba que un poco más de 50 manatíes adultos sobrevivían en sus cursos de agua continentales y en los demás países habitados por sus poblaciones la situación no es mucho mejor: en Perú y en Brasil el estado de la especie ha sido clasificado como Vulnerable y en Colombia se considera En Peligro.

Los manatíes, a diferencia de los delfines amazónicos, sus compañeros de ruta, son especialmente tímidos y como ellos se comunican con sonidos de frecuencia corta que suelen ser percibidos por el oído humano. Raimondi, el sabio italiano, en sus recorridos del año 1869 por el departamento de Loreto en el vapor “Pastaza”, visitó una localidad en las orillas del río Marañón llamada Vacamarina, en clara alusión a la presencia en sus riadas del manatí de esta nota a quienes los lugareños llamaban cayo-cayo por su parecido con un invertebrado común en esas latitudes. En la actualidad los manatíes, que cuando adultos llegan a pesar entre 300 y 500 kilos y pueden llegar a medir 2,8 metros, vienen sufriendo las consecuencias de la contaminación de sus fuentes de vida por pesticidas, mercurio y otros metales y, por supuesto, también los estragos que sobre las demás especies del bosque originan la deforestación, las fugas de aceite y, en el caso de ellos en particular, la creciente presencia de los botes y redes que se utilizan cotidianamente en las faenas de pesca.

Gabriel García Márquez, que en algunas de sus obras, de soslayo, fue muy crítico de la barbarie humana tan afecta a destruir geografías cebándose con animales y planta, menciona en “El amor en los tiempos del cólera” al capitán Samaritano, el piloto del barco de la Compañía Fluvial del Caribe que traslada a Florentino Ariza y Fermina Daza por el río Magdalena, quien dominado por la ira abandona en un playón desierto del mismo río a un cazador de Carolina del Norte que le había disparado un tiro en la cabeza a una manatí hembra cuya cría lloró a gritos sobre el cadáver de su madre. “Aquel había sido un episodio histórico: el manatí huérfano, que creció y vivió muchos años en el parque de animales de San Nicolás de las Barrancas, fue el último que se vio en el río”, escribió.

Con acciones como las de los coaligados en Primavera, El Estrecho y finalmente en la ciudad de Iquitos, todos pobladores locales, trabajadores del sector público y de las instituciones conservacionistas que laboran en este rincón de la patria, es posible confiar en que las poblaciones de manatíes de nuestro país se salven de la extinción. Sería hermoso: un aliciente para seguir creyendo en el #OtroMundoesPosible con el que soñamos. Les dejo la nota, ¡qué cadena humana tan perfecta y amorosa es la que ha permitido que un cachorro de manatí pueda ser salvado para que cuando alcance el peso y la talla propicia retorne a las orillas de los ríos del ACR Yaguas!


Tomado de Inforegión. Un artículo de Jorge Zaldívar.

El rescate movilizó a comunidades locales, autoridades y organizaciones de conservación que coordinaron una compleja operación de traslado desde una de las zonas más remotas de la Amazonía peruana. Las primeras evaluaciones realizadas por el Centro de Rescate Amazónico (CREA) indican que el animal presentaba un estado de salud favorable y viene respondiendo adecuadamente al proceso de alimentación y adaptación.

Un manatí amazónico bebé fue rescatado en la comunidad de Primavera, ubicada en la zona del Área de Conservación Regional Comunal Yaguas, e inició su proceso de rehabilitación en el Centro de Rescate Amazónico (CREA) de Iquitos. El ejemplar quedó atrapado accidentalmente en una red de pesca utilizada por pobladores de la zona para consumo familiar.

Más info en La bella historia de un manatí que cambió la vida de una población colombiana

El rescate fue posible gracias a la rápida comunicación entre los pobladores y las instituciones dedicadas a la conservación de fauna silvestre. Según explicó Juan Sánchez Babilonia, coordinador del área de mamíferos acuáticos del CREA, el padre de un guardaparque encontró al animal enredado en una red. Después, alertó de inmediato a las autoridades.

“Lo primero que tenía que hacerse era verificar si la madre estaba cerca. Lo soltaron un momento para observar si ella aparecía, pero nunca se acercó”, relató Sánchez Babilonia.

El manatí quedó atrapado accidentalmente en una red de pesca utilizada por pobladores de la zona para consumo familiar. (Foto: Centro de Rescate Amazónico – CREA)

Un rescate que tomó varios días de viaje

Tras confirmar que el manatí se encontraba solo, se activó un operativo para trasladarlo desde una de las zonas más remotas de la Amazonía peruana. La comunidad de Primavera se ubica cerca de la frontera con Colombia, en un territorio de difícil acceso. Juan nos cuenta que el animal fue movilizado inicialmente desde Primavera hasta la comunidad de El Álamo con apoyo de la Sociedad Zoológica de Frankfurt. Esta organización facilitó el transporte necesario para recorrer la zona fluvial.

Leer más en Loreto: pescadores de la cuenca de Apayacu liberan a un manatí amazónico

Posteriormente, debido a limitaciones logísticas para el aterrizaje de aeronaves, el manatí tuvo que continuar su viaje hasta la localidad de San Antonio del Estrecho. “Entre Primavera, El Álamo y El Estrecho fueron aproximadamente dos días de traslado. Lo importante era mantenerlo hidratado y evitar que recibiera cualquier alimento sin supervisión especializada”, indicó.

Una vez en El Estrecho, personal del CREA y de la Dirección Regional de la Producción (Direpro) realizó una evaluación preliminar. Además, coordinó el traslado aéreo hasta Iquitos, donde el ejemplar ingresó al centro de rescate para iniciar su recuperación.

«Entre Primavera, El Álamo y El Estrecho fueron aproximadamente dos días de traslado». (Foto: Centro de Rescate Amazónico – CREA)

Primeras evaluaciones y proceso de rehabilitación

Los análisis iniciales muestran resultados alentadores. El manatí, de aproximadamente 18 kilogramos de peso, presenta buen estado general y mantiene apetito.

“Ya hemos realizado análisis de sangre y los resultados son favorables. Tiene buen apetito y eso es una señal positiva para nosotros”, señaló Sánchez Babilonia.

Actualmente, el ejemplar permanece en un área de cuarentena donde recibe alimentación especializada a base de leche sin lactosa y suero oral. El equipo técnico lo alimenta cada dos horas para facilitar su adaptación al tratamiento. Según explicó Juan, el proceso de rehabilitación de un manatí rescatado puede extenderse entre tres años y medio y cuatro años. Durante los primeros dos años el animal permanece en etapa de lactancia. Posteriormente pasa por una fase de destete y finalmente por un periodo de preliberación en ambientes que reproducen las condiciones naturales de la Amazonía.

“Cuando alcanza entre 80 y 100 kilos y demuestra que puede alimentarse por sí mismo sin depender del contacto humano, consideramos que está listo para volver a la naturaleza”, explicó.

Los análisis iniciales muestran resultados alentadores. El manatí, de aproximadamente 18 kilogramos de peso, presenta buen estado general y mantiene apetito. (Foto: Centro de Rescate Amazónico – CREA)

El papel ecológico del manatí amazónico

Más allá del rescate individual, los especialistas destacan la importancia ecológica de esta especie para los ecosistemas amazónicos. El manatí amazónico cumple una función clave como regulador natural de la vegetación acuática.

“Ellos consumen grandes cantidades de plantas acuáticas y ayudan a mantener despejados los espejos de agua. Si estas plantas crecen sin control, pueden cubrir lagos y cochas, reduciendo la entrada de luz solar y afectando la producción de oxígeno”, explicó Sánchez Babilonia.

El biólogo señaló que la disminución de poblaciones de manatíes puede generar desequilibrios en los ecosistemas acuáticos, afectando incluso a las comunidades humanas que dependen de la pesca.

Deja un comentario