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Receta para salvar Sierra del Divisor

Mi opinión

Para mí, la única receta que existe para salvar la magnificencia que esconde este bosque inaudito es convertir la tímida zona reservada que el Estado creó en el 2006 en un vigoroso Parque Nacional. No hay otra receta: los peligros que se ciernen contra este territorio de más de un millón de hectáreas de extensión entre Loreto y Ucayali son tremendos y nos es necesario detallarlos. Digamos que le sucede a Sierra del Divisor lo mismo que le está ocurriendo a las demás porciones de la Amazonía peruana que todavía guardan en sus entrañas riquezas apetecidas por los buscadores de El Dorados que perviven en este planeta despreocupado en proteger sus fuentes de vida.

Una adecuada categorización de la zona reservada le daría al propio Estado las herramientas que necesita para proteger lo que es de todos. Ejemplos de situaciones como ésta existen muchas en nuestro país; la Amazonía que hemos podido salvar de la destrucción organizada es precisamente aquella donde se construyeron los vallados legales que ponen freno a la pretensión de los que todo lo quieren.

¿Qué está deteniendo el proceso de categorización definitiva del área si es que como sabemos el expediente para la creación del Parque Nacional Sierra del Divisor ha sido aprobado por todas las instancias sectoriales?. Como lo afirma Ricardo León en la nota publicada el sábado último en El Comercio de Lima, tal vez sea el temor de los ministerios productivos en el sentido de que el área protegida ponga en salmuera los derechos para la explotación petrolera que les fueron otorgados a dos empresas privadas. Temor infundado cuando se sabe que la propia ley establece mecanismos que favorecen el respeto de los derechos adquiridos por terceros anteriores al establecimiento del área. Así sucedió cuando se creó la Reserva Nacional San Fernando, en Marcona y también al establecerse el Área de Conservación Regional Cordillera Escalera, en San Martín, dos procesos en los que he participado cercanamente.

Confío en la pronta solución de este problema. Vamos a estar muy expectantes a las decisiones que se tomen sobre Sierra del Divisor; como lo han comentado los amigos de CEDIA, la institución ambientalista que desde hace mucho hace tanto por el desarrollo de los indígenas amazónicos, la creación del Parque Nacional Sierra del Divisor “generaría una nueva ola de desarrollo local que garantizaría el mantenimiento de los servicios ecosistémicos que brinda directamente a más de 150,000 habitantes ubicados en las zonas de aledañas, en más 4 millones de ha. de bosques con alto potencial de manejo, lo que se traduce en seguridad hídrica y seguridad alimentaria para las comunidades del entorno. “


La Sierra del Divisor divide las opiniones y este no es un juego de redundancias, sino un problema. La historia, resumida, comienza con la resolución ministerial N° 0283-2006-AG, de abril de ese año, que reconocía la Sierra del Divisor como zona reservada. Esta es una categoría intermedia, un paso previo para la creación, estudios técnicos de por medio, de un parque nacional, que es la categoría máxima.

Han pasado nueve años, se han hecho los estudios técnicos respectivos y hay un expediente pulido. Pero el Ejecutivo no ha tomado aún una decisión. La razón es compleja: por ley, cuando se crea una zona protegida se deben respetar los derechos adquiridos previamente.

En el caso de la Sierra del Divisor, dos empresas, Maple y Pacific Stratus Energy, tienen concesiones aprobadas; la de Pacific es la más extensa y, por lo mismo, la más controversial. El sector Energía y Minas teme que no se reconozcan esos derechos, y allí mismo la discusión se entrampó. Pero han pasado demasiados años.

Visto desde otra acera, la del Ministerio del Ambiente, lo que podría considerarse un escollo no lo es. “Hay mucho entendimiento con la empresa. Es un socio adecuado y diría que hasta deseable”, comentó a este Diario Gabriel Quijandría, viceministro de Desarrollo Estratégico de los Recursos Naturales.

Pero hay otro factor, que no solo no ha sido tomado en cuenta, sino que eleva el problema a otro plano: el de las amenazas. En los últimos años el Servicio Nacional de Áreas Protegidas por el Estado (Sernanp) logró recuperar zonas de la Sierra del Divisor que estaban a merced de madereros y mineros ilegales, pero el limbo en el que se encuentra esta zona reservada permite que, desde varios flancos, la minería la tala y además el cultivo de hoja de coca para el narcotráfico, se hayan reagrupado.

Es, finalmente, cuestión de perspectivas. Desde el enfoque ambiental, defender con todas las armas legales posibles la Sierra del Divisor permitiría garantizar su pureza. Desde el punto de vista productivo, la existencia de concesiones petroleras en un sector podría representar un caso –único en nuestro país de extremos- de convivencia pacífica entre naturaleza y empresa. Desde un ángulo político, darle a este imponente territorio ubicado entre Loreto y Ucayali la categoría de parque nacional haría parecer que hay un Estado decidido. Y desde la perspectiva visual que otorga la ventanilla de una avioneta, y que permite tomar una foto como la que encabeza este artículo, lo que se observa con pavor es una reserva de vida bajo amenaza constante. Es el lado más salvaje de la selva.

3/05/2015

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