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Sebastião Salgado, mirar al planeta para salvarlo

Mi opinión

Salgado es un genio. Y también un tenaz defensor del planeta que queremos, un esforzado “restaurador” que en su tierra, en Minas Gerais, Brasil, ha sembrado tres millones de árboles con el afán de recuperar lo que el extractivismo destruyó en su afán de tomarlo todo. Sigo su obra, que es inconfundible, desde hace mucho tiempo; el fotógrafo que mejor ha retratado el drama que viven las poblaciones indígenas amazónicas expone en estos días en Madrid su trabajo más conocido: “Amazônia”. Suerte la de los madridistas, van a tenerlo hasta el 14 de enero con ellos. Luego la expo se va a mover a Barcelona. Vamos a volver con más Sebastião Salgado por aquí en estos días. Es necesario conocerlo.


Tomado de Vanity Fair

Primero quiso conocer el mundo. Después, cambiarlo. Sebastião Salgado iba a ser economista pero el destino tenía un plan mucho más ambicioso para él. Cogió una cámara por casualidad y a partir de entonces se convirtió en los ojos de la naturaleza y de la humanidad que habita en ella. Desde su país, Brasil, hasta la Antártida, Siberia, Ruanda, Madagascar o Botsuana, Salgado ha recorrido más de medio mundo con su inseparable compañera, una Leica R6.

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Hoy deja su legado visual y su poderoso mensaje allá donde va. Su última intervención ha tenido lugar en la segunda edición de Audi Summit for Progress, un encuentro celebrado en el Palacio de Cibeles, en Madrid, en el que diferentes ponentes han expuesto sus ideas y proyectos para que nuestro futuro y nuestro planeta sean un lugar mejor y donde Salgado ha insistido en la importancia del cambio: “Estamos viviendo un momento dramático. Hay un esfuerzo en la reducción de la emisión de carbono, pero no hay una reducción real”.

Chamán yanomami realiza un ritual antes de la subida al Pico da Neblina. Estado de Amazonas, Brasil, 2014.

Tras la dictadura militar de Brasil, este fotoreportero regresó a su casa, en el valle del río Doce, en el estado de Minas Gerais. Nada era como recordaba: encontró su tierra deforestada. Así que junto a su mujer, Lélia Wanick, fundó el Instituto Terra, un proyecto mediante el cual han replantado el bosque con muchas de las especies autóctonas que se habían perdido —más de 297 tipos de árboles— y recuperando en gran parte el ecosistema de la zona. Hoy la estampa es diferente: “En 21 años tenemos más de 3 millones de árboles plantados. Cada árbol tiene frutos, hojas, flores, y los insectos y la vida vuelve».

Para crear conciencia medioambiental, el instituto ofrece también asesoramiento para agricultores y un programa educativo que difunde los beneficios de la conservación de los bosques y el agua. “La tierra, cuando tiene árboles, retiene la humedad. Cuando no tiene, el agua viene con violencia”, ha dicho el fotógrafo durante su ponencia en este evento en el que Audi nos invita a conectar con las mentes más brillantes para conocer las grandes ideas que marcan nuestro presente y futuro.

Tras su vuelta a Brasil, Salgado nunca dejó de viajar. Y mientras recuperaba el ecosistema de su tierra, en el Amazonas le esperaba otro proyecto con propósito: durante siete años visitó los pueblos indígenas para transmitirnos a través de sus imágenes en blanco y negro el desastre ecológico. Precisamente ahora se expone esta obra bajo el nombre Amazônia en Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa, en Madrid, y hasta el 14 de enero de 2024. Después llegará al Museu Marítim de Barcelona.

Sebastião Salgado, Islas Anavilhanas, Parque Nacional Anavilhanas, estado de Amazonas, 2009.

Entre el Instituto Terra y su obra fotográfica, Salgado ganó, en 1998, el premio Príncipe de Asturias de las Artes, estrenó un documental La sal de la Tierra (2014), dirigido por Win Wenders y su hijo, Juliano Salgado, y ha publicado, además de sus reportajes fotográfico, sus memorias —De mi tierra a la tierra— escritas en colaboración con la periodista Isabelle Francq. Y esta semana ha sido el encargado de cerrar la segunda edición de Audi Summit for Progress con su mensaje inspirador: “Si en España plantamos árboles, en 20 años estará como nuestro proyecto en Brasil. En 25 o 30 años será un país verde”.

Cuando Salgado mira al futuro, Salgado lo ve claro: la única herramienta que tenemos es la reforestación —»En 30 o 40 años será una de las zonas más ricas en biodiversidad en Brasil»—. Eso sí, siempre y cuando plantemos especies locales porque son las únicas capaces de recuperar la biodiversidad de nuestras comunidades.

Una indígena Yawanawá, fotografiada en el estado de Acre, Brasil, 2016 

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