Pueblos indígenas aislados: un reto para el Estado y la sociedad

Amanda Chaparro y Raphael Colliaux, tomado de La Mula

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Me preocupa este tema porque como en tantos otros asuntos que han sido fagocitados por el establishment académico vinculado a la Amazonía, oponerse a la verdad –la única verdad- que en algún momento se consensuó en foros y burós resulta peligroso. Una heterodoxia que puede llevarte al patíbulo.

Dicho en otras palabras: en el territorio del desarrollo amazónico y la protección ambiental se han ido construyendo respuestas a los problemas de fondo que no se pueden objetar. Últimamente cuando tengo la suerte de discutir con amigos sobre algunos temas comunes al movimiento, me doy con la sorpresa de que sus razones están saturadas de dogmas que no se pueden discutir y si me atrevo a hacerlo me convierto, ipso facto, en una criatura peligrosa, un diletante o algo por el estilo.

Por ejemplo; en problemática tan dolorosa como la de las poblaciones indígenas en aislamiento voluntario (sí, ya sé, lo políticamente correcto, lo aprobado por el “consenso” de no sé a dónde, es denominarlas PIACI), el dogma, la verdad indiscutible -dichosos los días de las verdades incómodas- obliga a los acólitos de la nueva religión a luchar por la inveterada y valiente voluntad de estas poblaciones de no ser contactadas, asimiladas por este occidente maléfico y brutal.

Y, claro, defender esa causa se desdice, colisiona frontalmente con razonamientos menos idealistas pero tan reales como éste que les propongo: los pueblos indígenas en esa condición están siendo avasallados por el avance de la ocupación de la Amazonía por esos mismos ejércitos de Homo sapiens que están devorando sin compasión selvas de nuestra portentosa Amazonía con y/o sin protección del Estado.

Propongo discutir este problema social desde otras ópticas. Una primera, la que desde hace muchos años voy rumiando, tiene que ver con el contrasentido de que los no contactados están siendo obligados a contactarse con quienes han invadido sus territorios y no tienen ningún deseo de respetar su forma de vida; es decir, taladores ilegales, mineros informales, narcos, narcoterroristas y otros buscadores de dorados (como los tristemente célebres misioneros de la SAM).

Una segunda mirada tiene que ver con lo que comenta el antropólogo Glen Shepard en el texto que les paso: es posible que los mashco piros de Monte Salvado y Shipetiari estén buscando ese contacto que los amigos de las verdades absolutas consideran imposible, fuera de la lógica que nació en los sesudos debates que tuvieron entre ellos.

Si fuera esto así, ¿qué nos toca hacer?

Estoy seguro que el problema tiene muchas aristas más. Hay que acercarnos a la problemática de las poblaciones amazónicas despojadas de sus territorios sin fundamentalismos. Los fundamentalismos de antes y de ahora han hecho muy poco por dar solución a problemas seculares y tan dramáticos.

Leo Pérez Peña tenía 20 años, estudiaba derecho en el Cusco. Desde hace algunos meses, había regresado a su comunidad matsiguenga de Shipetiari para apoyar el albergue turístico comunal Pankotsi. El primero de mayo, mientras la mayoría de los comuneros habían salido a la comunidad vecina a participar a una faena, un grupo de seis MashcoPiro entran en Shipetiari y matan a flechazos al joven Leonardo.

Este drama hizo surgir varias preguntas en el debate público estos últimos tiempos: ¿Por qué los Mashco, grupo de indigenas en aislamiento voluntario, nómadas, entraron en el asentamiento de Shipetiari? ¿Cómo el Estado debe reaccionar ?

La coexistencia de los comuneros de Shipetiari con grupos Mashco-Piro no es nada nuevo. Desde la creación de la comunidad en los años 1996, los Matsiguenga se encuentran frecuentemente con los aislados. Pero desde el año 2011, el ritmo de los contactos se han multiplicado en toda la región, y el caso de Shipetiari no es anecdótico.

Importantes grupos de Mashco aparecieron en las orillas de diferentes ríos (el Madre de Dios, el Manu, Los Amigos, Las Piedras). En la comunidad Piro de Diamante, salen cada verano. El comunero Shaco Flores, que trató de establecer contactos con ellos, fue asesinado en noviembre de 2011. Y en diciembre del año pasado, entre 100 a 200 Mashco-Piro entraron en la comunidad Monte Salvado para apoderarse de herramientas y víveres.

El aislamiento como estrategia de supervivencia

Como lo ha escrito el antropólogo Glenn Shepard, el ‘aislamiento voluntario’ de estos grupos fue una forma de “autodefensa” para evitar contactos que siguen constituyendo una amenaza mortal. Igualmente hay que tener en cuenta que los Mashco-Piro comparten una historia común con la gente de la región, y sería un error atribuirles su aislamiento y su comportamiento a veces violento como un “rasgo cultural” propio. Ellos han adoptado el nomadismo y el aislamiento para escapar a las masacres de las cuales fueron víctimas por parte de los colonos durante la ‘fiebre del caucho’ en la Amazonia peruana (aprox. entre los años 1885-1920). Hoy en día, la alta vulnerabilidad de los pueblos aislados a las epidemias, por carencias inmunológicas, vuelven los primeros contactos peligrosos para estos grupos.

Estos últimos años, la frecuencia de las salidas de los Mashco-Piro de sus territorios tradicionales parece indicar que importantes cambios se están operando en el grupo. “Hay una serie de presiones sobre los territorios y los recursos naturales”, nos explica Beatriz Huertas Castillo, antropóloga especialista de los pueblos no-contactados. Como por ejemplo la explotación legal e ilegal de madera, que podría ocasionar migraciones hasta las orillas del Madre de Dios . Puede existir también divisiones internas dentro de los Mashco-Piro. “Eso genera una drástica alteración en los recursos para la subsistencia, desplazamientos y comportamientos agresivos”, comenta Beatriz Huertas.

Cambios historicos

Hipótesis que comparte Glenn Shepard, que fue miembro de una misión de observación del Ministerio de Cultura (MINCUL) en Shipetiari. Sin embargo, el antropólogo considera también que parte de los aislados desean tal vez establecer contacto con el resto de la sociedad nacional. “Estamos asistiendo a un cambio histórico. Los Mashco-Piro ya no están huyendo el contacto como antes” explica.

Si esta hipótesis se verifica, el Estado tendrá que asumir una verdadera política de contacto “inicial”, con todos los peligros que implica. “El contacto inicial es un riesgo para los Mashco-Piro porque trae cambios sociales importantes, y porque están en una situación de extrema vulnerabilidad frente a las enfermedades”, subraya Shepard. Una gestión del contacto que el Mincul tendrá que planificar a largo plazo, porque el proceso de inmunización de los aislados puede demorar 4 a 5 generaciones.

Un reto para el Estado

El contacto puede constituir un peligro también para la población presente en la zona, como nos demuestra la muerte de Leonardo Pérez. Hacía varios meses que los Matsiguenga de Shipetiari habían expresado sus preocupaciones frente a las incursiones de los Mashco-Piro, siempre más cercas de las casas. Un comunero tuvo que huir y abandonar su hogar el año pasado, y el 26 de marzo de 2015, un grupo disparó flechas sobre una comunera, sin alcanzarla. En febrero, una reunión con representantes de Shipetiari y la responsable de los pueblos indígenas en aislamiento voluntario, Lorena Prieto , no permitó establecer soluciones satisfactorias para los comuneros. Patricia Balbuena, Vice Ministrra de Interculturalidad, anunció que un especialista brasileño de la FUNAI permanecerá en la comunidad.

Todo eso nos demuestra que estamos en un momento de interrogación sobre la estrategia que se tiene que adoptar frente a los pueblos no-contactados. ¿Mantener una política de aislamiento para asegurar su protección? ¿O establecer poco a poco un contacto con los grupos que han manifestado ese deseo, con el riesgo de propagar epidemias? A estas preguntas, los especialistas no se ponen de acuerdo. Definir estrategias y respuestas frente a esta situación va a constituir el punto central de los debates de estos próximos años.

10/7/2015