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Niky y Mauro, la pareja de colombianos que recorrió los 32 departamentos el país en busca de aves

Mi opinión

Se los he contado en otra entrada de esta plataforma: tuve la suerte de conocer a Niky Carrera y Mauricio Ossa en el Cusco durante las sesiones de la XI Feria de Aves de Sudamérica que se llevó a cabo en esa ciudad a fines de octubre pasado. Conocerlos y conversar un tantico, como dicen los colombianos, sobre su noble pasión y el peregrinaje que han hecho por su país promoviendo el conocimiento, el amor y el respeto por los emplumados de un territorio donde se ha registrado la mayor cantidad de especies de todo el planeta. Niky y Mauro, publicistas y creadores de las más sorprendentes campañas de promoción del birding en Colombia deben andar recabando información para dar por finalizado, el 26 de mayo de este año, la campaña #UnAverporDía, la presentación de un ave del registro nacional colombiano día tras días; vale decir, un reporte de 1954 especies si es que la data no me falla. Niky y Mauro, que se pasan la vida viajando por Colombia y el resto de la región, han logrado registrar 1400 aves de la lista nacional. Son unos bravos. Les dejo estas líneas con un poco de su historia.


Tomado de Colombia Visible

Niky Carrera y Mauricio Ossa, una pareja de esposos «unidos por las aves», dirigen uno de los proyectos más completos de avistamiento en Colombia.

El ‘Big Year’ es el sueño de todo pajarero. Básicamente se trata de agarrar un morral, empacar el kit de avistamiento (binoculares, guías, cámara y ropa camuflada), coger un mapa, trazar una ruta y dejarlo todo para internarse durante un año en los bosques del país. 

En un primer momento puede sonar fácil eso de “dejarlo todo e irse a ver aves» pero Niky y Mauricio, fotógrafos y publicistas, y también los pioneros en Colombia en realizar esta hazaña, recuerdan que la actividad, más que un sueño, significó para ellos una decisión radical en su vida. 

Para lograrlo tuvieron que poner en venta todas sus pertenencias, hacer rifas, comercializar camisetas, peluches y buscar, en el camino, algún patrocinador que supliera los gastos restantes del viaje pues, con su presupuesto inicial, solo alcanzaba para medio año. 

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“Compramos un carro 4×4 exclusivamente para este recorrido y solo en nueve días comenzó a presentar fallas, pero no dejamos que eso nos doblegara. Las aves que iban apareciendo y la solidaridad que comenzamos a recibir en el camino lo compensó todo”, cuenta la fotógrafa y publicista Niky Carrera, quien también menciona que lograron registrar más de 1.400 de las 1.900 especies de aves con las que cuenta el país. 

Mauricio Ossa, también fotógrafo y publicista, por su parte, anota que «es contradictorio que en el país de las aves no exista una cultura pajarera como si la hay en Estados Unidos». En ese país el amor por el avistamiento se hereda pues esta actividad es entendida como “una pasión que, una vez se inyecta en la piel, nunca deja de recorrer el torrente sanguíneo”, menciona el director de Birds Colombia.

La pasión por las aves surgió en ambos durante el 2015, para Niky en las selvas de Ecuador y Mauricio el Parque Los Alcazares en Manizales. /FOTO: cortesía.

Birds Colombia, además de marcar un hito en la comunidad pajarera del país con su viaje, también ha impulsado diferentes proyectos en los que utilizan las aves como puente para enviar mensajes de conservación que abarquen todo el ecosistema. Uno de ellos es Guardianes de las Aves, allí trabajan con niños de los territorios en la producción y divulgación de contenidos educativos enfocados en el medio ambiente.

Gracias a ese proyecto (que funciona como un concurso en el que los niños ganadores reciben un kit pajarero) Niky y Mauricio conocieron la historia de Kimi Bañol, un niño que con solo nueve años fue nombrado el primer guardián de las aves de Colombia, a raíz de su amor por las mismas y su trabajo con la comunidad de Puente Vélez. 

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Mauricio reconoce que la historia de Kimi es, hasta el momento, una de las que más alto impacto ha tenido pues, además de impulsar su pasión con este reconocimiento, los llenó de satisfacción poder gestionar todos los gastos para que el niño, oriundo del Valle del Cauca, conociera su ave favorita, el cardenal guajiro, e inspirara a niños de otros departamentos de Colombia a participar.

La pareja de esposos menciona que el apoyo a Guardianes de las Aves fue tan grande que incluso lograron concretar una alianza con Totto para marcar el logo de Birds Colombia en los morrales que eran regalados a los niños y jóvenes. A hoy, han logrado que 789 menores hagan el juramento de guardianes de las aves.

En el viaje por Colombia no solo conocieron niños guardianes; también aprovecharon su influencia para difundir, a través de peluches artesanales, el caso de la única ave extinta de Colombia: el pato zambullidor cira el cual, además, es el logo del proyecto.

El pato zambullidor fue visto por última vez en 1977 en las montañas de la región Andina. /FOTO: cortesía Birds Colombia.

El viaje por los 32 departamentos de Colombia les dejó, además de la enriquecedora experiencia de conocer aves en sus habitad naturales y diferentes ecosistemas, tres terabites de información con la que hoy nutren sus redes sociales a través de iniciativas como #UnAvePorDía, en la que el objetivo es postear en la cuenta de Instagram de Birds Colombia la foto de un ave hasta alcanzar las 1954 registradas. 

También adelantan una serie de podcast titulada Colombia Unida por las Aves en la que cada capítulo está dedicado y ambientado con sonidos de cada departamento del país. En la primera entrega incluyeron Nariño, Putumayo, Caquetá, Huila y Tolima. En ellos hablan de las aves de la zona y de la gastronomía, cultura y costumbres de cada lugar en el que estuvieron.

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«Una cosa es hablar de Colombia y otra cosa es conocer cada rincón de este país. Este viaje nos permitió llegar a más de un millón de visitantes en nuestras redes y posicionar el avistamiento de aves como un tema serio, no como una fantasía», comenta Mauricio Ossa quien, junto a Niky, extiende la invitación a todos los colombianos a sacarle provecho a nuestra diversidad en fauna y flora y permitirnos, así, conectar con toda la naturaleza que alimenta el territorio.

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