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El otro rostro de El Niño: un océano que se reorganiza, un interesante análisis de la SPDA

Mi opinión

Les dejo este interesantísimo artículo que ha publicado Actualidad Ambiental sobre los efectos del pernicioso El Niño en nuestras pesquerías, un tema que, pensamos por aquí, debería ser más recurrente en nuestras conversaciones y en las tomas de decisión de autoridades y hombres de mar. Lo han escrito dos analistas del Programa de Gobernanza Marina de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA), los biólogos Antonio Cuba y Yesenia Chumbe. Para ambos profesionales, resumo, resulta imprescindible partir de la siguiente premisa para poder enfrentarnos con prudencia al problema que nos ha caído encima: el Fenómeno de marras no convierte necesariamente al mar peruano en un ecosistema agónico, empobrecido en grado sumo, no, solo lo transforma, lo modifica, lo trastoca. La anomalía climática, al impedir el ascenso de las aguas frías y llenas de nutrientes hacia la superficie y precipitar el aumento de la temperatura del mar que baña las costas de casi todo el litoral nuestro, entre otras perturbaciones, provoca la redistribución de las poblaciones de muchas de las especies que lo habitan, no necesariamente su colapso demográfico.

La anchoveta, por ejemplo, la especie clave de nuestro océano, se retira de las zonas de aguas frías que han sido alteradas por el cambio de temperatura para buscar ambientes favorables para su sobrevivencia. A otras, como la merluza o la pota, el súbito calentamiento de las aguas les brinda la oportunidad de incrementar sus poblaciones mientras ciertas especies de aguas tropicales, el perico una de ellas, al cambiar la temperatura al sur de sus territorios, encuentran la posibilidad de migrar a mares ajenos. Hacen lo mismo los bonitos, los atunes y las caballas. Y también los machetes y fortunos, especímenes muy comunes en el norte extremo del país. De manera que, anotan los biólogos detrás del análisis, “el Niño no crea un mar pobre, sino un mar más diferente”. Clarísimo. ¿Qué hacer frente a este cambio en la distribución de especies en el mar peruano?

Cuba y Chumbe proponen, entre otras cosas, me parece entender, acelerar los procesos de adaptación para responder tanto a los riesgos como a las oportunidades: vale decir, alentar el aprovechamiento temporal de los recursos marinos de oportunidad y de cara a la protección de las especies más vulnerables, disponer rápidamente los cierres temporales y/o ajustes en sus temporadas de pesca. Claro, se trata de medidas de emergencia que no van a resarcir las pérdidas de las pesquerías industriales y, sobre todo, de las artesanales, cuya actividad aglutina a casi cien mil familias peruanas que van a verse obligadas a buscar ingresos alternativos a los tradicionales debido al impacto del fenómeno del que hablamos. De allí la urgencia, como dicen los autores que estoy citando, de volver a activar un Plan de Contingencia Sectorial como el que se implementó durante el Niño 2023-2024 que disponga el apoyo estatal a los pescadores artesanales y a los acuicultores.

Esperemos que sea sí, que las autoridades que están de salida y las que se alistan a asumir funciones a partir del 28 de Julio articulen esfuerzos y empiecen a tomar las decisiones que el caso ameritan. Y que la Sociedad Nacional de Pesquería entienda que lo sensato es buscar las oportunidades que este “mar diferente” les puede brindar y aceptar las disposiciones técnicas y científicas que se deben tomar para limitar las cuotas pesqueras (o cerrarlas, si fuera necesario) en las comunidades afectadas por el enfriamiento oceánico. Y, claro, seguir haciendo fuerza desde la sociedad y el movimiento conservacionista para que se mantengan y se sigan estableciendo más reservas marinas que aseguren la recuperación de las especies golpeadas por la crisis cuando esta desaparezca. Ya lo comentó por aquí la bióloga Susana Cárdenas: “[las reservas marinas] funcionan como verdaderos “fondos de ahorro”, capaces de mantener poblaciones saludables y resilientes que pueden contribuir a la recuperación de ecosistemas después de eventos climáticos extremos (…) Diversos estudios alrededor del mundo han demostrado que —bajo condiciones climáticas normales— áreas protegidas sin pesca albergan peces más grandes, más abundantes y con una capacidad reproductiva superior a la de zonas explotadas. Después de una ola de calor marina o de un evento de El Niño, estas poblaciones pueden actuar como fuentes de larvas y juveniles que recolonizan áreas afectadas. En otras palabras, las reservas no solo protegen a las especies dentro de sus límites; también pueden beneficiar a ecosistemas vecinos y contribuir a la sostenibilidad de las pesquerías”


Tomado de Actualidad Ambiental. Por Antonio Cuba y Yesenia Chumbe / Programa de Gobernanza Marina de la SPDA

Cada vez que se anuncia la llegada de un evento El Niño, una de las preocupaciones gira en torno a la pesca. Es común escuchar que «los peces desaparecen» o que «El Niño acaba con los recursos marinos». Aunque estas afirmaciones reflejan la preocupación de pescadores y de la ciudadanía, visibilizan la incertidumbre y sintetizan una realidad mucho más compleja. El Niño no convierte al mar peruano en un ecosistema empobrecido: lo transforma. Al cambiar las condiciones del océano, cambia también la forma en que las especies utilizan ese espacio.

Durante El Niño, el ingreso de aguas más cálidas modifica procesos fundamentales del ecosistema marino. Disminuye el ascenso de aguas frías y ricas en nutrientes desde las profundidades hacia la superficie —un proceso conocido como afloramiento—, aumenta la temperatura del mar, cambia la disponibilidad de oxígeno y se reorganizan las masas de agua. Como consecuencia, las condiciones del hábitat cambian y muchas especies responden modificando su distribución, profundidad y comportamiento en busca de ambientes más favorables.

Más info en Reservas marinas: refugios para la vida en tiempos de crisis climática, un artículo de opinión de Susana Cárdenas

Por ello, hablar del impacto de El Niño sobre la pesca como si existiera una única respuesta puede generar una percepción incompleta de sus efectos, ya que no todas las pesquerías responden de la misma manera ni con la misma intensidad. Según un informe del Instituto del Mar del Perú (Imarpe), publicado en el 2025, los recursos asociados a aguas frías, como la anchoveta, suelen redistribuirse buscando ambientes más favorables. Otros, como la merluza o la pota, responden de manera distinta dependiendo de la intensidad y duración del evento; mientras que especies propias de aguas cálidas, como el perico, la sierra o algunas especies tropicales, pueden incrementar su disponibilidad o ampliar temporalmente su distribución. En otras palabras, El Niño no crea un mar pobre, sino un mar diferente.

Esta reorganización del ecosistema también transforma la actividad pesquera. Durante El Niño 2023-2024, especies propias de aguas cálidas, normalmente distribuidas solo hasta el norte del Perú (alrededor de los 4° S), extendieron temporalmente su presencia cientos de kilómetros hacia el sur. El machete de hebra fue registrado hasta aproximadamente los 12° S y el fortuno hasta cerca de los 16° S, reflejando cómo el calentamiento del océano reorganiza la distribución de los recursos marinos y, con ello, las oportunidades de pesca.

La variabilidad climática asociada a El Niño no solo plantea desafíos para las pesquerías tradicionales, sino que también puede incrementar temporalmente la disponibilidad de determinadas especies. Frente a ello, la gestión pesquera peruana ha desarrollado mecanismos de manejo adaptativo que permiten responder tanto a los riesgos como a las oportunidades que genera la reorganización del ecosistema marino.

Foto Diego Pérez /SPDA

Algunos de ellos son cierres temporales y ajustes en las temporadas de pesca para proteger los recursos más vulnerables; el fortalecimiento del monitoreo científico y oceanográfico para respaldar decisiones oportunas; y, cuando las evaluaciones del Imarpe lo sustentan, la implementación de regímenes de pesca orientados al aprovechamiento temporal de recursos de oportunidad, aplicados principalmente a embarcaciones de mayor escala debido a que sus permisos de pesca habilitan el acceso a recursos específicos.

Por su parte, la pesca artesanal cuenta con un régimen de acceso más flexible, que generalmente permite el aprovechamiento de diversos recursos hidrobiológicos, de acuerdo con los artes y aparejos de pesca autorizados y las medidas de ordenamiento vigentes. Esta característica facilita que los pescadores adapten sus faenas cuando cambia la disponibilidad de las especies como consecuencia de El Niño. Sin embargo, cuando la disminución de determinados recursos afecta de manera significativa sus ingresos y medios de vida, las medidas de ordenamiento pesquero, por sí solas, resultan insuficientes y deben complementarse con acciones orientadas a fortalecer la resiliencia del sector.

Un antecedente importante fue la aprobación del Plan de Contingencia Sectorial ante el Fenómeno El Niño 2023-2024 (RM 427-2023-PRODUCE), que incorporó medidas para fortalecer el monitoreo científico, la gestión pesquera y el apoyo a pescadores artesanales y acuicultores frente a los impactos del evento.

Ante este escenario, resulta oportuno retomar y actualizar este instrumento, promoviendo una respuesta anticipada que combine el manejo adaptativo de los recursos hidrobiológicos con medidas orientadas a proteger los medios de vida de las comunidades costeras y asegurar la continuidad de la actividad pesquera.

La necesidad de contar con herramientas de este tipo cobra hoy especial relevancia. Los incrementos observados en la temperatura superficial del mar, el aumento del nivel medio del mar y los pronósticos de los principales modelos climáticos indican que el océano ya está experimentando cambios importantes y que estos podrían mantenerse durante los próximos meses. Más allá de la intensidad que finalmente alcance este evento, la evidencia científica permite afirmar que la reorganización de los recursos marinos ya forma parte de la respuesta natural del ecosistema frente al calentamiento.

Comprender esa dinámica representa uno de los principales desafíos para la gestión pesquera en un contexto de creciente variabilidad climática. Hoy contamos con sistemas de monitoreo oceanográfico, información satelital y evaluaciones científicas que permiten seguir estos cambios casi en tiempo real. El reto ya no es únicamente responder a los impactos de El Niño cuando estos se manifiestan, sino cómo utilizar ese conocimiento para anticipar decisiones de manejo, fortalecer la capacidad de adaptación del sector y aprovechar de manera sostenible las oportunidades que surgen de un océano cuya variabilidad es parte de su propia naturaleza.

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*Antonio Cuba es biólogo marino y especialista pesquero en el Programa de Gobernanza Marina de la SPDA.
**Yesenia Chumbe es bióloga y coordinadora en gestión pesquera del Programa de Gobernanza Marina de la SPDA.

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