Mi opinión
Colombia, las aves y el reto de crecer bien. Una reflexión desde el país líder en el aviturismo mundial
Tomado de Birds Colombia.
El crecimiento internacional del Aviturismo abre oportunidades históricas para el país, pero también plantea preguntas urgentes sobre formalización, sostenibilidad y futuro.
Colombia vive uno de los momentos más importantes en la historia del Aviturismo, durante los últimos años, el país pasó de ser un destino emergente para observadores de aves a convertirse en uno de los lugares más deseados del mundo para birdwatchers, fotógrafos, tour leaders y viajeros de naturaleza, y no es casualidad.
Eso sigue pasando y es una verdadera calamidad. La pugna entre pescadores y nutrias y por supuesto también la bronca que estos le tienen a los lobos de mar es una constante. De allí la necesidad de hacer visible esta problemática y plantear soluciones.
Hace mucho que pienso que para el caso de las nutrias de la playa sur, en San Bartolo, tendríamos que hacer fuerza para crear una reserva marina gestionada por los que vivimos y usamos ese mar
Somos el país con mayor diversidad de aves del planeta, tenemos ecosistemas únicos, una riqueza cultural enorme y comunidades que han encontrado en las aves una oportunidad para transformar sus territorios y sus vidas, en muchas regiones, el Aviturismo ya no es solo turismo: es conservación, empleo, educación ambiental, recuperación del orgullo local y una nueva forma de relacionarse con la naturaleza.
| Lo hemos dicho en SPV: Qué maravilla, nuestro vecino del norte, cinco años de manera consecutiva en el primer lugar del promocionado Global Big Day, se sigue consolidando como una potencia regional -y mundial- en el avistamiento de emplumados y en el turismo de observación de aves, dos actividades que han venido creciendo notablemente en el Perú que necesitan de una hoja de ruta como la trabajada en Colombia para convertir una afición ciudadana en una gesta colectiva. 11/7/2023 |
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Miles de familias dependen hoy, directa o indirectamente, de esta industria que Colombia tardó décadas en construir.
Además, el interés internacional por el Aviturismo Colombiano nunca había sido tan visible como ahora. En los últimos meses, Colombia ha sido protagonista de importantes medios internacionales como The New York Times y el programa 60 Minutes de CBS, que destacaron al país como uno de los grandes destinos mundiales para la observación de aves y mostraron historias donde conservación, comunidades y reconciliación se conectan a través de la naturaleza.
El mensaje es claro: Colombia entró definitivamente en el radar global del Aviturismo.
Y precisamente por eso, el país enfrenta ahora uno de sus mayores desafíos: cómo crecer de manera organizada, responsable y sostenible, porque todo crecimiento trae retos.
Mientras Colombia sigue posicionándose internacionalmente como una potencia mundial de naturaleza, también empiezan a aparecer tensiones y problemáticas que el sector no puede seguir ignorando.
Cada vez es más común encontrar empresas o guías extranjeros ofreciendo tours y experiencias en Colombia sin cumplir con los requisitos legales establecidos para operar turismo en el país.
En muchos casos, estas operaciones se realizan sin Registro Nacional de Turismo (RNT), sin alianzas formales con operadores colombianos, sin contratación de guías certificados o sin estructuras empresariales legalmente constituidas en Colombia. También empiezan a aparecer dinámicas donde los servicios son vendidos directamente desde el exterior, reduciendo la participación de actores locales y dejando por fuera a quienes han sostenido históricamente el desarrollo del Aviturismo en los territorios.
Y aunque para muchos viajeros esto puede pasar desapercibido, en las regiones el impacto sí empieza a sentirse, guías locales perdiendo oportunidades en sus propias zonas, empresas colombianas que cumplen la ley enfrentando competencia desigual.
Reservas y comunidades que quedan relegadas dentro de la cadena de valor, operaciones que no dejan capacidades instaladas en el territorio.
Y una creciente sensación de informalidad en un sector que justamente logró crecer gracias al trabajo serio y articulado de muchísimas personas.
Detrás de cada operación formal en Colombia existen además obligaciones que muchas veces pasan desapercibidas: Registro Nacional de Turismo (RNT), impuestos, IVA, aportes laborales, seguros, contribuciones parafiscales y estructuras legales que sostienen empleo y desarrollo local en distintas regiones del país.
Lo más preocupante es que esta situación empieza lentamente a normalizarse, y cuando la informalidad se normaliza, el riesgo no es solo económico, también se debilita la confianza entre actores, se deteriora la relación con las comunidades, se generan tensiones en los destinos y se pone en riesgo la reputación internacional del Aviturismo colombiano.
En un ejercicio realizado por Birds Colombia, se identificaron al menos 127 empresas internacionales ofreciendo Aviturismo en Colombia, además de 75 operadores nacionales y más de 40 operadores locales y regionales vinculados al sector.
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Más allá del crecimiento evidente del mercado, esta cifra también plantea preguntas importantes:
¿Cuántas de estas operaciones internacionales cuentan realmente con alianzas formales en Colombia?
¿Cuántas cumplen con el Registro Nacional de Turismo?
¿Cuántas contratan guías certificados o trabajan articuladamente con actores locales?
¿Y está preparado el país para ordenar y acompañar este crecimiento?

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Personalmente, el año pasado vivimos una situación que nos hizo reflexionar profundamente sobre este tema.
Durante una salida de Aviturismo nos encontramos con un operador extranjero acompañado por dos guías de su mismo país y un cliente internacional, movilizándose en un vehículo con placas extranjeras mientras realizaban una ruta de observación de aves en Colombia.
Más allá de la anécdota, la situación nos dejó varias preguntas difíciles de ignorar:
¿Estaban operando a través de una empresa legalmente constituida en Colombia?
¿Contaban con Registro Nacional de Turismo?
¿Tenían alianzas con operadores colombianos?
¿Por qué no había guías profesionales locales vinculados a la experiencia?
¿El tipo de visa que tenían les permitía trabajar en Colombia?
¿Ese vehículo extranjero tenía autorización para operar servicios turísticos en el país?
Y quizás la pregunta más preocupante:
¿Qué institución está verificando hoy este tipo de situaciones?
Lo más complejo es que este ya no parece ser un caso aislado, cada vez más operadores, guías y actores regionales empiezan a reportar dinámicas similares en distintos territorios del país.
Algunos operadores locales incluso empiezan a expresar preocupación frente a dinámicas donde empresas internacionales inicialmente trabajan con operadores colombianos, aprenden rutas, logística y contactos locales, y posteriormente comienzan a operar directamente sin aliados en el país.
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Otros reportan grupos internacionales llegando a destinos de Aviturismo sin contratación de guías locales, porque después de varias visitas ya conocen las rutas y los sitios estratégicos.
Todo esto abre una conversación incómoda, pero necesaria:
¿Cómo proteger y fortalecer una industria que Colombia tardó décadas en construir?
Porque el Aviturismo no funciona únicamente por las aves, funciona porque detrás existe una red enorme de personas y procesos que sostienen la experiencia: guías, conductores, reservas naturales, hoteles, cocineras, propietarios de fincas, asociaciones, investigadores, líderes comunitarios y operadores locales que durante años han abierto caminos en territorios donde antes no existía turismo.
Muchos de esos actores apostaron por el Aviturismo cuando nadie creía en él, construyeron senderos, protegieron bosques, aprendieron idiomas, adaptaron sus fincas, capacitaron comunidades y ayudaron a posicionar a Colombia como potencia mundial de aves.
En muchos territorios, además, el trabajo ha ido mucho más allá de recibir turistas, hoy existen procesos de turismo comunitario, experiencias lideradas por víctimas del conflicto, rutas de observación adaptadas para personas con discapacidad y proyectos donde la conservación se convirtió también en una herramienta de inclusión y transformación social.
Por eso este debate no puede reducirse únicamente a un tema comercial, también es una conversación sobre sostenibilidad, equidad y futuro.
Este debate además no aparece en el vacío. En 2024, Colombia dio un paso histórico con la aprobación de la Ley 2373, conocida como la Ley de Aviturismo, una norma que reconoce el Avistamiento de aves como una actividad estratégica para el turismo, la conservación y el desarrollo regional del país.
Entre sus principales objetivos, la ley plantea fortalecer la formalización, la capacitación, el desarrollo responsable de los territorios y la articulación institucional alrededor del Aviturismo., precisamente por eso, el crecimiento de operaciones informales o desconectadas de la normativa nacional representa hoy uno de los grandes retos para el sector.
Pero la ley por sí sola no transforma una industria, también es fundamental que el Gobierno Nacional avance en su implementación, fortalezca los procesos de control y formalización, y construya una articulación real con los actores del sector que llevan años trabajando en los territorios.
El Aviturismo colombiano necesita reglas claras, necesita instituciones presentes, necesita control, pedagogía y acompañamiento, pero también necesita escuchar a quienes están viviendo esta transformación directamente en campo.
Y aquí es importante decir algo con claridad: esto no se trata de cerrar las puertas al mundo, gran parte del crecimiento del Aviturismo en Colombia ha sido posible gracias a la cooperación internacional, al intercambio de conocimiento, a la promoción global y al trabajo conjunto entre personas de distintos países que aman las aves y creen en el potencial de Colombia.
La conversación nunca debería ser “turismo nacional contra turismo extranjero”
El verdadero reto es otro: ¿Cómo lograr que Colombia crezca sin debilitar a quienes construyeron esta industria desde los territorios?
Porque crecer sin reglas claras puede terminar afectando justamente aquello que hoy hace especial a Colombia.
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El riesgo no es únicamente económico o normativo, también existe el peligro de que Colombia pierda aquello que hoy hace única su experiencia de Aviturismo: la conexión con las comunidades, la diversidad cultural de los territorios y el conocimiento construido localmente durante años.
El reto ya no es solamente atraer más turistas, el verdadero reto es construir una industria sólida, ética y sostenible en el tiempo, una industria donde el crecimiento internacional vaya de la mano con la formalización, capacitación, el respeto por la legislación colombiana, las alianzas transparentes, el fortalecimiento de capacidades locales y la protección de las comunidades que sostienen esta experiencia.
El mundo ya puso sus ojos sobre Colombia, la pregunta ya no es si el Aviturismo va a seguir creciendo, va a crecer.
La verdadera pregunta es qué tipo de industria queremos construir antes de que ese crecimiento termine definiéndose solo, porque todavía estamos a tiempo.
Todavía estamos a tiempo de construir un modelo donde el éxito internacional vaya de la mano con la formalización, el respeto por las comunidades, la conservación de los territorios, el fortalecimiento de los actores locales y el cumplimiento de las reglas que Colombia ha comenzado a establecer para esta industria.
Pero eso requiere acciones reales, requiere que el Gobierno avance en la implementación de la Ley de Aviturismo y fortalezca los mecanismos de control, formalización y articulación institucional, requiere que el sector turístico asuma también la responsabilidad de construir alianzas transparentes, prácticas éticas y relaciones más justas con los territorios, requiere que operadores, guías, reservas, comunidades y viajeros entiendan que el futuro del Aviturismo colombiano no depende únicamente de atraer más visitantes, sino de proteger aquello que hizo posible este crecimiento, porque el verdadero valor de Colombia no está solo en sus aves, está en las personas que durante años cuidaron los bosques, abrieron caminos, construyeron senderos, protegieron especies y transformaron sus territorios alrededor de la naturaleza.
El mundo hoy admira a Colombia por sus aves, ahora Colombia tiene el reto de demostrar que también puede convertirse en un ejemplo mundial de cómo construir un Aviturismo responsable, ético, inclusivo y sostenible.
La oportunidad está sobre la mesa, la pregunta es; ¿Seremos capaces de construir juntos el país de las aves que soñamos antes de que otros terminen definiéndolo por nosotros?
